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DANZA DE LUNA El sueño venía
a mí sólo de vez en cuando mientras vivió Clow.
Yue empezó a
preguntarse con un poco de preocupación qué lo había impulsado a
abandonar su forma falsa y volar hasta la casa de la familia Kinomoto.
No era propio de él hacer algo así sin ningún motivo concreto... pero
ahí estaba, en el tejado, mirando la luna y pensando otra vez en ese
sueño que no lo dejaba en paz.
Risas
y voces, una canción tan antigua como el tiempo, luz plateada... -Sakura está
en casa de Tomoyo. La voz de Touya
hablándole de repente estuvo a punto de conseguir que el ángel
perdiera el equilibrio y cayera del techo, pero su rostro no expresó
nada de eso. -Lo siento, no
era mi intención molestar. -No estás
molestando. Entra, está helando ahí afuera. -No, gracias.
Estoy bien aquí. Touya salió
por la ventana y se sentó junto al Guardián. Había tenido pocas
oportunidades de hablar con él luego de que Sakura terminara de cambiar
las cartas, de hecho, no había hablado con él ni una sola vez, y quizá
esa fuera una buena oportunidad para aclarar un par de cosas. Pero Yue
no parecía estar de humor para conversar, mientras fijamente miraba la
luna casi llena, como si quisiera ver a través de ella. -¿Pasa algo
malo? –preguntó Touya, haciendo un buen esfuerzo por no tiritar. -... no. ¿Por qué había
vacilado en responder? ¿Había algún otro problema rondando a Sakura?
¿Algo iba mal con Yukito o con Yue? -¿Qué es lo
que... –la pregunta que Touya estaba a punto de hacer desapareció de
pronto cuando algo luminoso y plateado llamó su atención desde el jardín
de la casa- qué es eso? Yue siguió su
mirada. No era posible. -Oh... no...
–murmuró. -¿Qué son?
–Touya estaba empezando a fruncir el ceño-. ¿Cómo es que puedo
verlos, si ya no tengo mis poderes? -No... no
tienen nada que ver con la magia. Son parte de la naturaleza, por eso no
necesitas magia para verlos –aclaró Yue, con un ligero temblor en la
voz-. Pero no es normal que se muestren tan abiertamente, donde puedan
ser vistos por los mortales. Eso los debilita mucho... no deberías
poder verlos por más de unos segundos... -¿Qué son? No pudo
comprender el murmullo con el que le contestó Yue, mientras el Guardián
se ponía en pie y desplegaba sus alas. Iba a repetir la pregunta cuando
aquellas criaturas transparentes y luminosas que parecían estar
bailando en el jardín de su casa advirtieron la presencia de ambos en
el techo. Un coro de voces alegres los envolvió en un instante. -¡Yue! ¡Yue!
¡Al fin! ¡Ven! ¡Te hemos estado buscando! -Te...
llaman... –dijo Touya. -No –Yue
sacudió la cabeza-. No. No voy a ir... -¿Qué es lo
que quieren? Yue lo miró de
reojo y emprendió el vuelo, dejando atrás un coro de gritos
sorprendidos, los seres plateados siguieron llamándolo un rato más y
luego se desvanecieron, como si nunca hubieran estado ahí. Al día
siguiente Touya trató de interrogar a Yukito, pero éste no parecía
tener la menor idea de lo que había pasado durante la noche y Yue se
negó a responder al llamado de Touya. Podría haberle pedido a Sakura
que le ordenara presentarse, pero no quería recurrir a eso, al menos no
por el momento. No esperaba que
fuera a suceder otra vez, pero de todos modos abrió la ventana y miró
hacia fuera tan pronto como anocheció. Abrir
la ventana y escuchar un suspiro de alivio fue una misma cosa. No, los espíritus
plateados no estaban danzando en el jardín, pero dos de ellos estaban
junto a su ventana, al parecer esperándolo. El más alto,
que era el que había suspirado, lo saludó con una educada inclinación
de cabeza. Ahora
que estaba tan cerca de ellos, Touya podía distinguir claramente sus
rasgos, a pesar de que ambas figuras continuaban siendo traslúcidas y
no pudo menos que asombrarse otra vez al comprobar lo mucho que se parecían
ambos a Yue. -Buenas noches
–dijo el espíritu más alto-. ¿Cuál es tu nombre? -Touya
Kinomoto. -Mucho gusto.
Yo soy Tsuki y ella es Lune... -¿Dónde está
Yue? –interrumpió la otra. -Lune, por
favor, podemos tratar esto en forma civilizada. -Tú y esas
costumbres de mortales. Hacer las cosas como tú dices fue lo que causó
todo esto. ¿Dónde está Yue, humano? ¡Si le has hecho algo...! Tsuki suspiró
cansadamente y le tapó la boca a Lune con una mano. -Perdónala,
llevo siglos tratando de enseñarle buenos modales, pero ella parece ser
el testimonio de mi fracaso como maestro. ¿Serías tan amable de
decirnos dónde está Yue? Queremos hablar con él. -En su casa... -¿Su casa?
–exclamó Lune, soltándose de las manos de Tsuki-. ¡No me hagas reír!
