III
LA
REINA DE LA SELVA
Al día siguiente llegaron Poseidón y sus Generales Marinos al Santuario; Kanon estuvo entre sus compañeros de armas cuando se presentaron ante Atena y el Patriarca y se veía muy digno y apuesto con su armadura de escamas. Todos los caballeros estaban ahí, incluidos Shaka y Afrodita (que estaban enfermos por la “resaca” tan terrible que tenían y que sólo deseaban que todo terminara para ir corriendo a sus casas y quedarse acostados por el resto de sus vidas), y pudieron contemplar a los Generales de los Mares.
-Son... impresionantes – murmuró June a Shinah.
-No tanto – dijo la guerrera de Ofiuco.
Entre los Generales venía una mujer muy hermosa, que usaba una armadura de escamas rojas.
-¿Quién es ella? – preguntó Jabu a Seiya.
-Es Tetis la Sirena.
-Es hermosa – dijo el caballero del Unicornio, sin dejar de mirar a la marina.
Seiya lo miró pero no dijo nada.
Después de las formalidades y de que los instalaron en sus habitaciones, Kanon fue con Biann hasta la casa de Escorpión, donde Milo estaba aún con su investigación.
-Hola insecto – dijo Kanon al entrar.
Milo se iba a levantar a protestar cuando se dio cuenta de que su amigo venía acompañado.
-Quiero que conozcas a un amigo: este es Biann de Caballo Marino. Biann, el es Milo de Escorpión.
Ambos guerreros se miraron unos segundos, pero la atención de Biann se volvió de pronto hacia los libros que tenía Milo en la mesa.
-¿Investigas? – le peguntó el General, mirando los libros.
-Milo está obsesionado con la visita de la reina amazona, y está buscando en todo papel viejo que hay en el lugar – dijo Kanon.
Milo le iba a decir algo cuando Biann se volvió a verlo.
-Kanon, el que tú tengas la emoción de una ostra ante este evento único en la vida, no quiere decir que los demás seamos iguales.
-¡Muy bien dicho! – le dijo Milo. Luego miró a Biann – si te interesa, puedes ver algunos de los pergaminos.
-¿Puedo?. En la biblioteca del Santuario del Mar no tenemos mucha información.
-¡Claro que puedes! – le dijo Milo. Biann no se hizo de rogar: acercó una silla y se puso a revisar pergaminos y libros antiguos. Kanon los miró, sonrió y se fue.
-Hola Kanon, ¿has visto a Milo? – le preguntó Aioros.
-Sí, está revisando papeles viejos con Biann.
-Entonces no van a salir en mucho rato – dijo Aioros.
Kanon asintió.
-Bien, la princesa Hilda dijo que iba a retrasarse, así que va a venir en dos días.
-Bueno, al menos así vamos a pode trabajar con los otros – observó Kanon.
Esa misma noche todos cenaron en el gran comedor de uno de los salones del Templo(excepto Shaka y Afrodita, que aún no se recuperaban), y se podía ve claramente que unos y otros no se soportaban: los Generales Marinos no dejaban de mirar a los Caballeros Dorados y éstos lo mismo. Parecían que estaban a punto de saltar unos sobre otros, más que Milo y Biann no habían llegado aún. Saori, Julián y Shion se volvieron a ver preocupados.
-¿Dónde está Biann? – preguntó Krista. Siempre se preocupaba por Biann, porque era muy impulsivo.
-Pues Milo tampoco ha llegado – contestó Máscara Mortal, mirando fijamente al General. Ambos guerreros se miraron, y casi seguro hubiera habido una discusión (si no algo más), cuando oyeron unas risas y vieron entrar al Escorpión y al Caballo Marino hablando y riendo entre sí. Todos se quedaron con la boca abierta al ver que los dos se sentaban en los lugares vacíos y seguían hablando.
-Disculpen el retraso, pero es que Biann y yo nos entretuvimos con nuestra investigación – dijo Milo, colocándose la servilleta en el regazo.
Biann asintió mientras bebía un trago de vino.
