Secretos de Sol
Un fic de
Jenny (J.P.)
La idea original es de
Myly-chan
Cardcaptor Sakura no me pertenece ni me pertenecerá nunca, es de las
genias que se hacen llamar CLAMP y las empresas asociadas a su producción y distribución. Yo sólo estoy tomando prestado sus personajes para
contar una historia que no quería dejarme en paz a menos que la
escribiera...
Sakura Kinomoto ostentó despreocupadamente sus catorce años mientras
leía un libro recostada en su cama y sacudía las piernas en el aire.
Aire que estaba repleto de pitidos y la irritante musiquita de un videojuego.
-"Kero, ¿Hasta cuándo piensas jugar a eso? No has hecho otra cosa
en toda la tarde."-
En efecto, el guardián de las cartas se encontraba inmerso en una partida de "Subterránea IV: El regreso del Gollem", un juego que le
había regalado Sakura esa misma tarde en conmemoración del cuarto aniversario de la rotura del sello, y empezaba a arrepentirse de haberlo hecho. La
música del juego en cuestión parecía haber sido compuesta por un músico no muy talentoso que hubiera tratado de reproducir sin mucho éxito el
ruido producido por un montón de gatos encerrados en una bolsa a la que
alguien le estaba propinando patadas.
-"Cualquiera pensaría que el guardián de las cartas emplearía su
tiempo en algo más constructivo."-
Kerberos, totalmente ajeno a las palabras de Sakura, apretaba botones en el control a la
velocidad del rayo, mientras sonreía de oreja a
oreja.
-"¡¿Kero, estás escuchándome?!"-
El grito de Sakura fue inmediatamente seguido por el sonido de una explosión y un cartel de "Game Over" en la pantalla.
-"¡¡Nooooo!! Mi juego... ¡¡Y me faltaba tan poco para pasar al
nivel sieteeee!!"-
-"Te lo tienes merecido por no prestar atención. ¡Te estaba
hablando, Kero!"-
Lo cual no privó al guardián más poderoso de los ojos dorados de echarse a patalear en el piso, acompañando la acción de abundante llanto y quejidos.
-"¿Siempre tienes que ser tan ruidoso, Kero?"-
-"¡Es que este juego es difícil! ¡Y ya casi conseguía pasar al
nivel siete!"-
-"Eso ya lo dijiste."- Dicho lo cual, Sakura volvió a la
lectura de su
libro. La curiosidad pudo más que Kero, y de inmediato se encontró volando y mirando al libro por sobre el hombro de Sakura.
-"¿Qué estás leyendo?"-
-"Un libro que saqué de la biblioteca de mi papá. Es sobre mitología
griega... me llamó la atención por la tapa. Y resultó ser muy
interesante. Es como una gran novela mezclada con fantasía."-
Kero sonrió y se cruzó de brazos y piernas en el aire.
-"¿Sabes que esa fue la misma impresión que me dio a mí cuando
Clow me hizo estudiarla?"- Kero se quedó unos instantes mirando por sobre el
hombro de Sakura, con la intención de tratar de averiguar qué parte
estaba leyendo. Pero de inmediato abandonó la empresa. Demasiados kanji.
Sakura volteó la hoja, y dio una exclamación de asombro.
-"¡Mira, Kero! ¡Aquí hay alguien que tiene tu mismo nombre! ...o
mejor dicho, algo. ¡El perro guardián del infierno! ¡Y aparece una imagen! Es imponente... ¡Ya entiendo por qué Clow te puso ese nombre! La bestia que guarda a las cartas es casi tan impresionante como la bestia que
guardaba las puertas del infierno..."-
Pero si Sakura esperaba que Kero preguntara al respecto, o que se
asomara y se pusiera a leer con ella, se equivocó. Kero no hizo nada por el estilo; al contrario, hizo algo muy inusual en él: se quedó en silencio, quieto en su lugar.
Sakura elevó la vista del libro, para mirar con preocupación al guardián de las cartas.
-"¿Qué ocurre, Kero?"-
Kerberos, al verse interrogado, sacudió los brazos en el aire, riendo una risita nerviosa.
