LO FATAL
Dichoso
el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésta ya no siente,
Zelgadiss
se sentía inquieto. Había estado muchas veces en sitios capaces de asustar al
más valiente, pero aquella terraza iluminada a duras penas por el cuarto
menguante tenía una cualidad especial, sólo que no lograba definirla y eso lo
hacía sentirse peor.
“¿Por
qué estoy aquí?”
-¿Qué
es lo que más anhela tu corazón?
Tuvo la impresión de que la dama no había aparecido de pronto, sino que llevaba mucho tiempo junto a él. Era raro que no la hubiera notado antes.
Se
trataba de una mujer muy hermosa, pero de un modo inquietante, como todo lo que
la rodeaba, como las estrellas, que parecían trozos de hielo a esa hora de la
madrugada, como la luna agonizante en el cielo.
Como
la oscuridad.
Él
desvió la mirada, algo le decía que no debía contestar a la ligera esa
pregunta. Entonces vio su propia mano apoyada en el muro de piedra del castillo.
Era normal.
Ella
sonrió, saboreando su asombro.
-Sí,
eres humano de nuevo.
-¿Tú...
lo hiciste?
-Sí.
¿Por
qué sentía tanto miedo ahora que su sueño se había cumplido?
-Nunca
podré pagártelo –dijo en voz muy baja.
-Claro
que puedes. No pido a cambio nada que aprecies demasiado.
-Lo que sea –exclamó él, sin saber de dónde había salido tanta vehemencia-, haré lo que me pidas, cualquier cosa.
-¿Cualquier
cosa? –sonrió ella.
-Lo
que sea.
-Bien.
Se
acercó a él y Zelgadiss casi pudo escuchar una voz familiar (¿Lina? ¿Ameria?)
rogándole que huyera mientras fuera posible.
La
dama acarició su mejilla, acercándose cada vez más. No se sorprendió al
darse cuenta de que era
-No
te preocupes –susurró la dama-, dolerá mucho, pero acabará gustándote...
No
comprendió que quería decir con eso hasta que se inclinó hacia él con un
movimiento grácil, demasiado perfecto para ser ejecutado por un ser humano, y
le dejó ver, por un instante, sus largos y afilados colmillos, justo antes de
clavarlos en su cuello y desgarrar la piel para alcanzar la sangre...
Quiso
gritar, pero en el momento en que abría la boca para hacerlo, una mano se lo
impidió. Aterrado, Zelgadiss luchó contra una forma indefinida que luchaba por
mantenerlo inmóvil. Con la fuerza que brinda el pánico consiguió morder a
través de un guante la mano que cubría su boca. Una voz familiar lo maldijo
junto con todos sus descendientes hasta la novena generación. No supo si fue el
darse cuenta de que se trataba de alguien conocido o lo pintoresco del lenguaje
que empleaba, pero bastó para que dejara de luchar.
-Es
la última vez que trato de ayudarte –dijo Xellos con aire resentido mientras
lo soltaba.
-¿Qué
diablos estabas tratando de hacer? –protestó Zelgadiss.
Xellos
se sentó a una distancia bastante prudente.
-Pasaba
por aquí y me tropecé con su campamento. Pensé que no les molestaría si me
quedaba un rato, ya que su centinela de turno está en el mundo de los sueños...
En
efecto, Gourry roncaba sonoramente.
-Y
en eso me di cuenta de que estabas teniendo una pesadilla. No sé por qué se me
ocurrió que lo más
Por
un segundo, sintió el impulso de disculparse, afortunadamente sólo duró un
segundo. Así que se limitó a gruñir algo que igual podía confundirse con un
agradecimiento que con una maldición y volvió a dormirse.
Xellos
se quedó mirándolo con el ceño fruncido y luego miró hacia la oscuridad. Ya
estaban cerca del castillo. ¿Se los advertía? ¿No se los advertía? ¿Qué
era más conveniente?