-Hemos descubierto cosas muy interesantes.
Al ver que se estaban llevando bien, todo el mundo dio un suspiro de alivio y empezaron a cenar, aunque aún se notaba algo de tensión en el ambiente.
-Tengo una idea, ¿qué les parece si vamos hoy al pueblo? – dijo Milo mirando a todos.
-Olvídalo – dijo Kanon mientras se servía un poco de ensalada.
-¡Vamos Kanon! ¡Vas a negar que te divertiste anoche! – le dijo Milo.
-Pues por tu “diversión” Shaka y Afrodita están enfermos – dijo Kanon.
-Lo que pasa es que no están acostumbrados a beber, menos de ese vino tan fuerte que Milo hizo que les sirvieran – dijo Seiya mientras cogía un panecillo.
El Patriarca miró a su caballero de Escorpión.
-Milo...
-Todos bebimos del mismo – se defendió.
-Pues ellos no lo hacen – dijo Shion.
-Creo que debemos ir – le dijo Biann a sus compañeros – así podremos ver la cárcel donde estuvo encerrado el poderoso Dragón Marino – dijo sonriendo.
Kanon lo miró con toda la intención de saltarle al cuello.
-¿Por qué no? – dijo Isaac.
Todos los Generales estuvieron de acuerdo, entre el entusiasmo de los Caballeros y las protestas de Kanon. Acabaron de cenar, se quitaron las armaduras (por sugerencia de Milo) y bajaron al pueblo. Entraron al bar donde los habían arrestado un año atrás y se quedaron ahí hasta que amaneció. No tuvieron que quejarse: hubo una pelea tremenda y salieron del lugar antes de que los arrestaran, después de dejar a todo el mundo en el lugar inconscientes.
Después de esa “salida” las cosas cambiaron como por arte de magia: las tensiones se quitaron y ahora eran como amigos y viejos conocidos. Saori y Julián estaban asombrados, pero Shion no.
-Si hay en lo que Milo es excelente es en aliviar las tensiones, aunque a veces se le pasa un poco la mano – les dijo a los dioses.
Ese mismo día llegaron Cristal, Hyoga y Kamus de Siberia y se encontraron con las visitas y la noticia de la próxima visita. Apenas vio a Isaac, Hyoga lo abrazó con todas su fuerzas, al igual que Cristal: ambos habían llorado y sufrido mucho cuando creyeron que se había ahogado, y lo extrañaban mucho.
Dos días después la gente de Asgard llegó al Santuario. Hilda y Flere estaban muy emocionadas por la visita y deseaban conocer el lugar, pero Sigfried y Hagen no estaban muy tranquilos, ya que como los guardianes de las princesas debían vigilarlas mucho.
Pasó lo mismo: todos se miraban como enemigos hasta que Milo volvió a llevarlos al pueblo (pero a otro bar). Esta vez no hubo peleas, y todos se divirtieron, tanto que cuando regresaron al Santuario eran amigos.
Las cosas estuvieron bien los siguientes tres días, hasta que una mañana en que todos estaban desayunando, volvieron a sentir ese cosmos tan extraño y poderoso.
Todos se pusieron alertas, pero en vez de ver una persona, vieron que por una ventana abierta entraba volando un gran pájaro de muchos colores y que nunca habían visto antes. La gran ave voló sobre ellos y dejó caer una nota en manos de Saori; luego volvió a salir por la ventana y sintieron de nuevo el extraño cosmos; luego nada.
-¿Qué dice la nota Atena? – peguntó Milo con ansiedad.
Saori leyó la nota y los miró a todos.
-Es de parte de la reina, dice que vendrá al mediodía y que nos quiere ver en el Coliseo.
-¡Perfecto! – dijo Milo, levantándose de un salto.
Todos se levantaron y se fueron a preparar para la real visita, pero los más emocionados de todos eran Milo y Biann, que llevaban cámaras de video y suficientes cintas de video para grabar por unas 100 horas.
