dos
SI TODO LO DEMÁS FALLA, SIGA LAS INSTRUCCIONES
Casa de Géminis (específicamente, la habitación de Kanon)
Afuera continuaba lloviendo como si el cielo quisiera
vaciarse, dentro hacía un frío poco común en esa zona del Mediterráneo y Kanon daba vueltas en la cama sin
lograr conciliar el sueño.
Cuando
Shun le había preguntado “¿Y ahora qué vamos a hacer?” se encontró de
pronto elegido “dedocráticamente” (como solía decir Sorrento) líder de
aquella pequeña tropa. ¿Por qué, si era el único que no contaba con una
armadura y ya ni siquiera era Caballero? Tal vez porque era el único que había
sido líder de algo (si se descontaba el tiempo que Andrómeda había tenido
bajo su mando a los Masei de Hades y todas las huestes del infierno) y porque
era el mayor.
Además
no era mucho lo que podía esperarse de MM y Afrodita en cuanto a liderazgo. MM
siempre había sido un antisocial y Afrodita era cualquier cosa menos un líder.
Aún así el pensamiento “¿por qué a mí?” volvía una y otra vez a la
mente de Kanon sin que pudiera encontrar ninguna respuesta medio decente.
Empezó
a repasar todos lo que sabía sobre el grupito con la esperanza de encontrar una
solución o por lo menos conseguir un efecto similar al de contar ovejas.
De
Jabu apenas conocía el nombre y el título. Shun... hum... era otro hermano
menor criado a la sombra de un hermano de carácter dominante, al que Kanon (por
cierto) evitaba dirigirle la palabra, y además tenía fama de pacifista si se
descontaba el hecho de que había estado a punto de exterminar a la humanidad
(“un dios se apoderó de mi voluntad”, sí, cómo no, la eterna excusa de
Saga...); aparte de eso, había vencido a Afrodita sin valerse de su armadura y
le había dado un muy mal rato a Sorrento, tal vez no fuera un elemento del todo
desaprovechable. ¿Y Máscara de Muerte y Afrodita? Ese ya era un asunto
complicado.
No
estaba seguro de hasta qué punto lo sabían esos dos, pero Kanon los conocía
desde hacía muchos años.
Durante toda su infancia se había dedicado a tratar de no ser notado. Nadie debía saber que Saga tenía un gemelo porque le correspondería tomar calladamente su lugar en caso de que le sucediera algo al gemelo destinado a ser Caballero de Oro. Pero eso le había dado la oportunidad de conocer mejor que nadie cada rincón del Santuario y a cada uno de sus habitantes. Algunas veces incluso se había hecho pasar por Saga para participar en los entrenamientos con los demás aprendices.
Recordaba
muy bien el día en que Afrodita había llegado al Santuario. La diosa Afrodita
no había sido muy exacta al referirse al Caballero de Piscis como un bebé,
porque tenía alrededor de nueve años cuando llegó ahí. Su madre (una dama
muy alta, vestida de blanco y con el rostro cubierto por un velo, que no
alcanzaba a disimular que era rubia y muy joven) fue quien lo presentó al
Maestro Shion como el elegido para obtener la armadura de Piscis. Los otros
El
chico en cuestión era una criatura delicada, de apariencia más bien femenina,
y había llegado ataviado todavía como correspondía a un aprendiz del
Santuario de Apolo: una túnica corta de tela fina, de un blanco purísimo y
bordada en dorado, con las muñecas adornadas con brazaletes de oro y calzado
con sandalias blancas. Los otros futuros caballeros eran chicos rudos,
acostumbrados a usar ropa de entrenamiento de tela resistente, áspera y basta,
y colores oscuros que disimularan un poco la sangre y la tierra... el nuevo no
causaba muy buena impresión vestido de esa manera ¡y más si se tomaba en
cuenta que llevaba una rosa blanca en el cabello!
Kanon
casi se sintió culpable al recordar eso, ya que había reído a gusto desde su
escondite al ver la rosa en cuestión. Saga fue el único aprendiz que pudo
permanecer completamente serio y más tarde le explicó lo que significaba la
rosa.
De
hecho, Afrodita no debería llevar sólo una rosa en el cabello, tendría que
usar una corona de rosas blancas como señal de que era la víctima escogida
para un sacrificio, una manera simbólica de dar a entender que no sería
sacerdote de Apolo por su propia decisión sino porque el dios en persona lo había
elegido desde su nacimiento o quizá antes. Si hubiera continuado en el
Santuario de Apolo, habría seguido usando rosas blancas en el cabello mientras
durara su educación, para luego reemplazarlas por una corona de laurel al tomar
su lugar como sacerdote del dios de la Luz, la Medicina y las Artes, e intérprete
del oráculo de Delfos. Sí, las sacerdotisas recibían la palabra profética de
Apolo, pero era los sacerdotes quienes la traducían a un lenguaje comprensible
para los simples mortales, y para eso se necesitaba una sabiduría especial, un
largo entrenamiento, una pureza excepcional y perfección de cuerpo y espíritu.