-"Nada, nada, no pasa nada, recordé algo que ocurrió hace mucho tiempo."-
Sakura se quedó mirándolo unos instantes más, pero luego regresó a la
lectura de su libro. Quería averiguar más sobre aquella bestia guardiana...
Al mismo tiempo, Kero voló de regreso a los controles del juego, eligió
"cargar la partida guardada", y mientras aparecía en la pantalla la
imagen de una ciudad subterránea hecha de piedra siendo atacada por un Gollem y el aire volvía a poblarse de los irritantes pitidos y música del
juego, su mente comenzó a pasar otras imágenes, muy distintas. Imágenes de hacia mucho, mucho tiempo...
Porque había algo que nunca le dijo a Sakura, algo en lo que prefería no pensar, mientras no fuera necesario. Y era que en un principio, de aquella bestia sólo había tenido el nombre...

La luz del sol penetraba a raudales por una enorme ventana a una sala de gran tamaño decorada con buen gusto. En el centro de la habitación había una silla de respaldo alto, donde estaba sentado un hombre de
pesadas ropas de extraños dibujos y lentes sostenidos sobre su nariz por una
finísima cadena. Su cabello, un poco más largo de lo normal, estaba
atado por una coleta y caía perezosamente desde su hombro.
Pero el largo de su cabello no se comparaba al de las otras dos personas que estaban en esa habitación. El cabello de ambos estaba suelto hasta el final de la espalda, desde donde caía atado en una coleta que
llegaba mucho más abajo de los pies, arrastrándose por el piso unos cuantos centímetros. Dos personas que hubieran podido pasar por gemelos, pero con la diferencia que el cabello del primero era de un color blanco que se veía plateado a la luz, y el del segundo, rubio con reflejos anaranjados cuando la luz lo tocaba. Vestían trajes casi idénticos entre sí con adornos que se asemejaban a los de la persona sentada, pero el traje de uno era de colores pálidos en escala de azules y grises, y el del otro de colores brillantes, en escala de rojos y naranjas.
Lo que parecían ser cartas de alguna clase de baraja, flotaban
tranquilamente alrededor de la persona que estaba sentada en el sillón, con las
manos unidas por la punta de los dedos y una sonrisa suave en los labios.
De repente, aquella persona habló, como si simplemente continuara con una conversación que por alguna razón fue interrumpida, tan naturalmente
como si los conociera de toda la vida, si bien llevaban realmente poco tiempo allí.
-"Mi nombre es Clow Reed, y soy su creador."-
Las dos otras personas se quedaron varios segundos contemplándolo, como
tratando de digerir la información que acababa de serles dada.
La de cabello plateado muy claro se acomodó las ropas distraídamente, y
en un tono inexpresivo, preguntó.
-"¿Con qué propósito nos creó?"-
Quien estaba frente a ellos no borró de sus labios la sonrisa que llevaba.
-"Ellas..."- dijo, señalando con un movimiento de la mano a
las cartas que flotaban a su alrededor. -"Son las Cartas Clow. También son mi creación. Cada una tiene propiedades que las hacen únicas, y una
personalidad propia."- hizo una pausa, y luego continuó. -"No todas
ellas son muy
dóciles; algunas son bastante rebeldes. Necesitan guardianes. Es por eso que los creé. Tú, el guardián cuyo símbolo es la luna, Yue. Y tú, del
símbolo del sol, Kerberos."-
La otra figura se rascó pensativamente la cabeza, y luego sonrió, echando a un costado su cabellera rubia.
-"Me gusta ese nombre. ¿Qué significa?"-
-"El Cancerbero era el guardián del infierno en la mitología
griega, se encargaba de que nadie que no estuviera permitido ingresara, ni nadie que ya estuviera dentro se pudiera ir. Era una bestia, un gran perro de tres cabezas, por lo que no era posible burlarlo fácilmente... a menos que se atacara su punto débil."-
El guardián llamado Kerberos dio una vuelta sobre sí mismo, inspeccionándose, y luego, sonriendo a su creador, pasó una mano por su
cabello, adoptando una pose que en su opinión resaltaba sus cualidades, pero que
en la realidad se veía bastante poco favorecedora.