Finalmente fueron al Coliseo, incluido lord Arless (que cuando fue informado por su hermano vino inmediatamente) llevaban alrededor de unos diez minutos cuando vieron un resplandor en el centro del Coliseo, y una figura se apareció de la luz y empezó a caminar hacia donde estaban todos. Era una mujer de alrededor de cuarenta años, pero de una gran belleza, tenía cabello rubio por la espalda, ojos azules y tenía la piel de un suave color dorado. Iba vestida con una túnica blanca que le llegaba a las rodillas y usaba una corona en forma de tiara. Estaba descalza, pero caminaba con un gran orgullo y una seguridad increíbles.
Cuando llegó ante el palco, hizo una reverencia.
-Princesas Atena, Hilda, Flere, emperador Poseidón, Excelencias, es un placer estar aquí.
Su voz era muy suave y dulce.
-Reina Hipólita, en nombre de todos, te damos la bienvenida a este Santuario – le dijo Saori.
La reina la miró y sonrió.
-Gracias, esto significa mucho para mí.
-Disculpa la pregunta, pero ¿no tienes escolta? – le peguntó Julián.
-Sí tengo Emperador, lo que pasa es que mis guerreras son un poco... impetuosas y no están acostumbradas a ver hombres, y temo que si están aquí pueden incomodar a sus guerreros.
-No temas, mientras estés aquí nuestros guerreros van a protegerte – le dijo Hilda.
-Gracias Princesa – le sonrió Hipólita.
-Ahora, vamos a que conozcas el lugar y luego te vamos a instalar en el Templo – le dijo Shion. Le ofreció el brazo, que ella aceptó con toda la gracia y la delicadeza que se puede desear y caminaron por el lugar. Saori e Hilda caminaron del brazo de Julián y Flere lo hizo del de Arless. Atrás, todos comentaban sobre lo ocurrido.
-Bueno, para ser alguien que considera a los hombres como peor que el polvo del suelo es muy dulce, ¿verdad? – le dijo Milo a Kanon mientras le daba una palmada por la espalda. Kanon se encogió de hombros.
-Esto no prueba nada.
-Es muy hermosa y dulce, ¿verdad? – dijo Kassa.
-Muy cierto – dijo Aldebarán.
-¿Sabrán pelear? – preguntó Marin, caminando al lado de Aioria.
-No hace falta, con esa gracia se gana a cualquiera – dijo Shaka.
Esto provocó que todos lo volvieran a ver. Shaka no se expresaba así de nadie, menos de una mujer. Al ver las miradas de todos, el caballero de Virgo se sonrojó.
-Oigan, no estoy ciego.
-Ya vimos que no – le dijo Eo.
Recorrieron los alrededores y la reina estaba fascinada. Volvieron al Coliseo (ya que eran muchos los guerreros) y Shion le habló a la reina.
-Espero que estés satisfecha con lo que has visto Alteza.
Hipólita sonrió.
-Por favor, llámenme por mi nombre. Y sí, estoy más que satisfecha.
-Hipólita, háblanos de tu reino – le pidió Flere.
-Haré algo más princesa, les mostraré parte de mi mundo.
Y ante la asombrada de todos, creó una ilusión fantástica. Ya no estaban en el Santuario: estaban en una enorme selva tropical, con unos árboles gigantescos y muchas parásitas que despedían unos perfumes deliciosos. Se escuchaba el sonido de muchas aves cantando entre las ramas y un enorme río de aguas tranquilas y cristalinas corría al pie de los árboles.
-Nosotras vivimos en la selva, de ella obtenemos lo que necesitamos para sobrevivir y para nuestra vida.
-Fascinante – murmuraron Shun y June.
La escena volvió a cambiar: ahora estaban en un claro, y vieron un grupo de chozas hechas de ramas. Entre esas chozas se destacaban dos edificios hechos de madera: uno parecía un templo de estilo griego y el otro era una choza más grande que las otras.
-El primer edificio es nuestra biblioteca, y el otro es el palacio. Todas viven en esas chozas, ya que son muy cómodas y nos protegen del calor del verano y de la lluvia del invierno.
