SHUN
Y LAS HABICHUELAS MÁGICAS
Hace
mucho, mucho tiempo, en un país muy lejano...
SEIYA:
¿Por qué siempre es en un país muy lejano? ¿Qué, es que aquí nunca pasa
nada?
SHIRYU:
Depende... ¿En dónde estamos?
SHAKA:
Parece el interior de una computadora...
DAGA:
¿No se supone que tú siempre estás con los ojos cerrados?
SHAKA:
No, lo que pasa es que mis ojos son muy sensibles a la luz y cuando
filmaron la serie no podía sacar los anteojos oscuros, el jefe de vestuario decía
que no combinaban con la armadura.
ALDEBARÁN:
¿"El" jefe de vestuario? ¿No era "la" jefe de vestuario?
AIORIA:
No, Aldebarán, era un hombre, se llamaba Narciso.
ALDEBARÁN:
¡Huy! Con razón puso esa cara cuando le pedí una cita... momento...
¡¡¡yaaaaaargggh!!!
AFRODITA:
¿Y a este qué le pasa?
MÁSCARA
DE MUERTE: Mejor no preguntes. ¿Qué seguía, Daga?
Vivía
una pobre viuda que tenía sólo un hijo y una vaca.
IKKI:
¡Espérate un momento! ¿Cuál dijiste que era el título?
DAGA:
"Shun y las habichuelas mágicas".
IKKI:
¿Y Shun es el hijo de la viuda?
DAGA:
Tú lo has dicho.
IKKI:
¡Pero yo soy el mayor! ¿Cómo va a ser Shun hijo único, si yo nací
primero?
KANON:
Si quieres, puedes ser la vaca...
IKKI:
Er... paso...
En aquella época, un malvado gigante había robado los tesoros más valiosos del reino: la gansa de los huevos de oro y el arpa que hacía llover, por consiguiente, había una sequía terrible por todo el reino y la cosecha de la pequeña granja de la viuda se perdió del todo. Pronto gastó sus pocos ahorros y finalmente se vio en la necesidad de vender la vaca.
El
hijo de la viuda, un jovencito llamado Shun, tomó la vaca y...
SAGA:
Oh, vamos, Daga, no pudo habérsela aguantado... ¿Tan flaca estaba?
DAGA:
¡En ningún momento dije que llevara la vaca a cuestas! ¡Nada más la
llevó al mercado!
Y
llevó la vaca al mercado. Pero de camino, se encontró con un anciano
misterioso que dijo llamarse Maestro Dohko y le ofreció unas habichuelas mágicas
a cambio de la vaca.
DOHKO:
¿Y para qué quiero yo una vaca?
SHION:
Ah, vamos, hombre, a tu edad el calcio es muy importante.
DOHKO:
¿¿MI edad??? ¿¿¿Qué hay
de la tuya???
DAGA:
¡No empiecen! ¡La unidad geriátrica del hospital aún no está
disponible!
DOHKO
Y SHION (ambos en posición de ataque): ¡¡¡¡DAGAAAA!!!!
DAGA
(escondiéndose detrás de Kanon): Huy, pero qué carácter, estos dos no
aguantan ni una...
-¿Y
para qué sirven las habichuelas mágicas? -preguntó Shun.
-Son
una maravilla de la ingeniería genética aplicada a la agricultura, muchacho.
Multiplicarán el rendimiento de las cosechas de tu granja.
-Pero
nosotros no cultivamos habichuelas, señor, la nuestra es una granja de
hormigas...
TODOS:
¡¡SHUN!!
SHUN:
Ups, ¿me pasé?
-Pero
nosotros no cultivamos habichuelas, señor, nuestro producto es la caña de azúcar
y el café.
SEIYA:
Más la leche de la vaca... y ya está el café con leche.
DAGA:
Otro chiste de esos y te me vas de aquí.
SEIYA:
Amargada.
DAGA:
Acéfalo.
(Seiya
se retira a buscar un diccionario)
-Pero,
hijo, ¿qué tienes que perder?
-¿Además
de lo que podría obtener a cambio de la vaca? Y, por otro lado, no quiero
desobedecer a mi madre.
SHIRYU:
Se me hace que este papel le habría quedado mejor a Hyoga.