-"Pues yo no me veo precisamente como una bestia. Ninguna bestia
mitológica hubiera podido compararse a mi sobrenatural belleza."-
-"Ni tampoco a tu ego."- El guardián de la luna cerró los
ojos, de color violeta, y se cruzó de brazos.
-"¿¿Qué dijiste?? ¡¡¡Repíteme eso!!!"- El guardián del
sol no se veía precisamente solemne en ese instante.
El mago Clow no pareció darle mucha importancia a este intercambio de
palabras, puesto que siguió hablando, como si no hubiera habido una
interrupción en lo absoluto.
-"Por otra parte, Yue es el nombre de la luna en chino."-
El guardián de la luna no contestó, simplemente se quedó allí, de
ojos cerrados, haciendo oídos sordos a Kerberos, quien comenzaba a enumerar unas cuantas razones por las que le parecía que Yue no podía opinar
respecto a su persona.
-"...y por
si fuera poco, no tienes ni una pizca de estilo!! ¡¡Sólo te quedas ahí
quieto, sin decir ni media palabra...!!"- pero en ese entonces, su voz
perdió volumen hasta llegar a la nada, y el puño que agitaba furiosamente
en el aire en dirección a Yue perdió impulso, quedando moviéndose
suavemente, casi por inercia. Su rostro se endulzó considerablemente,
mientras el destello de la incertidumbre brillaba en sus ojos dorados.
-"...Amo
Clow..."-
-"¿Dime,
Kerberos?"-
-"¿Qué es
ese aroma tan deliciooooso?"- para esas alturas, el rostro de Kerberos
había abandonado por completo los rasgos de la furia, y en su lugar una
resplandeciente sonrisa hacía acto de presencia.
El mago Clow se
rió suavemente antes de contestar.
-"Lo que
puedes oler es un pastel que dejé horneando. En cualquier momento estará
listo. Lo comeremos en el té."-
-"¡¡¡¡¡Yuuuuuuupiiiiiiiiii!!!!!!!! ¡¡¡¡¡Pastelpastelpastelpastel!!!!!!"-
Con esas
palabras, el guardián cuyo símbolo era el sol desplegó unas hermosas
alas doradas y ensayó un vuelo corto en dirección al lugar de donde
provenía el aroma, desapareciendo de la vista a través de unas altas puertas.
El mago Clow se
quedó sentado en su sillón, riéndose en voz baja.
Yue abrió los
ojos y se encontró con la mirada de Clow.
-"Amo
Clow."-
-"Dime,
Yue."-
-"¿Cuál
era el punto débil del Cancerbero?"-
-"La comida.
Se podía pasar a través del guardián del infierno dándole de comer. Le
fascinaban los pasteles."-
Dichas estas
palabras, Clow se puso de pie y siguió a Kerberos, caminando con pasos
tranquilos, pero no sin soltar de vez en cuando unas pequeñas carcajadas.

Un jardín muy
bello lucía sus colores primaverales en todo su esplendor en las primeras
horas de la mañana. El sol acariciaba delicadamente los pétalos de
incontables flores, mientras unas pocas nubes se alejaban con lentitud en
el horizonte.
Un árbol de
cerezo de muchos años desplegaba sus ramas al sol, dejando acariciar sus
hojas por la calidez que anticipaba un día de clima excepcionalmente
agradable.
Sentados usando
el tronco de aquél árbol como respaldo se encontraban el Maestro de las
Cartas Clow, y uno de sus guardianes, aquél cuyo símbolo era la luna.
-"¡¡Mago
Clooooooww!! ¡¡¡¡Mírame!!! ¡¡¡¡Ya estoy poniéndome bueno en esto!!!!
¡¡¡Jáh!!!"-
El otro
guardián, que en esos momentos estaba volando enérgicamente, realizó un
par de acrobacias bastante complejas que incluían giros repentinos y
maniobras de dificultad variable, y finalizó con una picada a toda
velocidad, rota a apenas unos centímetros del suelo.
-"¡¡Yue!!
¿Qué me dices a esto? ¡¡¡Te reto a una carrera!!! ¡¡¡A ver quién
puede dar cincuenta vueltas a la mansión en menos tiempo!!!"-
Pero Yue no
movió un músculo. Permaneció sentado, y no respondió ni siquiera cuando
Kerberos se acercó más de la cuenta, para gritarle con todo gusto a la
cara.