Las escenas desaparecieron y volvieron a estar en el Coliseo. Todos volvieron a ver a la reina: definitivamente no era sólo una cara bonita. Esta mujer debía de ser buena peleando.
-¿Ustedes entrenan?. Porque tú posees un cosmos muy poderoso – le preguntó Ghiste.
Hipólita asintió.
-Nosotras entrenamos, pero por motivos muy diferentes a los suyos.
-Háblanos de eso – le pidió Biann.
-Verán – empezó la reina – nosotras creemos que la selva es un organismo viviente, y creemos que cada ser vivo posee un alma o espíritu. Nuestros guardianes...
-¿Guardianes? – preguntó Shaka.
Hipólita asintió.
-Son cazadores de cabezas.
Esto provocó exclamaciones de asombro de parte de todos. Ahora sabían por qué las amazonas no tenían contacto con nadie.
-“Ellos nos protegen de los extraños, y nosotras los protegemos a ellos. Como decía, nuestros guardianes nos han inculcado sus creencias durante generaciones, y ahora nuestra cultura es muy diferente a cualquier otra. Como decía, nosotras creemos que en el cuerpo de cada criatura de la selva vive un espíritu que se manifiesta. Cuando una amazona nace pasa su primera noche de vida sola, y es cuando un espíritu entra en su cuerpo. Durante los 10 primeros años de vida es entrenada en el arte del dominio de la mente. Aprendemos telequinesis, telepatía, empatía y también lucha cuerpo a cuerpo y con armas. Cuando las niñas cumplen 10 años deben pasar una prueba, y es durante ella que su espíritu animal se manifiesta. Cuando eso ocurre, recibe la piel de su espíritu guardián (que equivale a las armaduras de sus guerreros) y es entrenada en desarrollar las habilidades y fortalezas de su guardián.”
-Asombroso – dijo Arless – es como las constelaciones o las estrellas guardianas.
-Así es Excelencia – dijo la reina. Luego continuó – Cada cuatro años ocurre un hecho de vital importancia para nuestra supervivencia y la de los lapitas.
“Durante un mes, los lapitas y las amazonas se reúnen en territorio neutral y participan en juegos y competencias. Si la amazona gana se deja las armas del vencido, pero si el lapita gana, la amazona con la que pelea se convierte en su esposa por una sola noche. Si la amazona queda embarazada es tomada bajo la protección de nuestros guardianes hasta que llega el parto. Ese día el lapita llega cerca y se queda con los guardianes. Si nace un niño, el chamán le entrega el hijo al lapita, quien se lo lleva con él y lo cría como uno de ellos; si es una niña la madre se la lleva y es criada como una amazona”.
-Vaya, es un poco cruel – dijo Seiya.
Todos lo volvieron a ver con ganas de saltarle encima par callarlo.
-Sí, es la verdad – dijo la reina, con un tono de tristeza. Permaneció callada unos segundos, pero en seguida se repuso.
-Suena cruel pero es nuestra forma de vida y de sobrevivir.
-Viene a ser lo mismo que criar huérfanos – dijo Ikki con cierta amargura en la voz.
-Tu mundo es fascinante Hipólita – dijo Hilda.
-Y no has visto nada princesa, les voy a enseñar todo lo que pue... – pero en ese momento se interrumpió: cuatro cosmos muy hostiles y violentos aparecieron de la nada en el centro del Coliseo. Cuatro hombres vestidos con unos trajes antiguos aparecieron en el lugar, empuñando espadas cortas y escudos. Al verlos, los guerreros se apresuraron a rodear a sus dioses y a ponerse en guardia.
-¿Quiénes son ustedes? – preguntó Seiya. Detrás suyo estaba su hermana Seika, que había ido a conocer a la reina amazona, al igual que Shunnrey, que había sido traída desde China por Shiryu.
-No hemos venido a pelear con ustedes, y no nos interesa atacar a sus dioses – dijo uno de ellos – lo único que queremos es a la reina amazona, dénnosla y no habrá problemas.
