Este fic puede leerse en forma independiente, pero es parte de una serie de historias que están ubicadas en la misma línea temporal, para poder disfrutarlo mejor, sería bueno que hayas leído primero "Un nuevo comienzo"
VOLVER A EMPEZAR
por Karin de Géminis
El Gran Patriarca se asomó al ventanal del salón del trono. Desde ese lugar se podía ver una gran extensión del Santuario y algunos de sus alrededores. Pudo ver a los aprendices entrenando, a los guardias vigilando y un poco más allá, las 12 Casas del Zodíaco en etapa de reconstrucción. Los templos estaban casi terminados, y ahora estaban en los detalles; el Patriarca pensó en lo hermoso que se vería cuando todo estuviera terminado, se vería como lo pudo contemplar la última vez... antes de que todo se volviera oscuro.
Una brisa de aire le llevó parte de su cabello al rostro; siempre había usado una máscara, pero desde que había vuelto se la había quitado. Prefería ver el mundo al natural, no detrás de un pedazo de metal que lo aislaba de todo y de todos. Pero ya no más.
-No
dejas de mirar el lugar -dijo una voz detrás de él.
El
Patriarca se volvió sonriendo y vio a un hombre alto y de largo cabello oscuro,
con unos ojos color miel y de mirada serena.
-Sabes
que no me canso de hacerlo. Pero
también veo a algo más importante: veo a mi hermano pequeño.
El
hombre sonrió y se sonrojó un poco.
-Shion,
desde que regresamos me tratas como a un niño.
-Claro que no Arless, lo que pasa es que no sabes lo feliz que me siento de volver a verte... con vida.
-Bueno,
yo también estoy feliz, hermano mayor.
-Y
también estoy contento de volver a ver este lugar, sabes lo que significa para
mí.
-Sí,
lo sé muy bien -dijo Arless con cierta tristeza en la voz. No era para menos: ellos eran Elfos, y el estar separados de
su tierra natal los gastaba mucho y los envejecía mucho más rápido de como
sería en su hogar. Siempre se lo
había dicho a su hermano, pero Shion no le prestaba atención; su lealtad a
Atena era mayor que cualquier otra cosa.
-Cuando
regrese Atena del Oriente va a estar complacida de ver el lugar -dijo Shion,
caminando con gesto cansado al trono.
-Escucha
hermano, te propongo algo: cuando ella regrese le pediremos un permiso especial
para que te ausentes, y así vamos a casa.
Shion
sonrió: sabía de lo que hablaba su hermano; la verdad sea dicha, no le
disgustaba volver al Tíbet, había estado ausente tanto tiempo.
-De
acuerdo, se lo diré.
En
ese momento las enormes puertas del salón se abrieron y una figura caminó
hacia ellos. Arless se colocó
junto a su hermano, y ambos miraron al visitante.
Era un hombre joven, apuesto, de largo cabello azul claro y ojos azules
de mirada burlona. Al llegar ante
los dos hombres se arrodilló.
-Bien,
Milo, danos tu reporte.
El
caballero de Escorpión se levantó.
-Bien,
las 12 Casas están ya listas, sólo estamos haciendo unas remodelaciones; en lo
que respecta al poblado Shura y
Afrodita bajaron para ver el lugar y decidieron hacer unas mejoras al lugar y
reparar algunas casas.
-¿Afrodita
ayudando a los pobladores?- se admiró Arless.
No era para menos: el caballero dorado de Piscis sólo ayudaba a una
persona, él mismo.
Ante
esta pregunta, Milo asintió y sonrió.
-Como
ve, Excelencia, los milagros se siguen dando.
-¿Y
los demás caballeros?- preguntó Shion.
-Cada uno está decorando sus casas y arreglando, la verdad, nunca habíamos estado tan entretenidos.
-¿Y los gemelos?- quiso saber Shion.
Ante
esta pregunta la sonrisa de Milo se desvaneció.
-Están
en su casa, Kanon está trabajando sin hablar, y Saga... bueno, acompaña a su
hermano.
-Siguen
sin querer hablar- dijo Arless.
-No
sólo eso, Excelencia, se han aislado totalmente.
Aldebarán me dijo que cuando ha subido a la casa no puede ver a Saga, sólo
a Kanon, pero como es tan obstinado no habla con nadie.