¡¿En qué calabozo lo guardaste para que no pudiera salir a la Danza
de Luna?! Touya miró
interrogante a Tsuki, que parecía muy avergonzado pro el comportamiento
de Lune. -Supongo que
Yue no te ha hablado mucho de nosotros, ¿verdad?... Ya veo... Lo
conocimos hace unos cuantos... siglos... nos preocupamos por él y quisiéramos
tratar de convencerlo de que asista a la Danza de Luna, hace mucho
tiempo que lo esperamos. -¿Es lo que
hacían anoche? ¿Algún tipo de ceremonia? -Sí y no,
también es una fiesta y otras cosas más que no tienen equivalente en
este idioma... fue toda una sorpresa verlo anoche, pero no parecía muy
deseoso de reunirse con el grupo y, como podrás imaginarte, eso nos
tiene muy preocupados. Desde la muerte de Clow, no hay nada que le
impida a Yue participar de nuestra fiesta y me intriga el que no nos
haya buscado aunque sólo fuera para saludar a dos viejos amigos. Pensábamos
que ya habría tenido tiempo para cambiar de opinión y nos preocupa que
siga negándose. Touya se mordió
el labio inferior. -Traté de
averiguar por qué se había alterado tanto, pero no quiso hablar
conmigo –explicó-. No sé qué es lo que está mal con él. -¡Mentiroso!
–saltó Lune-. ¡Es muy claro lo que pasa: Yue sigue siendo un esclavo
y por eso no puede volver con nosotros! ¡Todo es tu culpa, Tsuki! ¡¡Nunca
debiste confiar en Clow, en especial después de lo que su madre te hizo
a ti! ¡Te dije que acabaría haciendo esa estupidez de la que hablaba! -¿A cuál
estupidez te refieres, si puedes ser un poco más concreta? –Tsuki
estaba empezando a elevar la voz a él también. -¡Legarle los
Guardianes a sus descendientes! -Oh...
–murmuró Touya. Tsuki lo miró
espantado. -¿Clow hizo
eso, Touya? –preguntó con un hilo de voz. -No
exactamente... pero... -No se hable más
–Lune se apartó de ellos y caminó hacia el borde del tejado-. ¡Me
niego a creer que siga insistiendo en no participar después de tantos años!
¿A quién hay que matar para Yue pueda volver con nosotros? -¡LUNE! -¡Hn! ¡Te lo
dije, Tsuki! ¡Te dije lo que YO haría si Clow rompía su promesa! La furiosa Lune
se desvaneció en el aire y Touya miró a Tsuki, esperando una explicación. -Clow... cuando
era niño, Clow nos prometió a Tsuki y a mí que dejaría libre a Yue y
Kerberus cuando él muriera... ¿Nos mintió? -No conozco las
circunstancias, pero hasta donde yo sé, ellos dos continuaron siendo
los Guardianes de las Cartas, siguen siéndolo. -¿Y pertenecen
a un descendiente de Clow? -No. -Menos mal, no
quisiera que Lune dañara a ningún descendiente de alguien a quien
quisimos tanto... –Tsuki se interrumpió al ver la expresión sombría
de Touya-. Er... trataré de calmarla... pero aún así, la persona a
quien pertenecen ahora los Guardianes de Clow está un serio problema...
A-adviértele que se aleje de la luz de la luna por lo menos hasta la
luna nueva, si podemos hablar con Yue, tal vez esto no se vuelva tan
grave como aparenta. -Podrías darme
un poco más de información. Tsuki suspiró. -Insaciable
curiosidad humana. ¿Por qué no son capaces de seguir un buen consejo
sin hacer tantas preguntas? Tengo que buscar a Lune antes de que quiera
hacer hervir los mares, y lo que acabo de decir no es una metáfora...
Oh, está bien. Escucha con atención porque no tengo tiempo para
repetir. Mi nombre es Tsuki, soy un espíritu de Luna, y fui el Guardián
Lunar de Li Tiaosher, la madre de Clow Reed. Mi esposa y yo cuidamos de
Clow desde el día de su nacimiento hasta que él obtuvo sus propios
Guardianes... mejor dicho, hasta que sus propios Guardianes fueron
capaces de cuidar de él. Y Clow nos prometió que le daría la libertad
a Yue y Kerberus de la misma manera que Tiaosher me la dio a mí. Si él
rompió esa promesa, la vida de quien posea ahora a los Guardianes
peligra, porque Lune juró que ella misma los liberaría si una situación
como esta llegaba a darse. No sería la primera vez que se enfrenta a
muerte contra un humano. Así pues, iré a buscarla, tú trata de
prevenir a la persona interesada... y, por favor, dile a Yue que tenemos
que hablar con él. -Yuki... -¿Sí, To-ya? -Tengo
que hablar con Yue. Yukito parpadeó
un par de veces. -¿Sí? Touya se mordió
el labio inferior. -En serio, es
urgente. -... ¿Quieres
que yo haga algo al respecto? No sé cómo enviarle un recado... Bueno,
tal vez podría dejárselo anotado para que lo encuentre la próxima vez
que me “quede dormido”, pero... -No, Yuki.
Normalmente él escucha cuando hablamos y... em... hace acto de
presencia cuando alguien lo llama. Una serie de
recuerdos fragmentados sobre Kero apareciendo de repente y llamando a
Yue a gritos, y de Sakura disculpándose tres o cuatro veces antes de
preguntar si Yue estaba disponible saltaron en la memoria de Yukito. Ah, eso
aclaraba dos o tres de los misterios pequeñitos. Claro, los misterios
grandes (y los medianos) seguían siendo del mismo tamaño. -¿Y... qué
tal si me cuentas a mí cuál es el problema? Tal vez... quién sabe...
quizá yo pueda ayudar. Era lo más
cerca que podía llegar Yukito a demostrar cuánto lo molestaba esa
insistencia de Touya por hablar con su otro yo sin explicarle nada,
Touya tomó aire y le contó toda la historia. -Es terrible
–murmuró Yukito cuando su amigo terminó y, para sorpresa de Touya,
no parecía ni la mitad de alarmado de lo que cabría esperar en caso de
que se enterara de que Sakura corría peligro de muerte por las amenazas
de un misterioso espíritu.
-Lo tomas con
mucha calma –dijo Touya. -¿Tú crees?