-Pues resulta que la reina amazona es nuestra invitada, por lo tanto si quieren atraparla tendrán que pasar sobre nuestros cadáveres – dijo Saga, avanzando hacia ellos.
Hipólita estaba de pie, la mirada fija en los hombres y dispuesta a pelear; Arless y Shion la cubrieron con sus cuerpos.
-Quédate detrás de nosotros – le dijo Shion.
-Bien caballero, si quieres pelea, eso tendrás – dijo otro de los hombres, y avanzó un paso hacia Saga, que seguía caminando. Pero en ese momento se dejó oír un rugido terrible, que hizo que todos, incluidos los extraños, volvieran a ver a todas partes. Saga y el hombre se detuvieron en el acto y miraron alrededor.
-¿Qué fue eso? – preguntó Saori.
La reina amazona escuchó el poderoso rugido y miró alrededor.
-Será posible... – pero algo la interrumpió: se escuchó otro rugido, un poco más bajo que el primero, pero igualmente poderoso.
Los hombres empezaron a retroceder, con señales de espanto en sus rostros.
-¿Qué es eso? – peguntó Shinah, pero otros ruidos la hicieron callar: el grito de un águila, el sonido de un delfín y el zumbido de un gran insecto.
Los hombres empezaron a retroceder, pero de pronto se escuchó el mismo terrible rugido de la primera vez, y de repente vieron a un enorme felino que saltaba donde estaban los hombres; las rocas volaron por los aires hechas pedazos, lanzando a los hombres a una gran distancia; esas rocas hubieran golpeado a los caballeros y habrían causado daños de no haber sido por Mu, Kiki, Shion y Arless que crearon una Pared de Cristal que detuvo la trayectoria de las rocas.
Cuando el polvo se disipó, vieron a una figura de pie en el lugar de la explosión. Con sólo verla era una mujer, pero no podían ver cómo era, pues estaba cubierta con una piel de jaguar.
-¿Qué nunca les han enseñado a tratar a una dama? – dijo con un tono de amenaza y de cólera.
Los hombres se levantaron, pero de pronto fueron derribados por un poderoso viento; una mujer cubierta por unas plumas apareció en unas de las gradas.
-Tal parece que no.
Los hombres volvieron a ponerse de pie, pero de pronto se llevaron las manos a la cabeza, como si escucharan algo terrible que no podían soportar. Sin embargo, nadie oía nada; una mujer cubierta por una piel de color rosa surgió detrás de una roca.
-Creo que debemos enseñarles modales.
Los cuatro enemigos se agruparon, pero unas enormes llamas de fuego surgieron de la nada y los rodeó. Como las otras veces, una mujer cubierta de unas pieles (si se les puede llamar así) de insectos apareció de la nada.
-Y será al modo difícil.
La primera guerrera que habló se agazapó, lista para saltar.
-Muy bien, que comience la cacería.
Dijo esto, y de pronto corrió hacia los hombres y les lanzó un golpe que partió las rocas del suelo. Los hombres escaparon a tiempo.
-¡Así que les gusta molestar a las mujeres, bien, yo soy una mujer, moléstenme a mí!.
Las otras guerreras se unieron a su compañera y juntas atacaron a los hombres, que tuvieron que huir al ver que no las podían detener.
-Es increíble, esas mujeres se mueven a la velocidad de la luz, ni siquiera se ven los ataques – dijo Shaka.
-Y sus cosmos... tienen el Séptimo Sentido – dijo Aioria.
Cuando los hombres desaparecieron, las cuatro guerreras se detuvieron en la parte superior del Coliseo.
-Se fueron – dijo la guerrera con la piel del delfín.
-Me pregunto quiénes pueden ser – dijo la de las plumas.
-Y quién puede ser lo bastante tonto para querer atacar a la reina – dijo la de los insectos.
-No me gusta – dijo la guerrera de la piel del jaguar, mientras se quitaba la capucha que formaba la cabeza del animal.
Hipólita las contempló en silencio y fue hacia ellas.