Máscara Mortal me dijo que algunas veces, cuando sale a caminar por la
noche puede ver a ambos deslizándose como sombras, y cuando ha querido
hablarles uno de ellos desaparece y el otro lo mira sin abrir la boca, excepto
para lo indispensable.
-Atena me ha preguntado por ellos, son los únicos a quienes no ha visto desde que... regresamos.
-Yo
creo... -dijo Milo, cruzando los brazos- que los debemos dejar un tiempo solos,
es decir, conozco a Saga y a su hermano desde hace mucho tiempo, y si existen
dos seres tercos son esos dos. De
todas formas, si ustedes quieren yo puedo ir a hablarles.
-¿Crees
que te aceptarán?- preguntó Arless. El
recuerdo de la última vez que los vio lo atemorizaba.
-Yo
creo que sí, al menos Saga que es el más me preocupa.
-No
los molestes, Milo- le dijo Shion, conocía muy bien a su caballero de Escorpión-
si ellos no quieren hablar no hay que forzarlos, lo harán en su momento.
Milo se inclinó y sonrió.
-No
se preocupen, voy a ser lo más sutil que pueda ser.
Dijo
estas palabras y se fue. Salió del
templo y bajó los escalones sin ninguna prisa.
El día era perfecto en Grecia, así que aspiró el aire y siguió su
descenso. Llegó a su casa, pero
decidió ir a visitar a los gemelos; además, su casa estaba limpia y los
acabados ya estaban listos. Bajó
casa por casa, admirando las decoraciones que sus compañeros de armas habían añadido
a sus hogares. Finalmente llegó a
Géminis, y como supuso, no vio a nadie.
-Vaya,
estos dos son unos mal educados: ni siquiera se molestan en preguntar qué rayos
hago aquí.
-Si vienes a ayudar, gracias pero estamos bien, y si vienes a criticar te enviaré a otra dimensión.- dijo una voz detrás de unas rocas.
-Hola Kanon, enseguida te reconocí: tu amabilidad es asombrosa- dijo Milo, volviéndose hacia quien le había dicho esas palabras.
El
hombre salió de su escondite; era muy alto, un poco más que Milo, apuesto, de
ojos oscuros y cabellos azul claro.
-¿Qué
quieres Milo?- dijo Kanon, sosteniendo en sus manos un cincel y un martillo.
-Bueno,
ya terminé de arreglar mi casa, así que pensé: “Milo, debes practicar la
ley del buen vecino”, y como los demás no están o ya han terminado, vine con
ustedes. Felicidades: son los
elegidos- dijo Milo sonriendo.
Kanon
lo miró a los ojos, pero en vez de decirle que se largara, o se fuera al
diablo, sonrió a su pesar.
-¡Vaya,
esto es un hecho admirable! ¡Dos milagros el mismo día: Afrodita ayuda a los
aldeanos y tú sonríes! ¡De haberlo sabido habría ido a traer mi cámara de
video!
-Ya,
no te hagas el payaso o te envío a otra dimensión en serio.
-De
acuerdo, ¿qué hay que hacer?
-Coge
un saco y ayúdame a recoger los escombros.
Milo
lo hizo y caminó hacia la casa de Géminis.
Kanon había adornado la fachada con escenas marinas (no me extraña,
pensó Milo) pero lo había hecho doble; Milo pudo ver dos grandes barcos, dos
ballenas, dos delfines, dos leones marinos... en fin, todo era doble.
A pesar de todo, Kanon era muy bueno para decorar.
-Oye,
cuando termines acá, ¿te gustaría ir a mi casa?
Quisiera que me cinceles un gran escorpión en mi habitación.
-Claro
que no, además ya casi termino y me iré.- dijo Kanon, cincelando las figuras
de dos tritones.
-¿Cómo
que te vas? Eres un caballero
dorado, tu deber es cuidar de esta casa y de proteger a Atena.
-Error:
ERA un caballero dorado, ahora soy un General Marino y debo de cuidar mi pilar
en el Templo Submarino. Además,
aquí hay un caballero dorado.
-Sí,
claro, un caballero dorado que no se presenta cuando el Patriarca o Atena lo
convoca, que desaparece como una sombra, y que no acepta que la gente se le
acerque para...- se calló de pronto. El
Patriarca tenía razón: a veces su cabeza y su boca no se conectaban. – Lo
siento, ya sabes que a veces no me conecto.