-¿Así
que buscan un libro raro? –dijo el posadero, levantando una ceja.
-Sí
–respondió Lina, con una gran sonrisa-, tenía entendido que había una
biblioteca famosa en esta ciudad.
-No
en la ciudad, en el castillo de la dama Nyarlah, la Señora es famosa por su
colección de libros antiguos.
-Mmm...
¿y nos dejará examinar su colección?
El
posadero se encogió de hombros.
-La
dama Nyarlah es una persona bastante excéntrica, pudiera ser que los deje, o
quizá los eche a patadas de su castillo. Todo depende del humor que tenga.
Lina
agradeció la información y se reunió con el resto del grupo.
-Parece
que lo que buscamos está en el castillo cercano a la ciudad –les anunció
triunfalmente.
-¿El
castillo? –dijo Zelgadiss, incómodo-. ¿Vamos a ir allá?
-¡Claro
que sí! ¿Por qué las dudas ahora? Me pareció que eras el más entusiasmado
cuando aquel mendigo nos contó del Libro de Eibon y sus hechizos.
-No,
no es nada importante... –dijo él, tratando de sonreír, sin conseguirlo.
No
se sentía muy a gusto con la idea de visitar un castillo en ese momento.
pues
no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
El
universo daba vueltas mientras ella bebía con largos tragos, como alguien que
ha soportado la sed
Las
piernas habían dejado de sostenerlo, sólo los brazos de ella impedían que
cayera al suelo.
Y
ella seguía bebiendo.
-¿Por
qué a mí? –consiguió decir débilmente.
-Te
he estado esperando mucho tiempo –susurró la dama-. Rezo me falló
miserablemente al no traerte
Intentó
forcejear por primera vez, aún sabiendo que ya era demasiado tarde, estaba tan
débil...
-Shh,
shh, tranquilo... –dijo ella, abrazándolo más estrechamente-. No voy a
matarte... Bueno, sí voy a matarte, pero no será exactamente como estar
muerto.
-¿Vas...
a convertirme en un vampiro? –gimió él.
-Si
tú quieres... Y sé que querrás, sólo aguarda un poco... ya vas a ver...
-¿Por
qué a mí?
-Nadie
te tiene caminando como si estuvieras dormido –replicó Lina mientras lo
ayudaba a levantarse. Había tropezado mientras tenía una especie de pesadilla
diurna que parecía la continuación de su pesadilla de la noche anterior.
Algo
avergonzado, se sacudió el polvo de la ropa.
-No
sé qué es lo que me pasa –admitió-. Pero sí puedo notar que hay un campo mágico
realmente fuerte alrededor de ese castillo.
-Sí, también lo siento –dijo Lina-, es tan intenso que me sorprende que no deforme un poco la realidad. ¿Crees que te está afectando?
-Algo...
pero no es importante. Concentrémonos en el libro, mejor.
Siguió
caminando con paso firme, pero sintiendo sobre sí la mirada preocupada de la
hechicera. Algo andaba mal, eso era cierto. Pero unas pesadillas de vampiros no
eran razón suficiente para desperdiciar la oportunidad de volver a ser humano.
¿O sí?
Ser,
y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro
terror...
“Esto
no es real, no puede ser real...” pensó con desesperación.
-Cierto,
no es más que un sueño. Pero sí puede ser real. Es un sueño profético, mi
querido Zelgadiss... –murmuró ella-. No puedo acercarme a ti a menos que tú
vengas en forma voluntaria y conciente, así lo ordenan las leyes a las que
estoy sujeta... pero toda ley tiene un portillo y yo encontré uno para esta...