SHEENA:
¿Y qué habría cultivado en su granja? ¿Cenas congeladas?
A
fin de cuentas, el maestro Dohko logró convencer a Shun de que le cambiara la
vaca por la bolsita de habichuelas. Shun volvió con aquello, dándole un gran
disgusto a su pobre madre, pero nuestro amigo le rogó que confiara en él y
sembró las habichuelas.
A
la mañana siguiente, había brotado una gigantesca planta de habichuelas cuyo
tallo llegaba hasta las nubes.
-¡De
toda la bolsa sólo germinó UNA semilla! -dijo Shun, disgustado-. No me parece
que hayan tenido mucho rendimiento a fin de cuentas.
El
caso es que, de tanto contemplar la inmensa planta, a Shun le entró curiosidad
por ver lo que habría al final y empezó a trepar por el tallo.
Al
final del tallo, se encontró con un inmenso castillo.
IKKI:
¿Un castillo en las nubes? ¿Y cómo se sostenía?
DAGA:
Bueno, si lo que quieres es lógica, mi hermana menor puede prestarte un
libro de contabilidad.
IKKI:
No, gracias, dejémoslo así.
Shun
entró al castillo, donde todo (los muebles, las puertas, el decorado) era
gigantesco, de inmediato, comprendió que estaba en el castillo del terrible
gigante que había sumido el reino en el terror. Con muchas dificultades, subió
hasta lo alto de una mesa y ahí encontró a la gansa que ponía huevos de oro.
HYOGA
(con voz suplicante): ¡Daaagaaaa!
DAGA:
¿Uh? ¿Qué?... Oh, vamos, ¿te vas a dar por aludido? ¿Quién va a
relacionar a una gansa con un cisne? ¡El cuento es así y así se queda!
HYOGA
(refunfuñando): Se lo diré a Lyra Vega...
DAGA:
Bueno, está bien.
Y
ahí encontró a la gallina que ponía huevos de oro. Ni lerdo ni perezoso, Shun
se apoderó de la gallina y corrió hacia la salida.
SAGA:
Momento, momento. Si todo en el castillo era gigantesco, ¿de qué tamaño
era la gallina?
KANON:
Era una gallina de tamaño normal.
SAGA:
¿De tamaño normal para un gigante o para un humano?
KANON:
Hasta donde yo sé, vienen en tamaño estándar.
SAGA:
No, las gallinas jardineras son más pequeñas que las japonesas, y las gallinas
chiricanas son más grandes que las japonesas, y las gallinas...
DAGA:
¡Ah, ya basta! Era una gallina de los huevos de oro y son ajustables.
All right?
SAGA
Y KANON: Si tú lo dices...
Cuando
ya iba a llegar a la puerta, se oyó una voz terrible como un trueno.
-¡Fu,
fai, fi! ¡A carne humana huelo aquí!
Lo
cual, por supuesto, hizo que Shun corriera más rápido.
SHUN:
"Gracias", Daga, ya me dijiste miedoso.
DAGA:
No fue intencional...
Bajó
a toda velocidad por el tallo de habichuelas y regresó a su casa. La gallina
ponía diariamente un huevo de oro, y con eso les bastaba para vivir cómodamente,
pero a Shun le preocupaba mucho el que la sequía no terminara. Luego de mucho
meditar, llegó a la conclusión de que debía volver al castillo y robarle al
gigante el arpa que hacía llover.
HYOGA:
¿Y si había sequía, cómo es que no se secó la mata esa?
TODOS:
¡¡Porque era mágica!!
HYOGA: Así lo resuelven todo últimamente...
Shun
volvió a trepar por la planta de habichuelas, regresó al castillo y tomó la
lira, digo, el arpa. Cuando estaba listo para regresar, oyó de nuevo la voz del
temible gigante, que lo había descubierto y empezaba a perseguirlo.
A
riesgo de matarse, Shun bajó por la planta a toda velocidad. Tan pronto como
llegó al suelo, le pidió a su madre que le alcanzara un hacha y empezó a
cortar el tallo. Mientras lo hacía, la voz del gigante se escuchaba cada vez más
cerca.
-¡¡Fu
fai fi!! ¡¡Voy a comerte a ti!!