-No,
tienes razón.- dijo Kanon con cierta tristeza en la voz. De haber sido el viejo Kanon lo habría golpeado con su poder
más grande, y mínimo lo habría enviado a otra dimensión. Pero este nuevo guerrero era muy calmado.
Definitivamente el haber vuelto del mundo de los muertos los había
cambiado a todos.
-¿Se
puede saber en qué tengo razón?
-Saga
no es ni la sombra de lo que era antes, y no puedo hacer nada por ayudarlo.
-¿Por
qué?- preguntó Milo, mientras llenaba el saco de pedacitos de roca.
-Porque
él no me deja acercarme, ni tampoco deja que nadie se le acerque.
-Siempre
pensé que ustedes se llevaban bien, y que todo estaba arreglado.
-No es así. Saga aún se siente culpable por lo que me hizo, cuando me encerró en la cárcel de Cabo Sunion, y también se siente culpable por lo que le hizo al Patriarca y al señor Arless. La culpa puede más que todo sentimiento o razonamiento.
-¿Has
hablado con él?.
-Como
te dije, lo he tratado, pero Saga no permite que le diga nada de eso, apenas
intento hacerlo se va.
-Bueno,
el Patriarca está muy preocupado y los otros también. Necesitamos hacer algo por él o se volverá loco.
Kanon
miró a Milo directo a los ojos. Ambos
se conocían desde hacía muchos años atrás, cuando eran aprendices y
entrenaban; de hecho, si había alguien a quien Kanon pudiera considerar como un
amigo era al caballero de Escorpión.
-Si
el Patriarca tiene una sugerencia, será bienvenida, porque a mí no se me
ocurre nada.
-Atena
vendrá en poco tiempo, tal vez ella pueda ayudar.
Pero, mientras eso ocurre, tengo una idea.
-Olvídalo.
-¡Cómo
que lo olvide! ¡Ni siquiera la has oído!- dijo Milo indignado.
-Cada
vez que tienes una idea, acabamos metiéndonos en problemas, o ¿ya no recuerdas
cuando éramos jóvenes y una noche tuviste la “brillante idea” de ir a
visitar el pueblo de Rodorio?. Nos
embriagamos por primera vez en la vida, provocamos una pelea en el pueblo, casi
nos llevan a la cárcel y a mí por poco me cortan la garganta porque mientras
estaba ebrio me hiciste pedir en matrimonio a una muchacha.
El Patriarca estaba furioso y faltó muy poco para que nos echara del
Santuario.
-¡Claro
que me acuerdo!- dijo Milo riendo- ¿Sabes?.
Cuando creímos que habías muerto te extrañé mucho.
-Sí,
lo supongo- dijo Kanon frunciendo el ceño.
-Hablando
en serio, lo que Saga necesita es volver a la vida, y yo soy experto en eso.
Esta noche llevaremos a Saga al pueblo, nos vamos a divertir y luego
vamos a hacer que tu terco hermano vuelva a ser una persona.- dijo Milo muy
decidido.
-No
lo vas a poder hacer- dijo Kanon moviendo la cabeza.
-Te
apuesto mi armadura dorada, ahora ¿dónde está?.
-Está
sentado en las ruinas del Coliseo, pero...
-Bueno,
vamos a buscarlo.- agregó Milo, agarrando del brazo a Kanon y caminando hacia
el lugar. –No, espera, tengo una
mejor idea. Háblale tú y nos
vemos en el pie de las 12 Casas al anochecer.
-Pero...-
trató de hablar Kanon, pero ya Milo estaba caminando hacia su casa.
A veces era terco, pero había que reconocer que se esforzaba por
entablar una relación con ambos. Después de que volvieron de “ese lugar”, los Caballeros
y los Generales Marinos les rehuían, y no era para menos: Kanon había enviado
a la Muerte a los Generales, y Saga había hecho lo mismo con los Caballeros;
sin embargo, Milo se le había acercado desde el principio y había hablado con
él como si nada hubiera pasado. Había
tratado de hacer lo mismo con Saga, pero él se mantuvo aparte y Kanon sabía la
razón: no podía ver a los otros a la cara y pedirles perdón.
Lo había hecho con Atena, pero los otros eran diferentes.
Eran guerreros. Kanon lo
pensó un momento, y luego fue a buscar a su gemelo.