Los nombres que mencionaste, Tsuki y Lune... –Yukito pareció casi
saborear la pronunciación- no sé, me hacen sentir bien. -¿A ti? -Bueno, te la
pasas diciéndome que Yue y yo somos la misma persona, ¿no? –Yukito
se encogió de hombros sonriendo suavemente-. No los recuerdo, no sé cómo
son... pero casi me parece recordar que los quise mucho alguna vez. -Lo cual no
sabemos si se aplica al presente. Y Yue se niega a hablar al respecto. -¿Deberíamos
prevenir a Sakura? -No lo sé.
Tsuki dijo que haría lo posible por controlar a Lune... -Y te da una
sensación de confianza. -¿Cómo lo
sabes? -Ni idea. -El caso es que
realmente quisiera saber algo más antes de decírselo a Sakura, no
quiero alarmarla por nada. y no sé qué decirle al peluche amarillo. Yukito se rascó
la cabeza. -Por lo menos
no vendrán mientras sea de día… -¿Cómo
lo sabes? -Son
espíritus de Luna, dijiste, y dijiste que Tsuki dijo que Sakura no
correría peligro durante la luna nueva, así que o se debilitan en
ausencia de la luna, o del todo no aparecen en ausencia de la luna.
Simple lógica. -En
caso de que podamos aceptar la palabra de Tsuki. -Yo
creo que sí… Bueno, tenemos todo el día para pensar qué hacer
–sonrió Yukito. -Estoy
abierto a sugerencias. Yukito
se puso en pie y se dirigió a la escaleras. -¿A
dónde vas? -¿Sakura
todavía guarda las Cartas Clow en su mesita de noche? -Er…
sí, ¿por qué? -Bueno,
si Yue no quiere hablar y Kero está con Sakura ahora, sólo nos queda
preguntarle a las cartas si saben algo. Touya
lo siguió un tanto sorprendido. Debería habérsele ocurrido a él. Dentro
del libro, las cartas reaccionaron con agitación a la cercanía de la
forma falsa del Juez. Las que estaban bajo la protección de la Luna
llevaban ya algún tiempo hablando nerviosamente sobre alguna cosa extraña
que incomodaba profundamente a Yue-sama, pero ninguna tenía un dato
concreto, si tan solo... -No
puedo abrir esta cosa –dijo Touya cuando se cansó de tratar de abrir
el libro-. Hay que tener la misma clase de magia que Sakura para poder
lograrlo. -¿Y
probaste con las palabras mágicas? -¿Qué
palabras mágicas? -Por
favor –dijo Yukito, rozando la superficie del libro con las puntas de
los dedos. El
libro se abrió solo. -Esto
no fue porque lo pediste por favor sino porque eres uno de los
Guardianes. -¡Lo
que tú digas, To-ya! –se apresuró a decir Yukito. Touya
no contestó, había sacado las cartas y estaba alineándolas sobre la
cama de Sakura. -¿Por
dónde empezamos, Yuki? -No
lo sé. ¿Vamos a preguntarles a una por una? Touya
suspiró y tomó una carta al azar. -Retorno... -¡NO! ¿En
qué momento Yuki se había transformado en Yue? ¿Y por qué tenía esa
expresión de pánico mientras trataba de arrebatarle la carta? Touya
retrocedió y sujetó el brazo del Guardián cuando los dedos de éste
casi tocaban la carta. Yue
dejó escapar un juramento y de inmediato se tapó la boca con su mano
libre, horrorizado. -Espero
que nunca hayas dicho eso delante de mi hermana –dijo Touya,
muy seriamente. -J-jamás
lo había dicho en voz alta... -¿Dónde
aprendiste a decir eso, por cierto? -Clow
viajaba mucho, en barco... Escuché hablar a muchos marineros y... y
algunos piratas... -Ya
veo. ¿Por qué trataste de quitarme la carta? -Quería
evitar... esto. -¿”Esto”? Touya
miró a su alrededor. No estaban en la habitación de Sakura. Aquel
sitio parecía un palacio chino sacado de algún cuento de hadas,
repleto de delicados objetos de seda, porcelana, jade, marfil y maderas
preciosas. -¿Dónde...? -La
casa del Clan Li –murmuró Yue-. Creo. -¿No
estás seguro? -Se
parece a lo que recuerdo, pero no es exactamente igual. -Yue...
bueno, aprovechando que estás aquí, ¿podrías explicarme qué es una
Danza de Luna, por qué tienes que participar, quiénes son Tsuki y
Lune, qué tienen que ver contigo, por qué Lune dijo que matará a
Sakura para que te reúnas con ellos y... -¿A
Sakura? –exclamó Yue-. ¡Primero mataría yo a Lune antes que
permitirle dañar a Sakura! -Menos
mal que nos vamos entendiendo –suspiró Touya-. ¿Por qué no querías
hablar conmigo? -Vergüenza
–replicó Yue, mirándolo a los ojos-. Es algo humillante. -Hum.