Blanco y oro eran los únicos colores que le estaban permitidos, como señal de
que reunía todas las condiciones necesarias.
Lo
que recordaba con más claridad de ese día era la reacción de Afrodita cuando
comprendió finalmente que ese sitio era su nuevo hogar. Lo habían llevado engañado
hasta ahí, diciéndole que sólo sería una visita rápida... el pequeño se
había echado a llorar, con lo que quedó completamente sentenciado para los demás
aprendices, que no toleraban a los llorones. Y para colmo de males se había
puesto a suplicarle a su madre que no lo dejara ahí. Sin duda no sabía lo mal
vistas que eran las mujeres en el Santuario. Las amazonas tenían que estar
aparte de los demás, usaban máscaras y los aprendices tenían prohibido
hablarles ¡y ahí estaba ese niño suplicándole a una mujer! Podía darse por
muerto.
Shion
no había hecho mucho caso del llanto y la desesperación del nuevo y le había
asignado como Maestro a Ixión de Cáncer. Ahí fue cuando los aprendices
dejaron de reírse. El nuevo _realmente_ podía darse por muerto.
Casi
veinte años después, a Kanon no le quedó más remedio que llegar a la
conclusión de que el Patriarca no tenía ni idea de la clase de persona que era
Ixión en realidad. Probablemente incluso había querido ser amable con el pequeño
Afrodita... Ixión era un sujeto de aspecto agradable y modales finos que
entrenaba personalmente a su propio hijo, Angello, parecía la elección
adecuada si se quería un maestro que no fuera demasiado duro con el chico que
estaba pasando sin duda por un muy mal momento al verse abandonado de aquella
manera. Pero la verdad era otra.
Ixión
era un psicópata que disfrutaba torturando a Angello... hasta que finalmente
convirtió a aquel niño en Máscara de Muerte. El pequeño y delicado Afrodita
no podía haber caído en peores manos.
¿Cuánto
tiempo tardó Afrodita en entender ese detalle? No mucho, ciertamente. Pronto
usaba ropa de entrenamiento al igual que los demás y nunca se le volvió a ver
vestido de blanco. Su cabello dejó de ofrecer ese aspecto tan bien cuidado que
tenía el primer día para ser un revoltijo tan salvaje como el de cualquiera de
los otros aprendices (no había sido sino hasta después de la muerte de Ixión
que Afrodita había vuelto a empezar a arreglarse como antes) y sólo conservó
la rosa... pero después de la primera semana, abandonó las rosas blancas y
empezó a usar rosas rojas. Y Saga se había negado a explicarle a Kanon qué
podía significar ese cambio de blanco a rojo.
Afrodita
sólo estuvo tres meses más en el Santuario antes de que Ixión se los llevara
a él y Angello primero a Italia y luego a Suecia, donde permanecieron los
siguientes años.
Regresaron
para notificarle a Shion que estaban listos para reclamar sus armaduras... ¡ah,
sí! y para decirle también que Ixión había muerto. Para entonces ya no eran
Angello y... ¿cuál era el nombre con el que la madre de Afrodita lo había
presentado? Kanon sólo lo había escuchado esa vez, porque enseguida desapareció
bajo una multitud de apodos que empezaban con “llorón” e iban agravándose
en forma progresiva. Bueno, el caso es que los que regresaron al Santuario ahora
eran Máscara de Muerte y Afrodita, Caballeros de Cáncer y Piscis.
Y
parecían odiarse mutuamente a pesar de que, teóricamente, habían sido
educados como hermanos. En fin, el propio Kanon conservaba un par de cicatrices
cortesía de Ixión que dejaban en evidencia que criar a un niño debía ser un
concepto bastante extraño para el anterior Caballero de Cáncer.
Saga,
a quien todos tenían por alguna especie de santo, se había dedicado a tratar
de hacer amistad con esos dos. No había tenido suerte con MM, que siempre que
podía se reía en su cara (y Kanon sabía mejor que nadie que Saga no perdonaba
una burla), pero Afrodita sí había aceptado su amistad... luego de un par de años.
Después de eso había llegado el Cabo Sunión y Kanon no sabía nada más de los Caballeros de Oro hasta el día en que Milo lo descubrió en el Palacio y estuvo a punto de enviarlo a visitar a Hades antes de lo planeado, pero las cosas parecían estar igual que antes... con la ligera variante de que Saga había dejado de ser amigo de Afrodita. Curioso, no lo había notado antes. ¿Qué habría provocado que se interrumpiera una amistad que había sobrevivido al asesinato de Shion, el de Aioros (el otro mejor amigo de Saga), la casi muerte de Atenea niña, la destrucción de la Isla Andrómeda y la muerte de Albiore de Cefeo?