-"¡¡Al
menos dí que no, amargado!! ¡Tú nunca quieres volar conmigo! ¡¡Las
alas son para usarse, no para adorno, como las tuyas!!"-
-"No puedes
culpar a Yue, Kerberos."- El mago Clow sonrió amablemente y torció
la cabeza hacia un lado, en un gesto amigable. -"Su carácter es muy
distinto al tuyo; él simplemente no disfruta de las mismas cosas que
tú."-
-"¡¡Pero
yo quiero volar con alguien!! ¡Me aburro volando yo solo!"-
Kerberos se
cruzó de piernas en el aire, y apoyó su mentón en una de sus manos.
-"¿Quieres
un compañero de juegos, Kerberos?"- el mago Clow se rió en una voz
muy baja. -"¿Ya has pensado en pedirle a alguna de las cartas? A algunas
de ellas también les gusta jugar."- En el momento en que dijo eso,
las cartas salieron de su bolsillo y comenzaron a flotar a su alrededor,
como era su costumbre.
-"¿Pero
cuál querría jugar una carrera de vuelo conmigo?"-
El rostro de
Kerberos nunca adquirió una expresión que se asemejara tanto a un puchero
como aquella.
-"¿Has
pensado en Fly?"-
El rostro de
Kerberos se iluminó, mientras una de las cartas cambiaba hasta adquirir la
apariencia de un ave de tamaño considerable, que dio un grito agudo que
sonaba juguetón y se lanzó a vuelo rápidamente.
-"¡Hey!
¡¡Espérame!! ¡¡¡No se vale, tú saliste con ventaja!!!"-
Por la velocidad
a la que salieron volando carta y guardián, se creó una corriente de aire
muy fuerte que provocó que algunas de las flores de allí perdieran sus
pétalos. Uno de esos pétalos aterrizó justo en la nariz de Yue, quien no
pudo reprimir un estornudo.
Mientras se
frotaba la nariz masculló algo que sonó sospechosamente como '...tan
infantil...'
Clow se rió en
voz baja por millonésima vez en esa hora.
-"Ahora eres
tú el que olvida que el carácter de Kerberos es muy diferente al tuyo. Le
cuesta mucho esfuerzo quedarse quieto. No...le resulta imposible. Si a ti
te cuesta expresarte, a él le cuesta refrenarse."-
Pero las últimas
palabras no pudo oírlas Yue, porque Kerberos y Fly acababan de pasar
volando a toda velocidad, ahogando la voz de Clow.
Yue esta vez
terminó con el cabello completamente desordenado, con algunas mechas que
se desprendieron de su peinado tapándole los ojos.
Clow se rió
nuevamente, y alargó una mano para apartar con suavidad las mechas de
cabello del rostro de Yue.
-"Creo que
tenemos que hacer algo al respecto, antes de que terminemos hechos un
desastre por el juego de Kerberos y Fly, ¿eh? ¡Shield!"-
Una luz los
rodeó a ambos, y para la próxima vez que pasaron volando el guardián y
la carta, no les afectó en lo absoluto.
Poco más tarde
se pusieron de pie y caminaron hacia la casa, con Kerberos y la carta Fly
pasando a vuelo rasante por sobre sus cabezas, pero con la ayuda de la
carta Shield casi ni lo notaban.
Ya de regreso en
la sala, Clow Reed se sentó en su silla favorita, pero Yue permaneció de
pie. Shield volvió a su forma de carta y flotó hasta el bolsillo del mago
Clow, donde se reunió junto a las otras cartas. A través de los
ventanales era posible ver al guardián y a la carta que aún seguían
inmersos en su carrera. Fly llevaba la delantera.
Yue se acomodó
los pliegues de su ropa y se quitó un pétalo que se había quedado
enredado en su cabellera.
-"¿Es
correcto que hagan estas cosas, Mago Clow? ¿No temes que llegaran a
escaparse?"-
-"No corren
ningún riesgo, Yue. Fly es muy dócil, y Kerberos muy leal como para
intentar algo así. No se alejarían demasiado. Y aún si se escaparan,
tengo plena confianza en que regresarían pronto."-
Clow iba a
agregar algo más, pero su conversación fue interrumpida cuando entró a
la sala Kerberos, de brazos cruzados, discutiendo acaloradamente con la
carta Fly, que se había reducido a un tamaño mucho más discreto y piaba
triunfante desde su puesto en el hombro del guardián.