¿Y qué es ese “algo”, exactamente? Yue
iba a contestar, pero en ese momento entró alguien. Touya contempló
con sorpresa a un hombre muy parecido a Fujitaka dirigirse hacia el
librero que estaba colocado cerca de un escritorio, tomar un libro y
hojearlo con impaciencia. -¿Quién
es? –susurró Touya. -Carl
Reed, el padre de Clow. Tranquilo, no puede vernos. No existimos en esta
época. -Yo
no, pero tú... -No
sabría decirte si esto es anterior o no a mi nacimiento, pero aún así
quien puede existir en este tiempo es mi yo pasado, no mi yo presente ni
mi yo futuro. “Quién soy” implica no sólo mi cuerpo, mi mente y mi
alma, incluye también mi “dónde” y mi “cuándo”. -“Yo
soy yo y mi circunstancia”. -Correcto. Carl
levantó la cabeza al escuchar una discreta llamada a la puerta. -Adelante. Alguien
más entró a la habitación, que Touya había decidido calificar como
una especie de oficina, ¿un estudio privado, quizá? Tuvo que
interrumpir sus consideraciones al ver con más atención al recién
llegado. -Es
Tsuki –murmuró. -Su
forma falsa, sí. ¿Su
forma falsa? La diferencia entre lo que Touya había visto durante la
noche y lo que estaba contemplando en ese momento era que Tsuki no era
ni plateado ni transparente. Seguía teniendo los mismos rasgos y también
lucía unas alas blancas idénticas a las de Yue. Vestía de una manera
distinta a como lo había visto Touya, con una discreta túnica azul,
carente de adornos, y su cabello, que ahora era negro, estaba recogido
en una larga trenza. -¿Me
mandó llamar, Señor? –preguntó Tsuki, Touya se sorprendió un poco
al notar que mantenía la mirada baja, no había mirado a Carl en ningún
momento, ni siquiera para comprobar en qué parte de la habitación
estaba. -¿Puedo
hablar contigo un minuto, Tsuki? –dijo Carl, dejando el libro en el
escritorio. -Usted
dirá, Señor. -¿Cómo
te hace sentir ser el Guardián Lunar de la Señora? -Todo
espíritu de luna se siente honrado al ser elegido para una misión así.
Y el Ama Tiaosher es la hechicera más poderosa del País Central, eso
convierte mi misión en un honor aún más grande. Todo
eso había sido dicho con un tono suave e indiferente, más digno de un
mayordomo inglés que de una criatura como Tsuki. Carl suspiró. -Ajá.
¿Y qué tal si contestas mi pregunta? -¿No
acabo de hacerlo, Señor? -No.
Te hice una pregunta concreta y me contestaste con una generalidad. ¿Cómo
te sientes, tú, Tsuki? -¿Estoy
haciendo mal mi trabajo? –preguntó el Guardián con aire preocupado. -¡No,
tu desempeño es perfecto! –Carl estaba empezando a desesperarse -.
Pero no me has dicho cómo te sientes al respecto. Tú no elegiste ser
el Guardián de ella. -Nadie
toma una decisión así entre mi gente. Somos elegidos por nuestros
respectivos amos. -Y
Lune no estaba muy contenta con su amo, ¿no es así? Los
ojos de Tsuki se estrecharon y Touya se preguntó si había algo que lo
disgustara en la otra Guardiana. -Lune
es... un caso aparte –Tsuki parecía estar escogiendo sus palabras con
mucho cuidado. -Ella
se enfurece cada vez que Tiaosher menciona el que mi hijo tendrá que
capturar y domesticar un espíritu de luna tan pronto como tenga edad
suficiente. -¿Enfurecerse?
Sí, podría decirse que se enfurece. -¿Y
tú qué opinas al respecto? -Lune
no debería expresarse así... -¡No,
Tsuki! ¿Qué opinas tú? ¿Es correcto capturar y domesticar a un espíritu
de luna como si fuera un animal salvaje? -¿Desea
mi absoluta sinceridad, Señor? -Sí. -Me
irrita profundamente la forma en que se expresa el Ama. Me siento
insultado cada vez que habla de esa manera. Y a veces desearía tener el
carácter de Lune y poder decirle lo que opino de ella. Tsuki
tenía la mirada clavada en el piso, parecía profundamente aliviado por
haber podido hablar, y a la vez terriblemente avergonzado por lo que
acababa de decir. -¿Y
por qué no protestas? -Es
difícil de explicar. -Inténtalo. -Sé
que el Ama no pretende herirme con sus palabras. Por eso nunca podría
dirigirme a ella como lo hace Lune. El Ama simplemente repite lo que le
dijeron sus padres cuando era niña. -No
creo que Tiaosher deba continuar con ese error. -Pero
sus acciones son diferentes de sus palabras. Siempre ha sido muy
afectuosa conmigo... ¡oh, por favor, señor Carl, no me malinterprete!
No lo digo en ese sentido... Carl
se permitió una sonrisa. -Durante
el tiempo que pasé cortejando a Tiaosher, llegué a sentir celos de ti
con bastante frecuencia –dijo con sorprendente sinceridad, y su
sonrisa se hizo más amplia cuando Tsuki finalmente alzó la mirada y lo
contempló boquiabierto-. No es fácil comprender cuál es la relación
que hay entre ustedes dos. Ahora sé que te quiere como a un hermano.
Fuiste su compañero de juegos y has cuidado de ella desde que era una
niña, no mucho mayor de lo que es Clow ahora, y sé que ella daría su
vida por ti. Eso lo entiendo. Pero aún así habla de ti como si fueras
una cosa. Y es bueno saber que te molesta que lo haga. -...
¿Por qué? -Porque
eso demuestra que no eres una cosa. Tsuki
lo miró sorprendido por unos segundos... y estalló en carcajadas. -Lógica
humana, supongo –logró decir luego de varios intentos fallidos por
recuperar la compostura.