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Mientras
tanto, Milo llegó a la casa de Leo y encontró a Aioria de Leo limpiando su
armadura y dejándola brillante. A
su lado, estaba Aioros de Sagitario, puliendo la flecha de su armadura.
Desde que ambos hermanos se habían encontrado eran inseparables, y reponían
todo el tiempo que habían estado separados.
No se separaban ni un momento.
-¡Hola
amigos!. Lindo día verdad?- los
saludó Milo con la mejor de sus sonrisas.
-Hola
Milo, pasa.- le saludó Aioria. -
¿Qué haces por acá?
-Bueno,
estoy practicando la política del “buen vecino” y vine a verlos.
-Buena
política- sonrió Aioros. Milo no
lo conocía, apenas si lo había visto en el pasado. No había quejas: era bueno, responsable, serio, noble... la
fotografía de su hermano menor.
-Por
cierto, aprovecho para invitarlos esta noche a una actividad en Rodorio.- dijo
Milo con el mayor aire inocente que pudo.
-¿Una
actividad en Rodorio?- se interesó Aioros.
-¡No
lo escuches!- dijo Aioria alarmado.
-Oye,
¿qué te pasa?. Parece como si
estuviera invitándolos a un crimen o algo así.
-Sí
Aioria, ¿qué te pasa?.
-Es
que no lo conoces.- le dijo Aioria a su hermano- Cada vez que Milo tiene una
idea o hace una invitación terminamos en problemas.
-Me
ofendes, además esto es por una buena obra.- dijo Milo.
Sabía que el hermano mayor se iba a interesar.
-¿Una
buena obra?- preguntó Aioros.
-Así
es, quiero llevar a Saga y a Kanon a divertirse un rato a Rodorio.
-¡Yo
no iré! ¡No quiero nada que ver con esos dos!- estalló Aioria indignado.
Estaba visto que aún no olvidaba.
-Aioria,
por favor...- trató de calmarlo Aioros.
-Olvídalo,
por esos dos estuvimos separados mucho tiempo, y por ellos dos pasó todo ese número
de muertos y tragedias.
-Ya
sé lo que piensas, pero escucha: ya están arrepentidos, pero no saben cómo
demostrarlo, y si los mantenemos aislados nos podemos arriesgar a que algo pueda
pasar. Conozco a ambos desde hace
mucho, y sé que están arrepentidos. ¿Por qué no darles una oportunidad?.
Se la dimos a Máscara de Muerte y a Afrodita, y también a Poseidón, ¿por
qué no a ellos?. Atena estaría contenta.- Milo sabía que la debilidad de
Aioros era Atena, y por hacer algo por ella, convencería a su testarudo
hermano.- Bueno, ya me voy. Si
quieren venir, quedé de verme con ambos a la entrada de las 12 Casas al
anochecer. Hasta la vista.
Dijo
eso y salió tranquilamente.
-Ese
Milo, es un tonto.- dijo Aioria mirando a su hermano.
-Sabes,
él tiene razón. – dijo Aioros pensativo.
-¿Qué?-
Aioria no podía creer lo que su hermano estaba diciendo.
-Ambos
conocemos a los gemelos desde hace mucho tiempo, y antes eran diferentes.
Cuando Atena nos reunió pidió que todos fuéramos amigos, y eso los
incluye a ambos.
-Pero...
-Además,
- sonrió Aioros- quisiera ver cómo se divierten.
Milo
llegó hasta la casa de Virgo y pudo sentir a Shaka meditando.
Llevarlo a divertirse sería como secar el océano con una esponja, así
que siguió adelante. En Libra no había nadie, Docko estaba con Shiriu en China
por unos días, así que subió hasta su casa.
Observó las casas que estaban más arriba de la suya: Shura estaba en el
pueblo junto con Afrodita, y Kamus estaba entrenando en Siberia.
“Espero que esto resulte”, pensó para sí.
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Kanon
fue al Coliseo a buscar a su hermano. Cada
vez que querían hablar y Saga se iba, se ocultaba en ese lugar.
Era predecible en él: desde que eran niños, cada vez que discutían
Saga se iba a algún lugar solitario a pensar y a poner en orden su cabeza.
Antes era Cabo Sunion, pero no había vuelto allá desde... el incidente.