Si
seguía pensando en esas cosas era definitivo que no conseguiría dormir del
todo. Así que se levantó y fue a la cocina para prepararse algo de chocolate
caliente.
Encontrar
a alguien más en la cocina no fue ninguna sorpresa. Había sido idea suya que
todos se quedaran en la misma casa, al menos por esa noche, en parte por
seguridad (si no habían sido capaces de detectar ninguna presencia extraña
antes del ataque, ¿quién garantizaba que el enemigo misterioso no seguía ahí?),
en parte por tranquilizar a los dos más jóvenes, que parecían mucho más
alarmados que los tres mayores (falta de costumbre, tal vez) y en parte para
poder vigilarlos mejor a todos, porque no confiaba en ninguno. Y ahora MM parecía
tener un buen rato de estar registrando el refrigerador.
-¿Necesitas
algo? –preguntó Kanon, mientras empezaba a prepararse el chocolate.
-¿No
tienes cerveza por aquí?
-No.
Saga y yo evitamos el alcohol, por si acaso.
-¿Eh?
-La
segunda personalidad de él, ¿recuerdas? Según Saga, resultaba más fácil que
aflorara si la personalidad primaria perdía sus inhibiciones y en eso el
alcohol ayudaba mucho. El caso es que no queremos correr el riesgo de que su
otro yo regrese.
-Creí
que ya habían resuelto eso.
Kanon
se encogió de hombros.
-Puede
que sí. Puede que no. ¿Qué garantía tenemos? Nunca se probó a fondo si era
la presencia de Ares o un desorden psicológico. Saga insiste en que la primera
manifestación de Ares fue cuando teníamos quince años, pero yo “sentía”
la presencia de Ares y notaba sus cambios de humor desde que tengo uso de razón.
¿Cómo sabemos que no va a volver?
-¿Y
qué si volviera? Las cosas estaban mejor aquí cuando él dirigía la Orden.
-¿Sí?
De eso no llegué a enterarme. Me hubiera gustado verlo... habría sido todo un
placer poder decirle “¡te lo dije!”, pero estaba un tanto lejos de Grecia,
sumergido en otra clase de problemas.
-Pero
que él tenga que cuidarse de perder el control no te obliga a ti a no tener un
poco de cerveza para convidar a los amigos.
¿Amigos?
¿Qué amigos?
-No
es saludable ofrecerle tentaciones a mi hermano, y de todos modos no me gusta la
cerveza. Espera un momento...
Kanon
sacó una botella de Bailey’s de la alacena (solía reservarla para ocasiones
especiales y normalmente la dejaba detrás del bacalao seco, lo cual era una
garantía de que Saga ni siquiera se acercaría por ese lado de la alacena) y le
sirvió un poco a MM, que vació la
pequeña copa de un trago.
-Esto
es... como agua –comentó MM, frunciendo el ceño.
-Se
supone que lo correcto es tomarlo despacio. ¿Qué crees que es? ¿Aguardiente?
–Kanon empezó a sentir una puntada de irritación, todas sus buenas
intenciones de ser amable mientras durara la crisis estaban empezando a
derrumbarse antes de cumplir siquiera 24 horas-. Y lo siento si te parece
demasiado suave, es el único licor que tengo aquí, a menos que quieras probar
el alcohol del botiquín.
-Está
bien, está bien, qué sensible –MM sonrió y llenó de nuevo la copa, pero
esta vez bebió el licor poco a poco-. Así que... eres el nuevo jefe. Por mí
está bien, supongo que será como tener a tu hermano de vuelta. Tengo la
impresión de que el Saga que conocía se quedó en alguna parte del Hades.
-Por
lo menos la mitad del que yo conocía –aceptó Kanon, que ya había empezado
con su taza de chocolate y trataba de no sentirse ofendido por la comparación
con su gemelo-. Y sobre lo de que sea yo el jefe, no estoy tan seguro. Ni
siquiera formo parte de la Orden, debería dedicarme a quitarle el polvo a esos
ataúdes de cristal mientras ustedes, los Caballeros, buscan una solución.
-No
hablarás en serio –MM enarcó las cejas-. Si nos quedamos solos los otros
cuatro, Lucy y yo nos mataremos mutuamente ¿y quién cuidará a los niños?
-... ¡¿¿”Lucy”??!
-Afrodita.
Empecé a llamarlo “Lucy” cuando éramos niños para que él dejara de
decirme Angello. Funcionó bastante bien.
Kanon
tuvo que esforzarse por esconder una sonrisa.
-¿Por
qué “Lucy”, precisamente? ¿Tiene algo que ver con el nombre que le puso
Afrodita? La diosa, quiero decir.