-Algo de eso
hay. Ahora explícame, ¿en qué consiste eso que mi esposa llama
“domesticar”? -Oh
–Tsuki ladeó un poco la cabeza, sus ojos brillantes y una media
sonrisa en sus labios, sin hacer el menor intento por volver a su
actitud fría de mayordomo perfecto, al parecer, el hielo se había roto
en forma definitiva-. Eso... hum. Imagine que es usted un mago
poderoso... y que tiene quizá unos ocho o diez años, pero no más de
trece. Ha sido educado usted por una familia numerosa en una antiquísima
tradición mágica. ¿Vamos bien hasta ahí? -Sí. -Ahora
imagine que parte de esa tradición es poseer un Guardián Lunar. Un espíritu
de luna que lo servirá a usted de la misma manera que un “familiar”
o “demonio doméstico” serviría a un hechicero occidental. Pero no
es nada fácil poseer un Guardián Lunar, oh, no. De hecho, al capturar
uno, usted estará probando ante su familia que es digno de llevar el
nombre del Clan. Es un requisito indispensable, especialmente si se es
el heredero, o la heredera, de la cabeza del Clan. -Hum. -Así
que tan pronto como sus mayores le dicen que está listo, y quizá tal
vez un poco antes, usted sale de su casa en una noche de luna llena,
completamente solo. E interrumpe una Danza de Luna –antes de que Carl
pudiera preguntar, Tsuki levantó un dedo y siguió hablando-. Una Danza
de Luna es una ceremonia, una tradición, una fiesta, todo eso y nada al
mismo tiempo. Son los espíritus de Luna bailando y cantando bajo la
luna llena, celebrando la vida y alegrándose de existir. Algunos
humanos simplemente se quedan paralizados contemplando el espectáculo y
despiertan varios días después, hablando de hadas y elfos y sorprendiéndose
de que haya pasado tanto tiempo sin que se enteraran. Ahora bien, usted
es un mago poderoso, así que no puede permitirse el quedar fascinado
por la canción y el baile, como si fuera un mortal común y corriente,
y sabe que sólo podrá verlos por unos segundos más, así que entra a
la ronda sin perder el tiemp, elige un espíritu de luna que sea de su
agrado (o tal vez nada más uno que le parezca lo suficientemente
inofensivo), y lo saca de la ronda. Es muy difícil que uno de estos
seres llegue a oponerle resistencia. Por lo general están demasiado
sorprendidos de que un humano se atreva a ponerles la mano encima,
aunque hayan presenciado la misma escena un millón de veces. De ahí
viene el que el Ama Tiaosher tenga a bien compararme de vez en cuando
con un ciervo deslumbrado por la lámpara de un cazador. Tengo que
admitir que me siento ridículo cada vez que recuerdo la facilidad con
la que una niña flaca (y, aquí entre nos, bastante fea), me tumbó en
el suelo y me sacó de la ronda. Fue algo humillante, en especial porque
no me quedé mirándola hipnotizado hasta después de que me derribó.
Lo que ella nunca cuenta es que no entró jamás a la ronda, lo que hizo
fue atacarme por la espalda. Todo
parecía indicar que Carl tenía que hacer un gran esfuerzo para dominar
la risa. -En
cuanto a domesticar al espíritu... eso significa ligarlo al mundo
material, cerrándole temporalmente la entrada al mundo de los espíritus.
-¿Cómo? -Esta
no es mi apariencia original –aclaró Tsuki, y de repente ahí no
estaba el Tsuki que había entrado al estudio con la mirada baja y una
actitud helada, sino una criatura etérea y transparente, con el color y
el brillo de la luna. La visión duró sólo unos segundos y Tsuki volvió
a la normalidad, para sonreírle tristemente a Carl-. No... no puedo
mantenerlo por mucho tiempo, me canso demasiado al intentarlo. Para
poder conservarme como su sirviente, el Ama limitó mi poder ligándolo
a su mortalidad, me dio una apariencia humana y un nombre a su gusto
y... bueno, es lo mismo que cortarle las alas a un pájaro silvestre. No
puedo volver a la Danza de Luna porque no puedo ser inmaterial por más
de un par de minutos antes de agotarme. Bajo estas circunstancias no
puedo cantar ni formar parte de la ronda... es mucho más efectivo que
encadenarme. -¡Es
horrible! Tsuki
suspiró con tristeza. -Sólo
durará el término de una vida humana. Ningún mago es tan poderoso
como para mantenerme atado más allá de su muerte. En el momento en que
el Ama muera, yo volveré a ser un espíritu, como antes, y regresaré a
la Danza de Luna. No soy el primero que pasa por esto, y probablemente
no seré el último. En el término de una vida inmortal, esto es sólo
una molestia pasajera... Y además, a pesar de nuestro, para mí,
desagradable primer encuentro, he llegado a tenerle afecto al Ama. Desde
ese día hasta hoy, ella ha procurado ser agradable... excepto cuando
habla de cómo me atrapó, claro. Otros
no han tenido tanta suerte como yo... -¿Lune? Tsuki
apartó la mirada, pero asintió. -Lune.
Ella no fue capturada por un hechicero, sino por un... comerciante que
encontró la Danza de Luna por casualidad. La eligió por ser bonita. -Bueno,
sin duda no fue por su carácter.
La mirada de
Tsuki hizo que la sonrisa de Carl se congelara por completo. -No
fui muy exacto cuando dije “comerciante”, me refería a un tratante
de esclavos, Señor. Lune fue vendida en la Ciudad Prohibida, pero escapó
de ahí luego de... –la voz de Tsuki bajó hasta volverse un murmullo
apenas comprensible- ... la muerte de su segundo amo. Fue entonces que
Tiaosher la protegió y le brindó refugio, pero no dudo que todavía
quede quien esté buscándola. El
silencio se hizo difícil e incómodo. Karl pareció dudar bastante
antes de decidirse a hablar de nuevo. -Bueno,
eso me explica un par de cosas, pero aún quedan otras cosas que deseo
preguntarte. -Dígame. Touya
nunca se enteró de lo que siguió después de eso, porque la habitación
se oscureció al punto que todo pareció desaparecer... o en realidad
había desaparecido todo, reemplazado por una fantástica vista de la Vía
Láctea. Y
Yue estaba junto a él, con un aspecto terriblemente disgustado. -¡Retorno!