-"¡¡No se
vale!! ¡¡Hiciste trampa!! ¡¡Saliste antes!! ¡¡Exijo la revancha!!"-
Yue meneó
sombríamente la cabeza.

Una figura estaba
de pie en una biblioteca prácticamente tapizada de libros, mientras en el
exterior el atardecer se llevaba lentamente los colores del día y los
reemplazaba por la palidez de la noche.
En los lomos de
los libros podían verse títulos en diversas lenguas, algunas de las
cuales habían dejado de ser habladas hacia miles de años.
Unos cuantos ni
siquiera tenían título.
La figura
prestaba realmente poca atención al hecho de que hubiera escasa luz en el
ambiente, porque no hacía ningún esfuerzo por prender siquiera una vela.
De hecho, parecía no estar interesado en ningún agente externo, dando la
impresión de no haberse movido de ese lugar en horas.
Las manos que
sostenían el libro temblaban ligeramente. Tenía la vista clavada en una
ilustración de las páginas interiores, y sus labios estaban tan apretados
que se habían puesto pálidos.
-"¿En la
biblioteca, Kerberos? Es inusual encontrarte aquí."-
Una segunda
persona había ingresado a la habitación, llevando un candelabro con velas
encendidas. Una cálida sonrisa bailaba en los ojos detrás de los lentes,
mientras pies silenciosos cruzaban la habitación con paso lento en
dirección a la figura del cabello dorado.
-"La cena
estará lista en cualquier momento. Puedes llevar el libro si quieres, y lo
terminarás de leer luego de cenar."-
Pero el guardián
solar no dio signos de haberlo escuchado. Sólo siguió mirando al libro, y
habló, en una voz inusualmente amarga.
-"¿Éste es
el Cancerbero? ¿Este monstruo?"-
-"No
necesariamente, pero así era como se lo imaginaba el dibujante de turno,
Kerberos. El guardián del inframundo bien podría haber sido completamente
diferente."-
-"¿Así es
como me ves? ¿Es por eso que me diste este nombre? ¿Soy un monstruo a tus
ojos?"-
-"¿Crees
que haría tal cosa, Kerberos? Por supuesto que no lo eres."-
-"¡No te
hagas el inocente!"-
Los ojos
abandonaron la ilustración del libro para lanzar una mirada llena de furia
y resentimiento que parecía lanzar llamaradas hacia el mago Clow.
Pero éste no
contestó, ni tampoco abandonó la sonrisa su rostro.
-"Me pusiste
el nombre de un monstruo. Una bestia horrible. Pero a él... a él le diste
un nombre hermoso, poético. ¿Crees
que no sé por qué?"-
-"Kerberos..."-
-"Él es el
preferido, ¿verdad? Él nunca hace los trabajos pesados. A él no le
exiges nada. ¡Puede estarse todo el día sin hacer nada, pero si algo
surge, soy yo quien debe remediarlo! Y si necesitas conversar con alguien...
¡Él es el elegido, por supuesto!"-
-"Kerberos,
escúchate a ti mismo, podrías arrepentirte de lo que dices. No te dejes
cegar por la furia."-
La sonrisa no
había abandonado completamente los labios del mago, pero pareció apagarse
momentáneamente, y sus ojos mantenían una mirada amable, aunque
preocupada.
-"¿Cegarme?
¡¿Cegarme?! ¡Nunca tuve los ojos más abiertos! ¿Crees que no me doy
cuenta de la manera en que lo miras? ¿La manera en que te diriges a él?
Yo no soy nada más que un estorbo, ¿verdad? A mí me creaste primero...
¿Pero resultó muy infantil tu primera creación, Clow? ¡Por supuesto que
no quedaste satisfecho con tu primer intento! ¡Y luego lo creaste a él!
¿Corregiste en él los errores que habías cometido la primera vez, Clow?