gracias a la curiosa mezcla de razas que eres ahora. No puedo entrar a la morada
de un humano a menos que éste me invite. No puedo lastimar a un mazoku a menos
que éste me lo pida. Ah... pero eres un tercio golem. Eso te hace invulnerable,
pero el golem es un esclavo sin remedio, creado para obedecer y ser dominado por
la mente de su creador. Y, ya que soy hija de Nyarlathotep, quien creó al
primer golem, tengo parte en la fuerza que puede rendir tu voluntad. Al
protegerte de mí, tu bisabuelo te condenó al mismo tiempo... ¿no es una
deliciosa ironía? Hizo que no pudiera apoderarme de ti, pero me dejó abierta
la puerta de tu mente y ahora en lugar de tu sangre estoy bebiendo tu alma...
luego, cuando estés despierto, obedecerás mis deseos pidiendo que te convierta
en humano y el precio de eso, será tu vida: beberé tu sangre... y entonces
este sueño será real. ¿Sabes que es lo peor de los sueños proféticos?
¿Realmente
esperaba que se tomara el esfuerzo para responderle mientras la vida se le
escapaba por la herida en el cuello?
-Que
te hacen vivir dos veces las pesadillas: cuando las anuncian y cuando las
cumplen.
Un
quejido muy débil la hizo sonreír de nuevo.
-Aún
queda mucha vida en ti, Zelgadiss, lamento que se te haya hecho tan largo este
asunto... no pensé que fuera a ser tanto tiempo, aunque tengo que admitir que
lo he disfrutado mucho. Sin embargo, hay algo que no me queda claro... ¿Tanto
amas la vida? ¿O es que le temes mucho a la muerte?
Aún
si hubiera estado en condiciones de responder, no habría sabido qué decirle.
-Pero
esto es lo que querías realmente, ¿verdad?
Zelgadis
tardó un poco en darse cuenta de que la última pregunta no había formado
parte de su sueño y tampoco estaba dirigida a él. Una joven apenas mayor que
Lina discutía afablemente con ella acerca de los libros que ocupaban la inmensa
biblioteca.
El
pequeño grupo había entrado al castillo y se encontraban en presencia de la
dama Nyarlah con la excusa de querer admirar la biblioteca más famosa del
reino; pero una vez en el lugar la dueña del castillo había tomado un libro
pesado y antiguo y había hecho esa pregunta al presentárselo a Lina.
Los
ojos de la hechicera brillaron codiciosos.
-El
Libro de Eibon... –dijo, casi sin aliento.
-Traído
para mí especialmente desde la Meseta de Leng –sonrió Nyarlah-. No tienes
una idea de lo lejos que queda eso ni de las miríadas de dificultades que hubo
que superar para que puedas contemplarlo. No digamos leerlo...
-Oh,
pero...
-Quieres
comprarlo. O robarlo si por casualidad no está en venta o no puedes alcanzar el
precio –la sonrisa de Nyarlah se intensificó al tiempo que Lina se ponía
casi del mismo color que su cabello-. En realidad no me molesta que lo leas. Es
más, si puedes leerlo, te lo regalaré.
Ávidamente,
Lina empezó a hojearlo.
-Pero...
¿En qué idioma está escrito esto?
-¡Fue
justo lo que yo pregunté la primera vez que lo vi! –rió la dama.
Se
parecía a la vampiresa de su sueño, pero no era exactamente igual. Era más
joven, más pequeña y delicada... e igualmente hermosa. Con todo, y a pesar de
que las pesadillas seguían presentándose sin previo aviso y en el momento más
inoportuno, Zelgadiss se sentía cómodo en su presencia. Tal vez todos sus
temores se debían sólo a la magia que saturaba el castillo. Era como una
indigestión de poder, algo tan intenso que Gourry en ese momento sentía un
fuerte dolor de cabeza, Ameria no se había tropezado ni una sola vez y Fylia
pasaba por verdaderas dificultades para mantener su forma humana. Las pesadillas
parecían ser más bien un precio muy bajo por encontrarse ahí. Ya fuera en el
Libro de Eibon o en algún otro, la cura que buscaba parecía encontrarse al
alcance de la mano.
Se
acercó a ellas y espió el libro por encima del hombro de Lina.