¡Muéstrate inmediatamente! ¡Es UNA ORDEN! La
figura humanoide de la carta apareció ante ellos al instante. -¡Devuélvenos
al presente! –ordenó Yue. Retorno
sacudió suavemente la cabeza. Un murmullo que a Touya le sonó como la
caída de granos de arena dentro de un reloj hizo que Yue palideciera. -¿Qué
dijo? –preguntó Touya. -Que
una vez iniciado el viaje sólo conoce una forma de terminarlo. Y que
para volver al presente tendremos que detenernos unas cuantas veces en
el pasado. Dice que podría obedecerme más rápido, pero que no le
estoy proporcionando suficiente energía como para hacerlo. -¿Qué? -Está
mintiendo. Tiene energía más que suficiente, pero quiere salirse con
la suya. -Creí
que esta carta estaba bajo tu protección. -Lo
está, ese es el problema. Cree que mi bienestar es una de sus prioridades. -¿Y
ver estas escenas de antes de que nacieras será bueno para ti? -Eso
dice ella. -En
ese caso, sólo nos queda contemplar la puesta en escena. -¿Touya? -¿O
tienes una idea mejor? Yue
se cruzó de brazos, bajando la mirada. Tenía un aspecto completamente
humillado. La carta sonrió levemente y Touya escuchó de nuevo el
susurro de granos de arena. -¿Qué
dijo? Yue,
que había enrojecido de repente, se negó a contestar. La
siguiente parada fue en los jardines de la casa. No muy lejos de donde
estaban se escuchaban gritos, cada vez más alterados. Touya miró
interrogante a Yue, que parecía bastante estresado con sólo oírlos. -Son
el Amo Carl y el Ama Tiaosher. Solían pelear a gritos por cualquier
tontería... Otra
vez el susurro de Retorno. -Y
Retorno acaba de comentar que no siempre era por tonterías –tradujo
Yue. Un
niño pasó corriendo junto a ellos y se detuvo al pie de un árbol,
luchando por contener el llanto. -¿Eriol?...
Olvídalo, es Clow Reed, ¿correcto? –dijo Touya. -Justamente...
–Yue suspiró con amargura-. Las peleas de sus padres lo afectaban
mucho, pero casi nunca lo demostraba. O
eso me dijeron Tsuki y Lune, para cuando yo nací las peleas habían
cesado casi por completo. Clow
parecía haber recobrado el control, ahora que los gritos se escuchaban
más cerca. El niño cerró los ojos y se concentró, un círculo mágico
apareció bajo sus pies.
-¡He dicho que
ningún hijo mío va a esclavizar a nadie, Tiaosher! ¡Eso es barbárico! -¡¿Me
estás acusando de barbarie, oh noble y digno caballero inglés?! ¡Supongo
que el Imperio Británico no impone nada a nadie! -¡Es
diferente, y lo sabes! -¡Es
diferente porque es algo lleno de hipocresía! ¡Comercio, política,
esclavitud! ¿Cuál es la diferencia? Clow
empezó a murmurar algo, pero resultaba imposible comprenderlo en medio
de los gritos. Sus padres lo vieron en ese momento y ambos callaron de
pronto. -¿Qué
está haciendo? –Tiaosher frunció el ceño-. ¿Un hechizo de creación? -¿En
el exterior y a medio día? Lo que quiere hacer podría contaminarse con
polvo o polen... o echarse a perder por lo fuerte de la luz del sol. -¡Estamos
a mitad del verano! ¡Hay demasiada magia solar en el aire! No puede
estar haciendo algo que le haya enseñado yo... -Pero
los hechizos de creación son patrimonio del Clan Li –Carl la miró
nerviosamente-. Esto puede ser peligroso. -Tratar
de detenerlo podría ser más peligroso todavía. Era
asombroso ver que ambos habían olvidado su discusión, como si jamás
hubiera ocurrido. -¿Dónde
estaban ustedes dos? –preguntó Tiaosher con voz fría. Touya
se asombró al descubrir que Tsuki y Lune se habían materializado detrás
de los Reed. Curioso, La forma falsa de Lune también tenía el cabello
negro. Por alguna extraña razón, Touya había imaginado que sería
rubia. -Arreglando
tu traje para el baile en casa del embajador inglés, como lo ordenaste
tú misma –contestó Lune sin molestarse en disimular lo disgustada
que estaba. -Sentimos
la magia solar y vinimos de inmediato, Señora –dijo Tsuki-, lo habríamos
notado antes, pero la magia solar es un poco problemática para
nosotros. Para
entonces Clow ya había completado su hechizo y contemplaba con aire
fatigado una pequeña forma que parecía hecha completamente de luz. El
círculo mágico desapareció y Clow tomó en sus manos lo que acaba de
crear. Fue entonces cuando miró por primera vez a sus padres y a los
dos guardianes de Tiaosher. -Creo
que esto resuelve el conflicto –dijo, sonriente. Y
les mostró lo que parecía ser un gato recién nacido... con alas. -¡El
peluche amarillo! –exclamó Touya. ¿Por
qué Yue parecía estar luchando con todas sus fuerzas para no estallar
en carcajadas? -Entonces,
no sucedió como Kerberus me lo contó... –dijo por fin. Carl
y Tiaosher miraban al cachorro sin comprender. -¿Qué...
se supone que es? –preguntó Lune, con una voz repentinamente tímida,
como si le preocupara herir los sentimientos del niño. -Mi
Guardián. He creado a mi propio Guardián, así que no hará falta que
capture uno –contestó Clow, con orgullo. -Er...
¿me permites? Gracias –Tsuki tomó al cachorro de manos del niño y
lo contempló cuidadosamente-. Es... hum... precioso. ¿Verdad, Lune?