-No,
ese nombre era algo que tenía que ver con el culto de la diosa, pero no me
acuerdo bien de cuál era la relación. Afro lo odiaba e insistía en seguir
usando el nombre que le dio Apolo. A Ixión no le gustaba ninguno de los dos
nombres y empezó a decirle Afrodita por aquella costumbre de que los esclavos
usaran como apellido el de sus amos. Creo que lo hacía para humillarlo, en eso
el viejo era todo un artista.
-Hum.
-¿Y
ya has pensado en lo que vamos a hacer, jefe?
-No.
No tenemos ni la menor idea de quién atacó el Santuario. ¿Por dónde podríamos
empezar? Además, si mal no recuerdo, Afrodita tiene otra misión a la que se
supone debe dedicarse.
-Ah,
sí, el robo de las joyas de la diosa. Y tampoco hay pistas al respecto, ¿verdad?
Aquí es donde Ágata Christie introduciría a algún personaje misterioso que
nos diera alguna indicación...
-Hum...
quizá... haya alguien a quien podamos preguntarle qué hacer...
-Dohko
está en uno de los ataúdes, me fijé bien.
-No,
me refiero a lo que hacían los antiguos griegos cuando se les acababan las
respuestas.
-¿Uh?
–luego de un segundo, un destello de comprensión brilló en los ojos de MM al
par que su sonrisa se hacía mucho más amplia-. No estarás hablando en
serio... ¿o sí?
-Si
mañana por la mañana alguien tiene una idea mejor, alegaré que lo dije en
broma.
MM
rió a carcajadas.
-Afrodita
te va a odiar cuando lo sugieras.
Kanon
no respondió a eso. ¿Odiarlo? ¿Y eso por qué?
Asgaard
(específicamente, la mansión de los Thorvald)
Cid
se mantuvo perfectamente sereno hasta que el sirviente que había escoltado a
Bud hasta el salón se retiró. Entonces estalló.
-¿¿¿¡¡¡¿¿¿DÓNDE
DEMONIOS TE HABÍAS METIDO???!!!???
Por
la manera en que había gritado su hermano, Bud dedujo que los padres de ambos
no estaban en casa. Cid jamás perdía la compostura si existía el menor
peligro de que ellos llegaran a enterarse. El muy santito.
-Por
ahí...
-¡¿”Por
ahí” por dónde?! ¡Mi madre y la tuya estaban muy preocupadas!
Bud miró a su hermano con los ojos muy abiertos.
-¿Mi
mamá? ¡No me digas que vino a buscarme aquí!
-No,
mi madre me envió a invitarte a cenar y tu madre creía que estabas conmigo. ¿Cómo
pudiste desaparecerte así durante días? No avisas, no llamas... ¿Tienes idea
de hasta dónde he ido a dar buscándote? ¿Con tus padres y los míos
desesperados y confundiéndome contigo a cada rato?
Debía haber sido algo realmente grave para que pudieran confundirlos, jamás se vestían “como gemelos” (además, tenían gustos muy diferentes) y nunca actuaban parecido. Ni siquiera la gente que los conocía superficialmente llegaba a confundirlos después de haberlos visto juntos un par de veces.
-¡Así
que, ¿en dónde estabas?!
Bud
suspiró y le hizo una seña a alguien que se había quedado en la puerta del
salón. Cid dejó de gritar automáticamente, no se había dado cuenta de que
había invitados.
Dos
jóvenes rubios entraron con aire tímido, probablemente un tanto asustados por
el disgusto de Cid, que inmediatamente se sintió avergonzado. Vaya, otro par de
gemelos, pero eran fáciles de diferenciar, uno tenía los ojos dorados y el
otro los tenía negros. No era sencillo imaginar un contraste más fuerte que
eso.
-Hermano,
permíteme presentarte a Eros y Anteros, dioses griegos del Amor y el Desamor.
Señores, este es mi hermano Cid, de quien les hablé...
y en cuanto a tu pregunta, Cid, pues estaba en la isla Citeres, en el
Mediterráneo, ayudando a esconder unas joyas robadas...
Olvidándose
de que estaba en presencia de dioses, Cid se dejó caer en un sillón.
¿Por
qué era siempre Bud el que lo metía en líos?
El
Santuario (específicamente, la entrada del palacio)
-¿A
Delfos?
Después
de lo que había dicho MM, Kanon esperaba que Afrodita hiciera un berrinche o
algo al escuchar su sugerencia de visitar el Oráculo de Delfos, pero no sucedió
nada así. Afrodita ciertamente se había quedado paralizado por un segundo
cuando intentaba ponerse una rosa en el cabello y había dejado caer la flor,
pero cuando habló (repitiendo como un eco interrogante el final de la frase de
Kanon) su voz se escuchaba tranquila.
-Preferiría
no ir a Delfos –añadió, luego de meditar un poco.