¿Cómo pudiste? ¿Cómo pudiste burlarte de mí de esta forma? Siempre te
gustó reírte de los demás. Pero esta broma fue demasiado lejos."-
-"No es una
broma, Kerberos. No esto."-
-"¿Cómo lo
justificas, entonces? No tiene justificativo."-
Clow no
respondió, sólo mantuvo la mirada de Kerberos en silencio, y cuando el
guardián volvió a hablar, lo hizo en un tono de voz mucho más bajo, pero
aún así perfectamente audible.
-"Lo
sabías, ¿verdad? ¿Lo que ocurriría? Todo este tiempo... ¿Sabías lo que
sentía por ti?"-
Clow asintió en
silencio, su mirada triste pero aún así cálida.
-"¿Entonces
por qué callaste? ¿Por qué me dejaste sufrir todo este tiempo, sin
decirme nada? ¡¿Por qué?!"-
Al decir estas
últimas dos palabras, arrojó con fuerza el libro hacia el piso alfombrado
de aquella biblioteca, y sus ojos centelleantes condensaban al mismo tiempo
la furia y el dolor de un corazón herido al mirar a los ojos a su creador
y dueño.
-"¿Por qué
me diste un corazón... si ibas a romperlo?"- Desvió la mirada
bruscamente, fijándola en el libro tirado en el suelo, ahora medio deshojado.
Su mirada quedó oculta por su cabellera dorada, pero aún así era posible
ver el dolor que se reflejaba en su rostro. -"Hubiera preferido no tener la
capacidad de amar, o al menos saber que jamás podría tener esperanzas,
que pensar que alguna vez podría... sólo tal vez... ganar el corazón de
aquella persona que es especial para mí. Pero si el corazón de aquella
persona ya está tomado... ¿Qué sentido tiene amarla? Si es por eso,
prefiero perder toda posibilidad de amar, por completo."-
-"Kerberos,
sabes que no puedo hacer eso."-
-"Oh, sí
que puedes."- Volvió a mirar al mago Clow, con resentimiento. -"Tú
nos creaste, tú puedes destruirnos. ¡Tú nos diste sentimientos, tú puedes
quitárnoslos! Te pido que lo hagas conmigo. Que me quites el corazón que
me diste sin consultarme primero."-
-"Tienes
razón, podría hacerlo. Pero no lo haré. Los sentimientos que albergan
sus corazones son demasiado hermosos... No quiero quitárselos, y no lo
haré, aunque me lo pidas."-
-"Mientras
Yue y yo seamos tan parecidos, siempre tendré esta absurda esperanza... la
duda... de que podría haber sido yo el elegido. Ya es demasiado cruel
tener que presenciar cuando se cruzan sus miradas, y saber lo que
significan, y saber que en el lugar de Yue podría haber estado yo."-
Su mirada se endureció entonces, su voz volviéndose fría. -"Mago Clow,
me nombraste como una bestia. ¡Entonces termina con lo que empezaste, y
conviérteme en una!"-

-"¡¡¡Kero!!!
¡¡¡¡Kero!!!! ¡¡¡¡Despierta, Kero!!!!"-
Kerberos, el poderoso
guardián de las anteriormente llamadas Cartas Clow, ahora pertenecientes a
Sakura Kinomoto, se despertó bruscamente, actualmente en su forma de
pequeño muñeco amarill... en su forma falsa.
-"¿Qué ocurre,
por qué me despiertas tan temprano?"-
-"¿Temprano? ¡Ya es
muy tarde! ¡Kero, me sorprendes! ¡Normalmente eres tú el que se
despierta primero!"- Sakura puso los brazos en jarras unos instantes,
pero luego sonrió. -"Hoy hay una feria, e iré con Tomoyo, mi hermano
y Yukito. Por eso me levanté temprano en Sábado. Pensé que sabías."-
Se sentó frente a su espejo, arreglándose el cabello mientras tarareaba
una dulce melodía.
-"Me quedé
dormido."- el guardián cuyo símbolo es el sol se frotó los ojos con
rostro somnoliento, y luego se sentó, observando a Sakura mientras se
peinaba. Sin poder evitarlo, el sueño que había tenido volvió a su
mente. Sueño que no era otra cosa que recuerdos que se mantenían ocultos
en un rincón alejado de su mente, donde los había encerrado, en la espera
de poder olvidarlos. Recuerdos de su anterior dueño y creador. A quien
llamaba padre, pero que para él significaba mucho más.