–curioso, el “verdad” había sido pronunciado casi como una
orden... -Oh,
sí... precioso... –Lune miró con desesperación a Tsuki y se
arrodilló frente al niño con una gran sonrisa completamente
repentina-. ¿Cómo le vas a poner? -Kerberus
–contestó Clow-. Papá dice que ese es el nombre de un gran guardián
en la mitología griega. -Oh,
sí, el Cancerbero –concordó Lune-. Pero ese era un perro... este... -Quise
que fuera un lobo –dijo Clow-. Pensé que un lobo con alas de águila
sería mejor que un perro de tres cabezas. No creo que tres cabezas
puedan ponerse de acuerdo fácilmente. Bueno, si Kerberus no le queda
bien, puede llamarse Silverbolt... -Mejor
déjalo en Kerberus –intervino Tiaosher-, la plata es un metal lunar,
cariño, y tengo la ligera impresión de que lo que acabas de crear
tiene más aspecto de guardián solar que de guardián lunar... y, cariño...
Creo que lo que Lune trataba de decirte es que Kerberus no es un canino,
sino un felino. -¿En
serio? ¿Hice un gato? -Yo
diría que es más grande que un gato corriente –dijo Carl, mirando a
Kerberus por encima del hombro de Lune-, vi cachorros de león en África,
y Kerberus se parece bastante a un cachorro de león. -¿De
verdad? ¿Hice un león sin haber visto nunca uno de verdad? –Clow
sonrió con orgullo, pero su entusiasmo se apagó de repente-. Oh, pero
no lo imaginé con melena... Me equivoqué... No va a tener melena
cuando crezca... Para
entonces, Yue estaba dándole la espalda a Touya y éste observaba con
sospecha la forma en que se agitaban sus hombros. Tenía que
estar riéndose... La
escena desapareció para ser reemplazada otra vez por el camino de
estrellas. Touya esperó a que Yue lo mirara de nuevo. -Entonces,
¿eres menor que el peluche? -Kerberus
te diría que el sol se formó antes que la luna... en fin, Carl y
Tiaosher habían peleado tanto sobre si él debía o no debía continuar
con la tradición del Clan Li que trató de crear a su propio Guardián.
Eso debe haber impresionado mucho a los ancianos del Clan... yo también
estoy impresionado, no sabía que Clow fuera tan joven cuando creó a
Kerberus... si en ese momento no sabían que Clow era el mago más
poderoso en la historia de la familia, eso debe haber bastado para que
lo comprendieran. Retorno
habló de nuevo y Yue se quedó pensativo. -Lo
que dices tiene lógica, pero... en fin, supongo que me lo mostrarás de
todos modos. -¿De
qué hablan ustedes dos? -Retorno
dice que la creación del Guardián Solar no resolvió el problema,
porque el Clan Li no está protegido por el Sol sino por la Luna. Es la
familia Reed la que está protegida por el Sol y por eso Clow reunía
los dos tipos de magia. -Hum,
pero... De
pronto estaban en una habitación circular, tan lujosa como el resto de
la casa del Clan Li, pero decorada en una forma totalmente distinta al
resto. Touya contempló boquiabierto el mapa de las constelaciones que
abarcaba todo el cielorraso, con estrellas hechas de incrustaciones de
cristal y madreperla sobre ébano. La habitación tenía una alfombra
gris claro de pared a pared y, aparte de un armario (extrañamente
curvado, para que pudiera ajustarse a la pared) y un montón de
almohadones blancos con bordados plateados en el centro de la habitación,
no había absolutamente nada más que pudiera calificar como mobiliario. Lune
estaba ahí, derrumbada entre los almohadones y llorando a lágrima
viva. Touya
miró a Yue, interrogante. Yue le devolvió una mirada inexpresiva. -Esta
es la habitación de Tsuki y Lune. -¿Por
qué llora ella? -Lo
ignoro. Jamás la había visto hacerlo... no sabía que pudiera llorar. ¿Esa
repentina indiferencia por parte del Guardián sería su forma de
demostrar (o no demostrar) sorpresa? Tsuki entró y se sentó junto a
Lune tratando de abrazarla, pero ella lo apartó con una mano y siguió
llorando. -Lune,
por favor... no puedes seguir así para siempre. Tienes que seguir
adelante. -¿Cómo
puedes decirme eso? -Lune... -Lo
perdimos, Tsuki, lo perdimos... -Todos
lo lamentamos mucho, pero no había nada que pudiera hacerse. Servimos a
los hechiceros más poderosos de Oriente y Occidente, ¿recuerdas? Ni
siquiera la magia de ambos pudo salvarlo. No estaba destinado a vivir. -¡No
es justo! -No
lo es, pero tampoco tiene remedio... -¡¿Y
me lo dices así, tan tranquilo?! ¡¿Es que a ti no te duele?! -...
Sí me duele. Me duele mucho, yo también lo amaba. Y me duele más
todavía verte así y saber que no puedo hacer nada para aliviar tu
dolor, lo tomaría como mío si pudiera, pero lo único que puedo hacer
es rogar para que superes esto y vuelvas a ser la de antes... -Nunca
más, y lo sabes. -O
que por lo menos... por lo menos... Tsuki
ya no pudo encontrar las palabras y empezó a llorar él también, de
pronto era Lune la que estaba abrazándolo y tratando de consolarlo. -No
comprendo esto –dijo Yue, frunciendo el ceño-. Tampoco había visto
llorar a Tsuki, nunca, él siempre estaba sonriendo... como Yukito. -Hablan
de un bebé –dijo Touya. Podía
sentir sobre sí la mirada interrogante de Yue, pero no apartó los ojos
de la pareja que lloraba en el centro de la habitación, preguntándose
si sería esa la razón por la que Retorno lo había incluido a él en
ese viaje por el pasado. Para que le aclarara a Yue los detalles que
pudieran escapársele. -¿Un...
bebé? -Ellos
perdieron un bebé en algún momento. -¿Cómo
lo sabes? -Por
lo que dicen, por la forma en que actúan –Touya lo miró por fin, con
algo de inquietud-. Así se comportan los humanos cuando ha muerto
alguien a quien aman, y por lo que dijo Tsuki acerca de que no estaba
destinado a vivir, pienso que se trataba de un bebé. -...