-Cuidado Alteza – le dijo Saga, que estaba tan asombrado como los otros.
-No temas, caballero, las conozco – le dijo la reina. Caminó hacia donde estaban ellas y las miró un segundo en silencio.
-¿Qué hacen aquí?
Al oír la voz de su reina, la cuatro se volvieron y saltaron donde estaba ella.
Conversaron un poco, cuando vieron que ellas rodeaban a la reina y caminaban hacia donde estaban todos. Cuando se acercaron, a todos se les paró la respiración: eran las mujeres más hermosas que habían visto . La amazona que usaba la piel del jaguar tenía los ojos café oscuro, cabello entre claro y oscuro por debajo de los hombros y la piel de color moreno bronceado; la que usaba las plumas tenía los ojos azules, cabello rubio y piel blanca; la que usaba la piel del delfín tenía los ojos verdes, era pelirroja y su piel era un poco más oscura que la de la primera; finalmente, la que usaba a los insectos tenía los ojos negrísimos, cabello azulado y era de un color de piel semejante a la segunda guerrera. Todos las miraban con la boca abierta.
-Si así son todas, me mudo a la selva – dijo Biann, sin dejar de mirar a la guerrera que vestía las plumas.
-Y te matarán – le dijo Isaac.
-Pues, moriré con mucho gusto si ella me sostiene – le contestó.
Biann no era el único: Mimme no dejaba de mirar a la guerrera del delfín y Milo dejó de filmar a la reina para filmar a la amazona que tenía los insectos. Saga también miraba a una de ellas, en su caso a la amazona del jaguar: no le podía quitar los ojos de encima, y no se dio cuenta de que su hermano también la miraba con la misma intensidad. Las amazonas llegaron ante los dioses, y entonces Hipólita se hizo a un lado para que todos pudieran admirar a sus chicas.
-Princesas Atena, Hilda, Flere, emperador Poseidón, Excelencias Shion y Arless, caballeros de Atena, Dioses Guerreros, Generales Marinos: ellas son los Cuatro Poderes, las más poderosas de las amazonas.
Mientras Hipólita hablaba, la amazona del jaguar sintió que dos pares de ojos la miraban de una manera muy intensa, que incluso ella pudo sentir; miró a la izquierda y pudo ver a dos hombres exactamente iguales, sólo que uno usaba una armadura que suponía era de oro, y el otro usaba una armadura de escamas. Los miró con desprecio y luego los olvidó. Cuando escucharon la presentación de su reina, las cuatro se arrodillaron delante de los dioses.
-Un honor y un placer conocer a los dioses y a sus Excelencias – dijo la guerrera del jaguar; para nada mencionó a los otros.
-Asombroso – dijo Julián – jamás habíamos visto tal despliegue de poder y fuerza. Por favor, levántense y dígannos sus nombres.
Las cuatro se levantaron.
-Soy Artemisa de Jaguar, Poder de la Tierra.
-Soy Calisto de Aguila Harpía, Poder del Aire.
-Soy Musa de Delfín Bufeo, Poder del Agua.
-Soy Rea de Luciérnaga, Poder del Fuego.
-Los Cuatro Elementos – dijo Shion.
Hipólita asintió.
-Estos cuatro elementos rigen nuestro mundo, por lo tanto las amazonas más poderosas de nuestro mundo deben poder usar y controlar esos elementos.
-Sean bienvenidas al Santuario – les dijo Atena.
Las cuatro inclinaron la cabeza y ya iban a responder cuando se volvieron de pronto, como si hubieran oído o sentido algo; nadie más sintió nada, excepto la reina.
-¿Qué sucede? – les preguntó.
En vez de responder, las cuatro encendieron sus cosmos. Todos pudieron sentirlos: eran cosmos poderosos, tanto o más que los de ellos, y eran salvajes, fuertes y brillantes, pero al mismo tiempo tenían algo de salvaje sensualidad que nunca habían sentido antes. Ellas no le dieron importancia, aunque podían sentir las miradas de los otros, sino que siguieron con sus cosmos encendidos. De pronto, las cuatro los apagaron.