Efectivamente, parecía estar escrito en un idioma desconocido, pero nada más verlo, tuvo la seguridad de que podía descifrarlo. Incluso reconoció una palabra aquí y otra allá, un párrafo entero bajo un grabado extraño... podría tomarle toda una vida traducirlo, pero estaba seguro de que podía hacerlo.
Como
si todo lo que hubiera aprendido durante su vida entera hubiera estado destinado
únicamente a hacerlo capaz de comprender el mensaje del libro.
-Milady,
hace un momento dijo que el libro había sido traído especialmente para
usted... –dijo, cauteloso.
Ella
le dirigió una sonrisa luminosa.
-Sí,
mi estimado amigo. Vidas, tesoros y reinos se perdieron por este libro. ¿Verdad
que es una maravilla?
-Pero...
¿qué valor tiene una maravilla ilegible? –preguntó Ameria.
Por
un instante pareció haber un destello infernal en los ojos de Nyarlah.
-Ah,
es que no es ilegible, linda –contestó con dulzura-. Está escrito en un
lenguaje muy antiguo que se perdió para siempre milenios antes de que el primer
homínido tuviera la ocurrencia de caminar erguido... pero quienes escribieron
este libro, los que estuvieron antes del tiempo, dejaron tras de sí a sus
sirvientes y servidores, repartidos entre distintos mundos y universos. Con el
tiempo, los servidores se fueron agrupando, reuniéndose por medio de las
alianzas de sangre y tratando de compartir sus conocimientos entre ellos, pero
manteniéndolos secretos para el resto de las razas, esperando el momento en que
uno de ellos alcanzara la suma de todos los conocimientos y fuera capaz de leer
el libro.
-Un
traductor... –murmuró Zelgadiss.
-No
sólo eso –replicó Nyarlah, su voz repentinamente seria-. Un traductor capaz
de comprender la antigua lengua de los Horrores sin enloquecer en el proceso, un
mago capaz de lidiar con la magia que impregna el libro sin que ésta lo
devore... y aún así faltaría asegurarse de que viviera lo suficiente como
para completar la lectura, que sería lenta y trabajosa...
-Un
imposible, entonces –dijo Lina, cerrando el libro y devolviéndoselo a
Nyarlah.
-No tanto, no tanto –aseguró Nyarlah-, ya llegará el momento. Claro que tú, pequeña, no eres la persona a la que está destinado el libro. Mejor dicho, la persona que está destinada para el libro. Tendrías que haber sido educada por y para el Poder en una familia consagrada al Poder.
-Sí,
ya veo. Vámonos, muchachos.
Casi
habían llegado a la puerta cuando Nyarlah habló de nuevo.
-¿Cuál
es tu mayor anhelo, Zelgadiss?
Podría
salir ileso de eso si tan sólo mantenía la boca cerrada. Ella no podría
atacarlo mientras no se lo pidiera. Y no le pediría nada si no contestaba la
pregunta.
-Ser
humano de nuevo –dijo antes de poder darse cuenta de lo que estaba diciendo.
La
puerta se cerró de golpe.
-Te
he estado esperando mucho tiempo...
La
pequeña y risueña dama Nyarlah había desaparecido. En su lugar estaba una
mujer mucho más alta, que sonreía mostrando unos largos y afilados colmillos.
Lina
ahogó un grito... sólo por unos segundos, porque no pudo evitar un chillido al
ver que Zelgadiss había cambiado de repente.
Era
humano.
Y
la dama Nyarlah se inclinaba sobre él, lista para beber su sangre.
Y
el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos.
Los
sueños... las pesadillas que había tenido al acercarse al castillo y dentro
del castillo mismo. Todo había sido una advertencia. Nyarlah le había dado la
oportunidad de escapar cumpliendo en una forma vaga alguna ley impuesta por los
dioses Arquetípicos, los que habían desterrado a los Primordiales fuera del
tiempo y las realidades. Pero lo había hecho de manera que la advertencia se
convirtiera en una invitación.