-Pues
qué lástima –intervino MM con una sonrisa malvada (bueno, pensándolo bien,
la sonrisa de MM siempre era malvada)-, porque necesitamos a alguien que conozca
el lugar y da la casualidad de que tú naciste ahí.
Afrodita
se encogió de hombros.
-Y
tú naciste en Sicilia y no eres capaz de encontrar una pizzería en mitad de la
zona comercial.
-Oye,
ese fue un golpe bajo...
-Adecuado
para responder a una frase estúpida, diría yo.
-¡Mira,
tú...!
-¡Baaasta!
–intervino Kanon-. ¿Qué planes tienes, Afrodita?
-Uh...
-Bien,
entonces vendrás con nosotros.
-Pero...
no he estado en Delfos desde que tenía nueve años...
-¿Y?
Afrodita
miró con odio a MM.
-Esto
lo vas a pagar, ¿sabes?
MM
empezó a reír a carcajadas, como si aquella amenaza fuera un chiste.
-Quizá
deberíamos quedarnos aquí –le dijo Jabu a Shun en voz baja-. No estoy seguro
de querer ir a ningún lado con ese par de dementes y el sujeto que casi
consiguió que Poseidón matara a la señorita Saori...
-¿Y
qué podemos hacer? No somos de utilidad quedándonos sentados...
-Ya
lo sé, pero...
-¿Qué
cuchichean ustedes dos? –preguntó Kanon, enarcando una ceja.
-No,
nada... señor –se apresuró a decir Jabu, aunque el “señor” no le quedó
muy convincente.
Kanon
pensó con amargura que aquello era como cuando empezó a entrenar a los que se
convertirían en los otros seis Generales Marinos... exactamente igual que
lidiar con niños de preescolar...
Isla
Citeres
Harmonía
contempló el cielo durante un largo rato, suspirando tristemente. No muy lejos
de ahí, Deimos la miró con curiosidad.
-¿Y
ahora qué va mal, hermanita?
-No
me gusta la idea de que Eros y Anteros se hayan ido de nuevo a ese lugar...
Asgaard. Temo que suceda algo aquí antes de que estén de regreso y tenemos que
proteger las joyas... Estoy segura de que nuestra madre atacará con todas las
fuerzas de las que pueda disponer.
Deimos
empezó a reír a carcajadas.
-¿Fuerzas,
nuestra madre? ¡Si éramos nosotros los que la defendíamos cada vez que se metía
en enredos! ¿A quién podría acudir para detenernos?
-¡No
es un chiste! –dijo Harmonía, enojada-. Hemos roto un equilibrio, un mal
equilibrio, pero un equilibrio al fin y al cabo, el universo tendrá que
responder con violencia a la violencia que hemos empleado, sólo así se
restaurará la Armonía.
-Mi
querida hermana. El equilibrio del que tanto te preocupas nunca ha sido otra
cosa que una ilusión. Jamás existió y jamás existirá. Te quiero mucho,
linda, pero tu idea de armonía cósmica es tan inútil y estorbosa como la
“h” intercalada.
-Me
espantas, Deimos –dijo Harmonía con acritud.
-¡Brindo
por eso! –sonrió Deimos-. Significa que al menos yo sí hago lo que me
corresponde.
Delfos
Luego
de arribar al puerto de Itea, en el Golfo de Corinto, cinco hombres emprendieron
el camino de la Vía Sacra para ascender a la zona del Oráculo de Delfos, en
las faldas del Monte Parnaso.
Dos
de ellos llevaban (como si se tratara de mochilas) una urna dorada cada uno,
otros dos (los más jóvenes del grupo) llevaban cada uno una urna de bronce
(también como si se tratara de mochilas) el quinto llevaba una mochila (azul,
por más señas).
Como
ya habrá adivinado el lector, se trataba de MM, Afrodita, Shun, Jabu y Kanon.
Shun
iba leyendo en voz alta un folleto de información turística.
-“En
el siglo VI a. C., Creso, rey de Lidia envió a preguntar al Oráculo si le
convendría el declararle la guerra a Ciro de Persia, a lo cual le respondió la
Pitia que si iniciaba esa guerra destruiría un gran imperio...”
-Y
la Pitia tuvo razón, ya que el gran imperio destruido fue el de Creso, que
perdió la guerra –dijo Afrodita.
-Eso
sí que debe haber sido una sorpresa desagradable para él –comentó Jabu.
-Hubo
muchas sorpresas por ese estilo, como cuando los lacedemonios preguntaron si
podrían conquistar Arcadia y la Pitia les respondió que no, pero que podrían
medir toda la llanura de Tegea. Los lacedemonios invadieron Tegea y sí la
midieron... encadenados, cuando fueron vencidos. Para más humillación, las
cadenas que tuvieron que cargar fueron las mismas que habían llevado ahí con
la intención de usarlas en los habitantes de la región y luego fueron
conservadas como un testimonio, durante muchos años, en el templo de Atenea
Alea.
