CACERÍA
NOCTURNA
por
Daga
“¡Pies
que van marchando sin huella dejar!
¡Ojos
que en la noche ven claro al mirar!
¡Y
mira! ¡Y acecha! ¡Y vuelta a escuchar!
¡Una,
dos veces, tres!”
Canción
de caza de la manada de Seeonee, Rudyard Kipling
Es una noche sin luna ni estrellas, la oscuridad es perfecta para mí. En
noches como esta no tengo que preocuparme de que la luz se convierta en un halo
blanco a mi alrededor poniendo sobre aviso a presas y enemigos por igual. Esta
es una noche de cacería. Es una noche perfecta.
Me
muevo en silencio como una sombra plateada. Mi presa está casi a mi alcance. No
importa qué vaya a intentar, estoy seguro de que no tiene posibilidad de huir,
ya no, es demasiado tarde para él.
He
estado acechando desde hace horas en una inmovilidad perfecta, con el viendo
soplando hacia mi cara y conteniendo la respiración hasta donde me ha sido
posible aunque sé que ni en su mejor momento sería capaz de descubrirme.
No
sabe que estoy aquí, no presiente que estos son sus últimos minutos entre los
vivos.
Eso
me hace sonreír. Sí, su final será rápido, pero no porque yo sea piadoso,
que no lo soy, el cazador jamás siente pena por la presa, seré rápido y
eficiente al acabar con él porque tengo hambre y porque está desprevenido.
Y
porque por mucho que intente defenderse, no es rival para mí.
Estoy
acercándome despacio, calculando el salto que daré para atraparlo, anticipando
el momento en que mis dientes se clavarán en la piel del conejo, no pasará
mucho tiempo para que pueda disfrutar de nuevo el sabor de la sangre.
No
se puede luchar contra el instinto del cazador, y tampoco lo intento. El acecho,
la persecución, la captura final...
Es
lo mejor que tiene la vida.
¡Es
el momento! ¡Me arrojo contra la bestezuela indefensa y...!
¡BAM!
-¿Shuuichi, hijo, estás bien? -mi madre se asoma a mi habitación,
alarmada por el ruido. Yo estoy en el suelo, con los dientes clavados en mi
almohada.
-Sí,
no te preocupes...
Sólo
estaba soñando y me he caído de la cama.
Qué vergüenza.
fin