La
hija del Señor Sin Rostro era tan hábil como su padre cuando se trataba de
obtener beneficios...
¿De
dónde salía ese conocimiento repentino, ahora que ella bebía su sangre con
tragos largos y lentos, justo como en sus sueños, mientras los demás trataban
de reaccionar y huir o ayudarlo?
“Siempre
estuvo ahí” se dijo a sí mismo, cerrando los ojos y dejándola hacer, con la
leve esperanza de que el suplicio terminara más rápido si no oponía
resistencia.
Ameria
fue la primera en salir de su estupor. Gritó algo que Zelgadiss no llegó a
escuchar del todo y se lanzó contra Nyarlah. Pero alguien se interpuso.
Xellos.
-No
puedes intervenir, princesita. Zelgadiss ha recibido un don de la dama Nyarlah y
debe pagar el precio que ella imponga.
Por
una vez, Xellos tenía los ojos abiertos y no sonreía. Estaba hablando en
serio.
-¡¿Qué
clase de monstruo eres?! –gritó Gourry.
Nyarlah
dejó de beber para contestarle.
-Soy
Nyarlah, Señora de los Nosferatu, hija de Nyarlathotep el Sin Rostro, sobrina
de Itaqua, El Que Camina En El Viento, descendiente y servidora de Los Que
Aguardan Fuera Del Tiempo. Estoy aquí para reclamar lo que me pertenece. El
hechicero destinado al Libro de Eibon, descendiente de los Servidores de mi
padre. Zelgadiss ha venido a mí por su propia voluntad y por ello lo
recompensaré permitiendo que ustedes se marchen sin ser lastimados. Si se
marchan ahora.
Y
la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres
ramos,
Lina
atacó, segura de que podría esquivar a Xellos si intentaba detenerla, pero no
contaba con la gigantesca loba que apareció de la nada. Ni siquiera tuvo tiempo
de gritar.
Gourry
gritó el nombre de Lina con tanta fuerza que Zelgadiss tuvo la impresión de
que los vidrios temblaban en las ventanas. Tal vez el dolor por la muerte de
Lina le haría enfrentar a la loba, pero eso era un error. Sólo que él no podía
decirle que la loba era Xellas Metallium, aliada de Nyarlah y amiga suya desde
de la lejana infancia de ambas...
Nyarlah
lo dejó en el suelo cuidadosamente y sujetó a Gourry por el cabello antes de
que él pudiera usar la espada de luz. No se molestó en beber su sangre.
Simplemente desgarró su cuello y dejó que se desangrara.
Luego
contempló a Xellas y Xellos acabar con Fylia con una rapidez y eficiencia que
hablaba bien de los mazoku.
Sonrió,
acomodándose el cabello. Y finalmente miró a Ameria.
“No,
no Ameria... no a ella...” suplicó Zelgadiss desde el fondo de su corazón,
aunque sin fuerza suficiente como para decirlo en voz alta.
La
dama se detuvo y lo miró como preguntándole “¿por qué no?” para un
instante después hacer con Ameria lo mismo que había hecho con Gourry.
Satisfecha, volvió junto a él.
Xellas aquirió su forma humana y se limpiaba la sangre de Fylia mientras los miraba a los dos esperando... ¿esperando qué?
Con
calma, Nyarlah se hirió a sí misma en la palma de la mano y dejó que unas
gotas de sangre cayeran sobre los labios de Zelgadiss.
-Bebe.
Aún
había una posibilidad. Podía mantener los labios cerrados y morir junto con
sus amigos.
Nyarlah
lo sabía. Sabía que era su última libertad. Cerró los ojos, feliz de haber
encontrado una forma de escapar a la pesadilla...
Unas
fuertes manos, cubiertas por guantes, lo sujetaron obligándolo a abrir la boca.
Xellos.