-¿Las
respuestas de la Pitia siempre son tan ambiguas? –preguntó Kanon, intrigado.
-Sí
y no.
Como
Afrodita no añadió nada más, Shun continuó leyendo.
-“La
Vía Sacra ascendía con sus revueltas por el monte Parnaso hasta alcanzar el
magnífico santuario de Apolo. Había un teatro de mármol blanco, un estadio
con 7000 plazas, un gimnasio, y una serie de pequeños templos llamados tesoros
y edificados para albergar las ofrendas con que los diferentes Estados agradecían
a Apolo las predicciones obtenidas.
“Entre
todos ellos destaca el de los atenienses, cubierto de inscripciones con la
gloria de Atenas y agradecimientos de sus pobladores al oráculo. Fue construido
poco después de la victoria contra los persas en la batalla de Maratón (490
a.C.) y reconstruido pieza a pieza a principios del siglo XX.
“Del
templo de Apolo apenas se conservan algunas columnas. Fue reconstruido en 546 y
373 a.C. tras haber sido destruido por un incendio y un terremoto. En su
interior operaba la pitonisa, aunque no se sabe exactamente dónde, y no se ha
encontrado la famosa grieta de la que provenían los vapores sagrados.”
-Eso
es porque el Oráculo nunca estuvo en el templo de Apolo... está un poco
escondido el lugar... –murmuró Afrodita mientras miraba a su alrededor
tratando de orientarse-. Hum, por aquí –añadió, abandonando la Vía Sacra-.
Lo que sucede es que el Oráculo no pertenecía originalmente a Apolo. En un
principio sólo Gea tenía el privilegio de revelar el futuro, luego le cedió
ese derecho a Poseidón y finalmente Apolo se adueñó del Oráculo al matar a
la serpiente Pitón, que era la guardiana del lugar. En todo caso, habría sido
un irrespeto a Gea si Apolo además de apoderarse del Oráculo por la fuerza
hubiera construido sobre él un templo en su propio honor, así que lo dejó
como estaba e hizo su palacio oficial en la cima del Parnaso, dejó que los
mortales construyeran las ruinas que están más adelante y el Oráculo original
permaneció oculto, como corresponde a un misterio que pertenece por derecho a
la diosa Madre, aunque lo administre una divinidad más joven. Ah, ya encontré
el camino... Cielos, esto ya casi no se parece a lo que recuerdo.
El
sendero por el que los guió Afrodita no había estado en uso en mucho tiempo,
incluso había desaparecido en varios trechos, pero al final el Caballero de
Piscis logró llegar hasta la entrada de una cueva, el paso era tan estrecho y
estaba tan disimulado por hierbas y arbustos que resultaba difícil imaginar que
ahí había una cueva, pero una vez dentro se descubría que era una sala muy
espaciosa; la gruta original había sido ampliada por los sacerdotes y su centro
lo ocupaba una fuente de mármol que marcaba el nacimiento de una corriente de
agua.
-Esta es la auténtica fuente Castalia –anunció Afrodita.
Kanon
miró inquieto la fuente, más bien le recordaba el spa de Saga en el Palacio, y
además bloqueaba el acceso a la siguiente sala.
-¿No
es un lugar un tanto incómodo para colocar una casi piscina? –preguntó Jabu.
-Es
por el ritual. Los que vienen a consultar al Oráculo primero deben purificarse
en las aguas sagradas de la fuente.
-Espera
un segundo –dijo MM-. ¿Qué entiendes tú por “purificarse”?
Afrodita suspiró.
-¿Tú
qué crees, Máscara? Hay que sumergirse completamente en el agua al menos una
vez. Bañarse, si quieres que lo diga con todas sus letras. Es la tradición. ¿Por
qué ponen esas caras? Si quieren que lo dejemos así, y regresemos al
Santuario, me parece bien...
Kanon
comprendió que el asunto estaba a punto de escapársele de las manos y empezó
a considerar seriamente la posibilidad de arrojar a Afrodita al agua con todo y
la urna de la armadura de Piscis. Con algo de suerte, se ahogaría y tendría un
problema menos de qué preocuparse...
-¡Mi
pequeño!
Un
hombre anciano había aparecido del otro lado de la piscina y parecía realmente
feliz de ver al Caballero de Piscis, cosa que sorprendió bastante a los otros
cuatro.
-¡Heródoto!
–exclamó Afrodita.
-¿Qué
estás haciendo ahí parado, mi pequeño? ¿Ya te olvidaste de la entrada
secundaria?
-¡Ah,
sí, por supuesto! –dijo Afrodita, en un tono tan perfectamente inocente que
los demás no pudieron nunca estar seguros de si su intento por obligarlos a
cruzar la fuente había sido o no un intento de burla.