Clow había cumplido. Había
mostrado un rostro inusualmente serio y triste, pero había accedido a su
petición, y lo había convertido a la forma que ahora llamaba real, pero
que no lo era. Sin embargo, no funcionó como él quería... Clow no lo
convirtió a la forma repulsiva que él esperaba, como se suponía que era
el Cancerbero por el cual había sido nombrado. No era ya humanoide, pero
seguía siendo una criatura bella, sólo que mucho más imponente, en la
forma de un hermoso león alado.
Pero aunque eso le
garantizaba el no tener ya esperanzas de que el amor que alguna vez pudiera
sentir fuera correspondido, no le impedía seguir amando. Su corazón
seguía siendo el mismo.
En un par de oportunidades,
tiempo más tarde, Clow le había preguntado si quería volver a su forma
inicial, pero había rechazado sus ofertas obstinadamente. Le tomó un buen
tiempo adaptarse a su nueva forma y aceptar que fue su orgullo lo que lo
llevó a eso, pero no se echó atrás jamás. Y al pasar el tiempo, pudo
permitirse volver a disfrutar de la vida, e incluso volver a sentirse
feliz, seguro... resignado. Pero claro, en cuanto comenzara a pensar que su
vida era perfecta, Clow saldría con algo como la carta Bubbles... Pero eso
lo mantenía a salvo, lo mantenía distraído y le impedía volver a
prestarle atención a lo que decía su corazón.
Corazón que pensó que nunca
podría volver a ser roto, pero fue así cuando Clow les informó que su
vida había llegado a su fin, y que deberían permanecer en el libro, hasta
que apareciera alguien digno de poseer las Cartas Clow y a sus guardianes.
No estaba muy seguro si Clow
lo había planeado así o no, pero cuando murió, lo único que lo salvó
de una terrible depresión fue su obligación como guardián de las cartas
Clow.
Cuando se quedó dormido,
finalmente exhausto luego de cientos de años, y las cartas se dispersaron,
pensó que su vida podía ir solamente de mal en peor. Pero se había
equivocado, porque gracias a ese evento fue que conoció a Sakura.
¿O debería decir que había
conocido a Sakura gracias al mago Clow? De haber sido así, tenía algo
para agradecerle. Contempló a Sakura en el espejo, y no pudo evitar
sonreír.
Sakura tenía grandes poderes
mágicos, pero no había sido eso lo que le había llamado tanto la
atención. Era su alegría de vivir, esa energía que la impulsaba hacia
delante, a pesar de todos los obstáculos. Siendo apenas una niña, había
sido capaz de atrapar todas las cartas Clow, demostrarle al juez Yue -ese
engreído niño mimado- que era digna de poseerlas, crear su propio báculo
y emblema, y cambiar todas las cartas Clow en cartas nuevas, pero que al
mismo tiempo seguían siendo las mismas.
Convirtiéndose en la Maestra
de las Cartas Sakura.
Y se preocupaba realmente por
el bienestar de ellas, y de sus guardianes.
El mago Clow lo llamaba hijo.
Sakura lo llamaba amigo.
-"¿Sakurita?"-
-"¿Qué ocurre,
Kero?"-
-"No cambies."-
-"¿Que no cambie? ¿Por
qué dices eso, Kero?"-
-"...por nada. Sólo no
cambies."-
-"Kero, estás muy
extraño hoy. ¿No te habrá hecho mal haberte quedado jugando a tu nuevo
juego hasta tan tarde?"-
-"Tal vez, pero ya me
falta poco para pasar al nivel catorce!!! ...y ya que vas a bajar...
¿Podrías decirle a tu padre si esta noche puede cocinar okonomiyaki al
estilo moderno? Los que hizo la otra vez estaban deliciosos..."-
-"¡Kero, eres
irremediable!"-
-"Lo sé, pero recuerda
traerme algunos postres de la feria, ¿si?"- El poderoso guardián de
las Cartas, cuyo símbolo es el sol, puso entonces carita de cachorro
huérfano, con lo cual ni siquiera la Maestra de las Cartas Sakura pudo
resistirse, y lo abrazó.