¿Los... humanos? Pero ellos son espíritus de Luna... -A
mí me parecen bastante humanos. Por lo menos el dolor que sienten es
muy humano. ¿No crees? Tú sabes lo que es perder a alguien importante,
pensé que reconocerías los síntomas... ¿Era
sólo su imaginación o a Yue se le estaba haciendo costumbre eso de
darle la espalda cada vez que se sentía incómodo? ¿O
era que estaba mirando al adolescente de cabello oscuro que contemplaba
a Tsuki y Lune desde la puerta y que parecía a punto de llorar él
también? Pero
la Vía Láctea apareció demasiado pronto y Touya nunca estuvo seguro
de si realmente había visto a Clow o si sería sólo un juego de
sombras. -Un
bebé... –murmuró Yue-. Me pregunto qué nombre habrían escogido
para él o ella. -¿Por
qué? Touya
dio un paso al frente y estuvo a punto de estrellarse contra una pared
que apareció de la nada. -Cáspita.
¿Y dón... cuándo estamos ahora? -No
lo s... -¡Kerberus!
–esa era la voz de Lune. -¡No
vas a atraparme! -¡Pequeño
ladrón de postres! ¡Te dije que debías esperar hasta después de la
cena! ¡No puedes vivir sólo de golosinas! La
Guardiana corría detrás de Kero, al que parecía faltarle ya poco para
ser adulto. A pesar de lo que gritaba, Lune estaba sonriendo y parecía
divertida con la travesura. -¡Sólo
un pastelillo, mamá! -¡Malvado!
¡Sólo me dices “mamá” cuando quieres algo!
-¡Sólo uno,
preciosa hada de la Luna! -¡Adulador,
esto lo vas a pagar muy caro! -¿Serías
capaz de castigar a un pobre e indefenso cachorrito, hermosa? -¡¿”Cachorrito”?!
¡Eso es mucho descaro!
En su veloz
huida, Kerberus no pudo esquivar a Tsuki, que acababa de entrar con aire
preocupado, y ambos acabaron en el suelo. El pastelillo secuestrado
terminó su existencia aplastado contra la cara de Tsuki. -¿Así
saludas ahora? -¡Lo
siento! Déjame ayudarte a limpiarte eso... -¡¡Uuuhgnn!!!
¡No tienes que lamerme! Saliva de león, lo único que me faltaba... Tsuki
logró encontrar un pañuelo y se secó la cara antes de mirar de nuevo
a Kerberus, que estaba relamiéndose los bigotes, por si había quedado
en ellos algo del pastelillo que acaba de limpiar a lengüetadas. Lune
rió, arrodillándose junto a Tsuki y le quitó el pañuelo de las manos
para ayudarlo a terminar de limpiarse. Tiaosher
entró a la cocina y contempló la escena unos segundos. -Tienen
ustedes una curiosa versión de la familia feliz. -La
nuestra es una familia perfecta –gruñó Lune-, no como otras. -¿Tienes
que ser siempre tan agresiva? -Por
favor, no empiecen ustedes dos... –suplicó Tsuki-. No delante del niño. Por
un momento pareció que Tiaosher estaba a punto de reírse, pero se
limitó a suavizar su expresión mientras tomaba un pastelillo de la
mesa de la cocina y se lo ofrecía a Kerberus, que lo hizo desaparecer
en un par de bocados. -¡Esos
son para el pos...! Olvídalo –suspiró Lune-. Luego no te quejes de
que lo estamos consintiendo demasiado, tú misma eres la que lo malcría
más. -No
puedo evitarlo, también a mí me dice “mamá”. -Sospecho
que lo hace porque sabe que le conviene –Lune se encogió de hombros. -Oh,
vamos, las dos lo adoran –replicó Tsuki-. Ya deberían haberse dado
cuenta de sus puntos débiles, señoras. ¿Cuándo llegaste, Tiaosher? -¿Y
tú desde cuándo me hablas con tanta familiaridad? –protestó
Tiaosher. -Eh...
¿Desde que me lo ordenó Carl? -Creí
que eras mi Guardián, no de él. -Tú
misma me autorizaste a pedirle ayuda de vez en cuando, y como resultaba
contradictorio que me llamara a mí por mi nombre y a ti por un título...
–intervino Carl asomándose por la puerta, pero al darse cuenta de que
los tres lo estaban mirando de la misma manera (“cállate antes de que
lo empeores”), decidió cambiar de tema-. ¿Tenemos reunión en la
cocina? -Más
bien el final de una persecución –Tsuki se puso en pie y le quitó el
pañuelo de manos de Lune, para doblarlo y dejarlo sobre la mesa, pero
el ceño fruncido de Lune lo obligó a pensarlo de nuevo-. Kerberus, ¿serías
tan amable de llevar esto al cuarto de lavar? -¡Por
supuesto! El
alegre león se alejó canturreando y los cuatro adultos se quedaron
solos en la cocina. -Nadie
me avisó que habías regresado –le dijo Carl a Tiaosher. -Pedí
que no lo hicieran, tenía que ordenar mis pensamientos primero. -¿Tan
mal estuvo la reunión? |