El caso es que había una puerta empotrada en una de las paredes rocosas y perfectamente disimulada que conducía a un corredor paralelo a la fuente. Heródoto estaba esperándolos del otro lado.
Citeres
Harmonía
saludó con solemnidad a Eros y Anterosque acababan de regresar del segundo
viaje a Asgaard. Esta vez volvían acompañados por Bud y Cid.
-Bien,
aquí los tienes, hermana –dijo Eros-. Dos Guerreros Divinos de Asgaard que
nos ayudarán a proteger las armas sagradas de nuestra madre.
-¿A
cambio de qué? –preguntó una voz irónica.
Harmonía
volteó a mirar a su hermana Eris con un gesto de reproche. ¿Siempre tenía que
estar metiendo cizaña?
-Oh,
ya lo verás –contestó Anteros sin parpadear siquiera-. Me parece que es un
precio muy bajo por el servicio que están a punto de prestarnos...
-De
haberlo sabido, habría pedido algo más –murmuró Bud.
Delfos
Para
cuando terminaron las presentaciones y Afrodita pudo explicarle a Heródoto a qué
se debía su presencia en Delfos, ya habían llegado cuatro o cinco sacerdotes más
y unas tres sacerdotisas. Nadie ahí parecía tener
Heródoto
notó las miradas intrigadas de los otros caballeros y sonrió amablemente.
-Es
todo un placer ver caras jóvenes después de tanto tiempo. Ser los guardianes
de Delfos es el máximo honor de nuestra Orden y sólo se alcanza después de
treinta años de servir fielmente a nuestro Amo. Lu... Afrodita ha sido el único
niño al que se le ha permitido vivir aquí en los últimos milenios.
Jabu
habló antes de detenerse a pensarlo.
-No
lo entiendo, Piscis, si aquí sólo hay ancianos... ¿de dónde saliste tú?
-La
cigüeña me trajo de París –contestó Afrodita, completamente serio.
Heródoto
estalló en carcajadas.
-Ah,
mi niño, es maravilloso ver que aún conservas ese sentido del humor.
-Oh,
sí –apoyó MM-. Afrodita es una fuente constante de risas.
-En
cuanto a tu pregunta –dijo Heródoto, dirigiéndose a Jabu-, Afrodita nació
en el palacio de Apolo, ahí es donde encontrarás a la parte joven de nuestra
Orden, además de las Musas y algunas personas extraordinarias...
-¿Ahí
es donde está la guardia personal de Apolo? –preguntó MM, repentinamente
serio.
-El dios de la Luz, las Ciencias y las Artes no tiene guardia personal –dijo otro anciano, que acababa de llegar-. No necesita defensores puesto que se basta a sí mismo.
-Ah,
jóvenes, este es Lucano, gran sacerdote de Delfos... –empezó Heródoto.
-Afrodita
de Piscis, es demasiado el descaro que muestras al presentarte aquí. Tú y tus
compañeros de armas son una ofensa en este lugar sagrado.
Los
otros ancianos parecían muy sorprendidos por la actitud de Lucano, y Kanon
advirtió intrigado que la palidez de Afrodita era notoria, a pesar del
maquillaje.
-Si
soy una molestia, será mejor que me marche –murmuró, dirigiéndose hacia el
pasadizo-. Lamento haberte disgustado.
-¡Un
momento! –exclamó otro de los ancianos-. Lucano, siempre he dicho que eres un
viejo cabeza dura y ahora acabo de confirmarlo. Hablas de este niño como si
fuera un traidor, ¿acaso no recuerdas que nos fue arrebatado?
-Cierto
–apoyó una anciana-. Es una vergüenza que lo recibas así cuando por fin lo
han autorizado a visitarnos.
-Y
además, ha venido buscando ayuda –añadió Heródoto-. No podemos rechazar a
los que acuden a consultar al Oráculo.
Lucano
retrocedió un poco.
-No
es día siete –sentenció-. No se puede consultar al Oráculo en fechas no
propicias...
-Ah,
tonterías –protestó la más vieja de las sacerdotisas-. El Oráculo hablará.
¿Qué más da que sea otra fecha? ¿Hace cuánto que no se recibe una mísera
consulta? Deja que los muchachos hagan sus preguntas.
Lucano
sonrió fríamente.
-Está
bien, parece ser que han cerrado filas en mi contra. Como quieran. Presenten sus
consultas al Oráculo, y tú, Epónime, realiza las labores de Pitia, como te
corresponde por ser la sacerdotisa de mayor rango, pero... y quiero que me
pongan atención en esto... NINGUNO de ustedes tiene permiso de interpretar las
palabras del Oráculo.
Los
demás sacerdotes protestaron ruidosamente, pero Lucano se mantuvo firme.
-¡He
sido demasiado generoso ya, puesto que no he avisado al Parnaso para que echen
de aquí a estos indeseables! –sentenció, mientras se marchaba.