Xellos
ayudando a Nyarlah.
Y
entre los dos lo obligaron a beber la sangre de la vampiresa.
y
no saber adónde vamos
¡ni de dónde venimos!...
Por
un segundo, pensó que empezaría a reír y que reiría hasta volverse loco,
pero no pudo. Estaba más
Después
de todo, estaba muerto.
Y
vivo al mismo tiempo.
Nosferatu.
En
ese mismo momento decidió que valía la pena seguir existiendo sólo por la
esperanza que acababa de concebir de vengarse de Xellos alguna vez.
Así
sería.
Cuando
hubiera leído el libro.
La
sangre de Nyarlah acababa de darle el conocimiento final de que Los Que Aguardan
irrumpirían en ese universo cuando ellos dos levantaran los sellos y entonces
ninguna alianza valdría para L-sama. Sería devorada junto con todo lo demás.
Así
que le sonrió a Xellos justo en la manera en que éste estaba sonriéndole, con
el conocimiento secreto de lo que les aguardaba en el futuro. Y se dio cuenta de
que Xellos sabía y aceptaba eso: un día, lejano tal vez, pero seguro, ellos
dos ajustarían cuentas durante la destrucción del universo. Era un pacto de
caballeros.
Xellas
colocó un cigarrillo en la boquilla de marfil y Xellos se apresuró a
encenderlo. La Señora de las Bestias dejó escapar unos cuantos anillos de humo
mientras contemplaba apreciativamente a la Señora de los No Muertos y su nuevo
Hechicero.
-Tu
padre debe estar muy orgulloso de ti, Nyarlah. Sabes lograr lo que te propones.
Nyarlah
sonrió, dejando que sus colmillos brillaran en la penumbra del castillo.
-Mi
padre está muy agradecido con tu madre por permitirme quedarme en este universo
y buscar aquí un
Mientras
hablaba, acarició el cabello de Zelgadiss y colocó el libro en sus manos. Era
cálido y familiar al tacto, el libro tenía una vida propia y lo aceptaba como
dueño... no, como amigo y compañero de servidumbre.
-Aún
falta algún tiempo para eso, claro, pero vamos avanzando, mi buena amiga... por
lo pronto ya tengo a mi Hechicero Mayor...
Sus
manos, blancas, delicadas, y al mismo tiempo tan fuertes, abrieron el libro en
una página determinada. Zelgadiss se quedó mirando sin ver el grabado que
representaba un sello con forma de estrella de cinco puntas. El sello impuesto
por los dioses que impedía a Los Que Aguardan Fuera Del Tiempo abandonar sus
prisiones y destruir los universos.
-Y
mi Hechicero descifrará para nosotros el Libro de Eibon, gracias a todo lo que
le enseñó su querido bisabuelo y todo lo que ha aprendido durante sus
viajes... ¿verdad, Zel-chan?
Mientras
decía eso, acarició sus hombros y luego lo besó. Un beso en el que casi había
afecto, y Zelgadiss correspondió con algo que se acercaba al cariño, de alguna
manera extraña.
Hubiera
querido poder llorar.
-Y
no te preocupes por el tiempo que te lleve lograrlo. Tienes toda la eternidad.
Sí.
Una noche eterna.
¿fin?
Notas
de la autora:
Este
es mi primer fanfic de Slayers. También es mi primera historia de vampiros y
contiene algunos elementos que intentan ser un homenaje a H. P. Lovecraft (la
Meseta de Leng, el Libro de Eibon, las referencias a Los Que Aguardan Fuera Del
Tiempo...).
Y
ahora que menciono esto, el nombre de la dama Nyarlah es una deformación de
Nyarlathotep, el Sin Rostro, uno de los personajes del Ciclo de Cthulhu.
Los
versos que aparecen intercalados son el poema “Lo Fatal”, del nicaragüense
Rubén Darío.
La
palabra “nosferatu” significa “no muerto”.
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