Cuando llegó al Coliseo lo encontró sentado en el palco del juez.
Kanon lo miró un momento y se le acercó despacio.
-Es
un lugar tranquilo y silencioso, por eso me gusta venir- dijo Saga sin volverlo
a ver.
-Lo
sé- dijo Kanon, y se sentó junto a él. A
pesar de ser gemelos, siempre habían sido muy independientes uno del otro, por
lo menos de adolescentes; la infancia fue otra cosa: eran inseparables.
-Milo
vino a vernos, y nos invitó a salir a Rodorio esta noche.
-Ve
tú.
-Quisiera
que los dos fuéramos, eso me lo insistió Milo.
-No
pienso ir con él a ninguna parte.
-Es
nuestro amigo, y quiere ayudar.
-No
necesito la ayuda de nadie.- dijo Saga poniéndose de pie, listo para irse.
Pero no pudo hacerlo: Kanon lo sujetó por el brazo y lo lanzó contra la
pared.
-¡Ahora
me vas a escuchar cabeza de mula!- gritó Kanon fuera de control.- Desde que
volviste no te relacionas con nadie, no hablas, no escuchas, y cada vez que
alguien se te acerca te largas como una rata cobarde.
Hiciste cosas terribles, los dos las hicimos, pero lo que cuenta es el
tratar de repararlas. Yo trato de
hacerlo, pero tú te encierras en tu maldito silencio y no dejas que nadie te
diga una palabra. Yo me iré
pronto, y si te dejo así no vas a vivir ni un día porque sé que harás algo
contra ti mismo. No te pido que les
beses los pies a los otros, sólo sé un poco más civilizado. De todos los que viven en este nido de ratas Milo es en el
que confío, y quiero que él esté cerca de ti cuando yo me vaya, así que vas
a venir conmigo, aún cuando eso signifique que tenga que golpearte para
hacerlo. ¿Está claro?
Saga
no respondió, y Kanon supo que aceptaba, así que lo soltó.
-Nos
vemos al anochecer en la entrada de las 12 Casas, así que muévete, tenemos que
prepararnos.
Saga
siguió a su hermano y los dos hermanos no se hablaron en el resto del día.
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Al
anochecer Saga y Kanon llegaron al pie de las gradas de mármol, y encontraron a
Milo. Se había puesto una camisa
de color blanco y unos pantalones de mezclilla color azul, lo que contrastaba
con sus ropas de entrenamiento.
-¿Qué le pasa a ese lunático amigo tuyo?- le preguntó Saga a su hermano.
-No lo sé- respondió Kanon. A veces el poderoso caballero de Escorpión actuaba como un niño. – Acerquémonos- dijo, y sujetó a Saga por el brazo.
Cuando
se acercaban hacia él vieron a otra pareja que se acercaba: Aioria y Aioros,
con las mismas ropas de entrenamiento.
-¡Hola
señores! ¡Vinieron a la cita!- dijo Milo alegremente.
Los
cuatro hermanos se contemplaron en silencio por unos momentos.
-¿Irán
ustedes también?- preguntó Kanon, poniéndose delante de su hermano.
Esa actitud sobreprotectora siempre lo había caracterizado desde la
infancia: Kanon era el que peleaba y al que todos despreciaban, mientras que
Saga siempre fue “el niño bueno”, pero Kanon hacía lo que fuera por su
hermano; bueno, en aquel entonces.
-Sí, Milo nos invitó- dijo Aioros, imitando a Kanon.
Los
gemelos miraron de una manera terrible a Milo, que sólo se limitó a encogerse
de hombros.
-Mientras
más grande el grupo, mejor la diversión.
-Bien,
¿podemos irnos?- dijo Saga con fastidio.
-En un momento. Pero antes, debe haber un “cambio”- dijo el caballero de Escorpión sonriendo.
Los
cuatro miraron a Milo.
-Por favor señores, ¿creen que los voy a dejar ir de esa manera?. Todos van a creer que son caballeros que vienen del Santuario.
-Eso
somos genio- le dijo Kanon.
-Pero
por esta noche, no. Seremos
personas normales y van a vestir como personas normales.
El anonimato ante todo.
-¿Y
dónde sacaremos ropas como las tuyas?- preguntó Aioria.
-Eso
está resuelto.- sonrió Milo. Y
ante la asombrada mirada de sus compañeros, sacó detrás de unas ruinas de
columnas ropas como las que él usaba.