-¿Y
qué fue todo esto? –preguntó MM.
Afrodita
parecía abatido.
-Podemos
hacer nuestras preguntas y recibiremos una respuesta... pero... el problema es
que lo que dice la Pitia durante el trance sagrado es completamente
incomprensible a menos que lo traduzca un sacerdote. Y Lucano acaba de prohibir
que nos den una traducción.
-Oh,
ratas –murmuró MM-. ¿Y de qué nos sirve un mensaje cifrado?
-Igual
podemos marcharnos sin el mensaje en cuestión –sugirió Afrodita-. Vámonos
ya...
-Tienes
mucha prisa, mi pequeño –comentó Heródoto, acariciándose la barba-. Los
que estamos bajo las
-¿Ah,
sí? ¿Cuál?
-Que
te encargues tú de interpretar el Oráculo. Si mal no recuerdo, tienes el don.
Y yo debería saberlo, puesto que fui tu maestro.
-...
Temía que dijeras eso.
-¿Podrás
hacerlo? –preguntó Kanon.
Afrodita
sólo inclinó la cabeza y no respondió.
Chipre
La
diosa Afrodita dejó de cepillarse el cabello y apoyó la barbilla en la palma
de la mano mientras contemplaba a través de una esfera de cristal la escena que
se realizaba en Delfos. Apenas podía creer la ingenuidad de Heródoto al
sugerir que el Caballero de Piscis hiciera las veces de intérprete.
Cierto,
había contado precisamente con que Heródoto sugeriría algo así, pero de
todos modos se sorprendía un poco de lo fácil que resultaba manipular a los
humanos. Y eso que no había practicado en varios siglos.
Cuando
Piscis hiciera el intento, Apolo detectaría su presencia en Delfos y Afrodita
estaba dispuesta a apostar las manzanas de oro de las Hespérides a que no
resistiría la tentación de tratar de averiguar lo que pasaba. Con lo cual
rompería el juramento que había hecho, en virtud del cual sólo podía visitar
al niño en un terreno neutral y bajo la supervisión de ella.
Con
que Piscis y Apolo estuvieran un segundo en el mismo lugar, ella tendría
suficiente como para acudir ante el propio Zeus y demandar que Apolo fuera
despojado de sus privilegios como dios de la Profecía. Delfos cambiaría de
manos por cuarta vez y se convertiría en el nuevo Santuario de la diosa del
Amor y la Belleza.
Y
todo porque Apolo era terriblemente predecible.
Una
vez que hubiera triunfado ahí y teniendo la Orden de Apolo bajo su mando, no le
sería muy difícil recuperar sus armas sagradas, dondequiera que los traidores
de sus hijos las hubieran ocultado.
-Esto
sin duda no podías preverlo, ¿verdad, dios de la Profecía? –sonrió la
diosa mientras hacía cambiar la escena que aparecía en la esfera de cristal,
ahora era el interior del palacio de Apolo lo que podía verse, y ahí estaba
Apolo, afinando su lira, completamente ignorante de que el cielo esta a punto de
caer sobre su cabeza.
Continuará...

Notas:
Ixión:
eh... pues confieso... el nombre de
Ixión de Cáncer no lo saqué de ningún libro de mitología sino de
Rosas blancas, rosas rojas, hojas de laurel: hasta donde sé, la rosa blanca simboliza amor puro, y las flores blancas en general simbolizan pureza de cuerpo y alma. Recuerdo haber leído que las víctimas de sacrificios eran adornadas según el tipo de sacrificio y en el caso del Vellocino de Oro, Frixo y su hermana Heles fueron coronados con rosas blancas por ser niños inocentes. Las rosas son emblema de Afrodita, particularmente las rosas rojas, que simbolizan el amor apasionado... aunque en este fic, Afrodita (el Caballero) les da un significado diferente. El laurel es el árbol sagrado de Apolo.
Delfos: la información sobre Delfos la obtuve en diversos sitios de la red (es más que todo un pequeño rompecabezas), los datos sobre la consulta de Creso y la consulta de los Lacedemonios los extraje de "Los nueve libros de la historia", de Heródoto.
Originalmente, las consultas al Oráculo de Delfos sólo podían realizarse una vez al año, el siete de febrero, fecha del cumpleaños de Apolo. Cuando el número de visitantes aumentó demasiado, se amplió esto a nueve veces al año, siempre en día siete. La Pitia trabajaba en esas fechas propicias luego de un ritual de purificación y siempre había dos sacerdotisas más listas para reemplazarla en cualquier eventualidad. Los sacerdotes debían tener al menos treinta años de experiencia en el culto del dios antes de que se les permitiera servir como intérpretes del Oráculo, antes de eso se dedicaban a labores menores en el templo, pero también se les permitía dar consejos a los visitantes.