-"¡Eres un tramposo,
Kero! ¡Ahora si no le pido a papá que cocine y no te traigo esos postres
me sentiré culpable!"-
Kero comenzó a preguntarse
si la carita de cachorro huérfano habría sido demasiado cuando el aire
empezó a faltarle.
-"¡¡¡MPPFHHHH!!!"-
-"¡¡Hoeee!!
¡¡Disculpa, Kero!!"-
Sakura soltó entonces a
Kero, quien consiguió, no sin mucho esfuerzo, regresar a un puesto seguro
en el escritorio, respirando agitadamente.
-"¡¡Sakura!!
¡¡Apresúrate, se te hace tarde!!"-
-"¡¡Enseguida bajo,
papá!!"- Sakura se volvió a Kero, con una brillante sonrisa.
-"Te traeré algo rico, ¡pero tienes que prometerme que te portarás
bien!"-
-"Me portaré bien, pero
que sea un pastel, ¿si?"-
-"Los pasteles te
fascinan, ¿verdad, Kero?"-
En ese preciso instante se
abrió la puerta, y el rostro de Touya se asomó.
-"¡¡Apresúrate,
monstruo!! ¡¡Llegaremos tarde!!"-
-"¡¡Ya te he dicho que
yo no soy un monstruo!!"-
-"Sí lo eres. ¡La casa
tiembla por tus pisadas, y sólo los monstruos tienen las patas tan pesadas
como para hacerlo!"-
Una vena se formó en el
puño de Sakura, mientras que sus dulces facciones se distorsionaron de
furia.
-"¡¡¡¡Yo no soy un
monstruo!!!!"-
El sonriente rostro de Touya
se retiró de la puerta, justo a tiempo para evitar una patada voladora que
precedía a Sakura en su impulso por cobrarse venganza.
-"¡Fallaste! Era de
esperarse, los monstruos no coordinan muy bien sus patas."-
-"¡¡Que no soy un
monstruo!!"-
Kerberos sonrió desde su
puesto en el escritorio. Si bien la vida con su nueva dueña no era
exactamente apacible, jamás se había sentido tan feliz como en ese lugar.
Tal vez ya no podría disfrutar de la compañía de Clow... pero en su
lugar tenía la amistad de Sakura.
Y eso era mucho más que lo
que hubiera podido pedir, desde que abandonó su anterior forma para
convertirse en bestia.
Por primera vez en cientos de
años, Kero se alegró de haber cambiado su anterior forma por la actual.
Si bien un corazón puede ser roto por un amor no correspondido... puede
ser sanado con las buenas intenciones de un amigo.
Bostezó y voló hacia el
televisor para poner nuevamente su juego. Y mientras el aire se llenaba
nuevamente de irritantes pitidos y música de videojuego, murmuró, una
última vez:
-"Nunca cambies,
Sakurita... nunca cambies."-
FIN
Bueno! Qué les pareció?
Si pueden darme algún
comentario, crítica, sugerencia, corrección, o lo que sea, estaré más
que agradecida. ^__^
Puede que resulte algo...
extraño, pero eso fue porque no nació pensando en ser algo igual a lo que
se lee siempre. Me encanta buscar puntos de vistas diferentes a los que
estamos acostumbrados, y la idea de un fic protagonizado por Kero en el que
nada de lo que sabíamos de él fuera como nos lo presentaron era demasiado
tentadora para mí. ^__-
La idea original de Kero
teniendo una forma estilo hermano-gemelo-de-Yue es de Myly, quien hizo un
dibujo hace tiempo y, sumado a otros factores, me hizo preguntarme ¿Y por
qué no?
El resultado: este fic Así
que es una co-producción entre Myly-chan y yo. Ella fue la de la idea, yo
sólo la desarrollé. ^^
Y a pedido del público
(*Ahem!*Daga*Ahem!*) este fic tendrá una continuación... todavía no
tengo decidido un nombre, pero ya está empezada. ^^
Un agradecimiento especial a
Naki, quien fue el que me dio la idea para el título!!! ^O^
Si quieren escribirme mi
dirección es jenny_cz@starmedia.com