-Voy
a odiarme por esto, pero...¿de dónde sacaste la ropa?- preguntó Kanon.
-Yo
se las traje- se oyó una voz detrás de una roca.
Y ante todos apareció el caballero de Acuario, vestido como Milo, pero
con una camisa de color azul claro.
-¿Kamus?
¿No estabas en Siberia?- preguntó Aioria.
-Estaba,
pero Milo me llamó con sus cosmos, me dijo de sus planes, me convenció de esta
tontería de la que me voy a arrepentir por toda mi vida, y me pidió que les
comprara ropas.- Luego miró a Kanon- Espero que esta vez no se te ocurra pedir
en matrimonio a nadie, no pienso correr contigo en mi espalda hasta aquí.
Kanon
se asombró: en aquella “escapada” de hacía años atrás, estaba tan ebrio
que Milo (que estaba igual) lo convenció de pedir en matrimonio a una chica que
pasó por ahí; lo malo es que el hermano mayor de ella lo vio y estuvo a punto
de abrirle la garganta con un cuchillo (el más grande que Kanon había visto en
su vida). Si hubiera estado sobrio,
eso sería impensable, pero estaba tan ebrio que ni siquiera recordó que tenía
velocidad de la luz para escapar, y hubiera muerto de no haber sido por Kamus,
que golpeó al otro chico, subió a Kanon a su espalda y corrió hasta el
Santuario para evitar que lo mataran. Luego
tuvo que volver por los otros “escapados”: Milo, Shura, Aldebarán, Máscara
Mortal. Por suerte Aldebarán
estaba sobrio, no se imaginaba subirlo en su espalda.
-No,
no lo haré.- dijo Kanon. Kamus
siempre había sido muy serio, y las pocas veces que se habían encontrado sólo
se habían mirado.
-Bueno,
señores, vístanse, que la noche es joven y corta.- dijo Milo.
Les
dio la ropa y los otros se fueron a cambiar.
-Sabes
Milo, has tenido ideas raras en el pasado, pero esta... no puedes hacer
milagros- dijo Kamus, mirando a Milo. Ellos
dos eran amigos desde siempre, a pesar del carácter serio y frío de Kamus, y
junto con Kanon, habían sido un trío terrible.
-Descuida,
todo lo tengo planeado.
-¿Dónde
he escuchado eso antes?
-Oye,
quieres ayudarlos igual que yo, esta es la mejor manera de hacerlo.
-Si
tú lo dices.
Los
hermanos salieron de donde se cambiaban, y realmente parecían otras personas.
-Bien,
estamos listos, así que... vámonos- dijo Milo alegremente.
Comenzaron
a caminar, Milo y Kamus los primeros, Aioria y Aioros y por último los gemelos.
Dejaron los campos de entrenamiento y en minutos llegaron a las afueras
del pueblo. El lugar estaba muy
animado, ya que se celebraba una festividad local y además habían muchos
turistas.
-Hay
mucha gente- dijo Aioros. Lo que
recordaba del pueblo era otra cosa: un lugar tranquilo, calmado, apenas había
gente. Esto era otra cosa
completamente. Definitivamente fue
buena idea haber venido.
-Sí-
dijo Aioria.
-No
teman, nadie se los va a comer.- dijo Milo, caminando como un habitante más del
lugar.
-Conoces
el lugar muy bien Milo- le dijo Kanon.
-Demasiado
bien- agregó Saga.
-Bueno,
a diferencia de todos ustedes, yo
tengo otra vida aparte del Santuario.
-Lo
que quiere decir es que todas las noches baja al lugar- dijo Kamus.
-¿No
es que en las noches arreglas tu casa?- peguntó Aioria.
-Me
aburro, y salgo a caminar.
-Sí
claro.
En
cuestión de segundos llegaron a una taberna muy concurrida. Al ver el lugar Kanon se quedó de pie en la entrada.
-Olvídalo,
no entro.
-Vamos
Kanon, nadie te va a matar.
-Tal
vez no, pero yo sí te voy a asesinar.- y diciendo eso sujetó a Milo por su
camisa.
-Kanon,
cálmate.- dijo Saga, sujetando a su hermano por los brazos.
Aioria
y Aioros se acercaron y se interpusieron entre ellos; el único que no hizo nada
fue Kamus, que los miró.