-¡Los huelo! – dijo Artemisa.
-¡Los veo! – dijo Calisto.
-¡Los oigo! – dijo Musa.
-Los siento – dijo Rea.
-Esas ratas andan por aquí – dijo Artemisa, caminando de un lado a otro como un animal enjaulado.
-Están escapando – dijo Musa, acariciando su piel.
-¿Quiénes serán? – peguntó Calisto.
-Sean quienes sean, debemos atraparlos y sacarles los pensamientos uno a uno – dijo Artemisa.
-¿Pero quién va a cuidar a Hipólita? – preguntó Musa.
-Ya lo tengo, ustedes tres vayan a atrapar a esos sujetos, mientras yo me quedo a proteger a la reina – dijo Rea.
-Me parece bien. Bueno, yo me voy a adelantar para atrapar a esas cosas y convertirlos en mis juguetes – dijo Musa, mientras se ponía su capucha y formaba una puerta de luz por la que entró y desapareció.
-No si yo llego antes – dijo Calisto, que hizo aparecer la misma puerta de energía.
Artemisa se quedó mirando donde habían estado las puertas y caminó unos pasos. Rea la miró en silencio.
-Estás nerviosa hermana – le dijo.
Artemisa la volvió a ver.
-¿Se me nota?
-Esos hombres te tiene nerviosa.
Artemisa miró a su compañera.
-Serías un enemigo terrible.
-Hay algo extraño en ellos.
-Sí, tienes razón.
-¿Pudiste entrar a sus mentes?
Rea movió la cabeza negando.
-Quise hacerlo pero no pude pasar por sus defensas.
-Yo estuve a punto de volarle la mente a uno de ellos, pero no pude atravesar sus escudos. Eso jamás había pasado antes.
-Es extraño – dijo la amazona de la luciérnaga.
-Artemisa.
Ambas se volvieron al oír a su reina y se volvieron a ver.
-Ve a hablarle, ya sabes lo nerviosa que se pone.
Ambas guerreras caminaron hacia su reina y se pararon frente a ella.
-¿Qué pasa Artemisa?
-Nada, esas cosas andan cerca y vamos a ir a buscarlas para enseñarles lo que pasa cuando quieren atacar a las amazonas – dijo Artemisa.
-¿No será peligroso? – preguntó la reina preocupada.
-Descuida, Rea se va a quedar contigo para protegerte. Volveremos pronto.
-¿Qué piensas de ellos? – preguntó la reina. Ante esa pregunta, Artemisa la miró con cólera.
-Pues en primer lugar me hubieras escuchado y no hubieras abandonado la selva, eso para empezar.
-Artemisa...
-Nada; esto es una tontería desde el principio y tú lo sabes muy bien, pero te has encaprichado y lo peor es que no sé por qué.
-Tengo mis razones – dijo la reina.
Artemisa le iba a contestar, pero Rea le sujetó el brazo.
-Calma, ve a buscar tu presa Hackar – le dijo.
La amazona se quedó mirando a la reina con una gran cólera en los ojos.
-Rea, si algo o alguien se le acerca a la reina, lo conviertes en cenizas – dijo Artemisa con cólera.
-Descuida, lo haré.
Artemisa se colocó la capucha sobre su cabeza, pero volvió a sentir esas miradas tan intensas sobre ella. Se volvió de donde provenían y volvió a los dos gemelos que la miraban. Les dirigió una mirada de supremo desprecio, extendió su mano y creó una puerta como las que sus compañeras habían creado por la que cruzó y desapareció.
Rea se acercó en silencio a su reina y le colocó una mano en el hombro.
-Mi reina, no es seguro que estés aquí, es muy abierto y pueden volver a intentar atacarte.
-Tu guerrera tiene razón – le dijo Shion – será mejor que vayamos al Templo. Ahí esperaremos a tus guerreras.
Hipólita asintió y siguió a los demás hasta el Templo de Atena.
continuará...