-No,
si te matas del golpe -dijo Shun, y le lanzó el primer hachazo al tallo de la
planta. El hacha se partió en setecientos ochenta y cuatro pedacitos.
-Ups.
Y
la mata, tan campante.
-Algo
me dice que tengo un pequeño problema -murmuró Shun, cuando la sierra de
cadena que utilizó como último recurso también se hizo trizas sin haberle
causado el menor rasguño al tallo.
-¡¡Qué,
no sabías que las habichuelas contienen mucho hierro!! -bramó la voz del
gigante, que ya estaba muy cerca.
-¿Hierro,
dijo? ¡Ah, pues que buena idea!
Y
Shun entró a la casa y volvió a salir con cuanta batería encontró.
SHURA:
¿Ya habían inventado las baterías en aquella época?
SAGA:
Bueno, si tenían sierras de cadena, y semillas tratadas genéticamente,
¿por qué no iban a tener baterías?
DAGA:
¿Alguna otra pregunta tonta?
MILO:
¿Eran "Energizer" o "Duracell"?
TODOS:
¡¡¡MILO!!!
MILO
(con voz de niño enojado): Ella
fue la que comenzó...
Rápidamente,
nuestro amigo unió todas las baterías, las conectó al tallo, y con eso
electrificó la planta entera. La descarga hizo caer al gigante, precipitándolo
en tierra... Claro que no se lastimó mucho, porque para cuando Shun terminó de
unir las baterías, el gigante en cuestión estaba a metro y medio del suelo.
SHUN:
Tanta carrera para nada. ¡Y hoy sí que me pusiste a correr!
DAGA:
¡Ni la milésima parte de lo que te ha puesto a correr Kurumada!
SHUN:
Supongo... Pero cuando llegue mi turno de contar cuentos, tú serás la
protagonista del Correcaminos.
DAGA:
Glup...
Shun
y su madre se aproximaron a ver al gigante, que estaba inconsciente en el suelo.
-Hijo
mío, no puedo creerlo -dijo la viuda-. Siempre te tuve por
un buen muchacho y ahora veo que te has convertido en un matón de la
peor clase.
-¡Pero,
mamá, él fue el que comenzó!
-¡Eso
no es ninguna excusa para tirar de un árbol a un niño más pequeño que tú!
-Fu...
fai... aaaaaayyyyy... -se quejó Jacob, abriendo los ojos y sentándose-. ¿Dónde
estoy?... Ah, rayos, rompí el megáfono que estaba usando...
-¿Te
encuentras bien? -preguntó la viuda, ayudándolo a levantarse.
-¡Oh,
no, la planta de habichuelas!
Shun
no había desconectado las baterías y la planta acabó secándose frente a los
ojos de los tres asombrados observadores.
El
caso fue que Jacob ya no podía volver al castillo y se quedó a vivir en la
casa de la viuda, quien lo adoptó, pese a las protestas de Shun, que no veía
por qué tenía que hacerse cargo de un "hermano menor" que había caído
del cielo sin que él lo pidiera.
Pero
las cosas mejoraron cuando, con la ayuda del arpa, volvieron las lluvias,
entonces germinaron las otras habichuelas mágicas...
MÁSCARA
DE MUERTE: ¿Y hubo un bosque de plantas gigantescas que llegaban hasta
las nubes?
DAGA:
No, entonces Jacob habría regresado al castillo y probablemente se habría
llevado otra vez la gallina y el arpa.
KAMUS:
¿Y entonces?
Entonces,
las plantas de habichuelas del tamaño de naranjos dieron una cosecha
extraordinaria...
MILO:
¡De habichuelas tamaño familiar!
De
cenas congeladas, con lo que Shun y su familia hieron fortuna y vivieron felices
para siempre.
TODOS:
¡¡¡DAAAAGAAAA!!!
DAGA
(escondiéndose detrás de Kanon, ya que los demás están echando mano de
objetos contundentes): ¿Qué?
JACOB:
Una preguntita.
DAGA:
¿Uhú?
JACOB:
Si la planta de habichuelas era la única manera de llegar al castillo,
¿cómo hice para robar el arpa y la gallina, que estaban en el reino, y luego
irme hasta allá?
DAGA:
Eh, ah... caramba... creo que debí haber puesto a Kiki en lugar tuyo..
fin