-Oye,
¿qué te pasa?- preguntó Aioria.
-Nada,
que este inconsciente nos trajo al mismo lugar donde tuvimos la pelea.
-Pensé
que había sido afuera- dijo Saga.
-La
pelea fue afuera, pero dentro tuvimos otra pelea, porque todos (excepto Aldebarán
y yo) se embriagaron y provocaron una disputa.
El lugar quedó hecho pedazos.- dijo Kamus.
-Escúchame
bien insecto, no sé lo que esté pasando por tu rara cabeza en este momento,
pero espero que no sea ninguna tontería de las que acostumbras- le amenazó
Kanon.
-En
primer lugar, no soy un insecto, soy un arácnido, en segundo lugar, nada está
pasando por mi cabeza, y tercero, eso pasó hace años y en estos lugares
ocurren peleas todos los días. Ahora
–dijo, soltando las manos de Kanon- cálmate, y disfruta.
Diciendo
esto se volvió y caminó tranquilamente hacia la puerta, mientras los otros lo
veían sin entender nada.
-Ya
me suponía algo así. Lo sabías ¿verdad?- le dijo Kanon a Kamus.
-Algo
por el estilo, pero con Milo nunca se está seguro de nada.
-Óyeme
bien Kamus: si nos terminamos metiendo en problemas será por la culpa de
ustedes dos, de ese inconsciente por traernos acá y tuya por no detenerlo
cuando lo pensó.- le dijo Kanon a Kamus.
El
caballero de Acuario sólo lo miró y entró.
-Es
como siempre: apoyando a Milo en todo, aunque terminemos en un problema.
Vamos, entremos y vamos lo que va a hacer ese tonto.- le dijo Kanon a los
otros.
Saga
entró junto a Kanon y los otros hermanos entraron de últimos.
El lugar estaba completamente lleno, y dentro el lugar estaba muy
animado. Vieron a Kamus sentado en
una mesa cerca de una ventana, ajeno a todo, como siempre, y fueron hacia ella.
De Milo no había ni rastro.
-¿Y
el arácnido?- preguntó Kanon mientras se sentaba.
-Está
pidiendo unas órdenes.
En
ese momento llegó Milo con unas bebidas y se las puso a sus acompañantes.
-¿Qué
es esto?- preguntó Saga; iba a tomar un trago pero Kanon lo detuvo.
-Es
un vino especial que hacen en esta festividad. Tranquilo- le dijo sonriendo a Kanon- no es veneno, tu
hermanito no se va a morir.
Kanon
soltó el brazo de su hermano y miró a Milo de una manera terrible.
-Ahora
caballeros, beban tranquilamente y recuerden: somos personas normales, así que
por nada del mundo se les ocurra usar sus poderes.
Empezaron
a beber (estaba muy bueno en realidad ese vino) y empezaron a hablar entre
ellos. El lugar se empezó a animar
y ellos también. Luego Milo miró
a Saga.
-Oye
Saga, ¿puedes traer algo de comer?. Pedí
una orden y ya está lista, pero la conversación está muy agradable para ir.
Saga
se levantó y Kanon lo iba a acompañar, pero entonces Milo le sujetó el brazo.
-Espera, deja que Aioros vaya con Saga, además estamos hablando de ti.
Los
cuatro hermanos se volvieron a ver entre ellos y luego miraron a Milo.
-Oigan,
tranquilos, sólo es un poco de comida.
Saga
miró a Kanon y luego a Aioros, que no dejaba de mirarlo, igual que Aioria.
-Yo
iré con Saga- dijo Aioros poniéndose de pie.
Saga
lo miró, miró a su hermano y luego se fueron juntos.
Aioria
sujetó a Milo por la camisa, mientras que Kanon lo hacía por el brazo.
-Ya
sé lo que me van a decir: pero no teman, todo está bien.
-Te
propones algo, ¿qué demonios es?- le dijo Aioria.
-Lo
que Milo quiere es que Saga se vaya relacionando con los otros, y quiere que el
primero sea Aioros, porque la dificultad mayor es con él.- dijo Kamus, bebiendo
de su vaso.
-Espero
que esto resulte, porque te lo advierto: si algo le llega a pasar a Saga, te haré
responsable y te arrancaré esa estúpida sonrisa de la cara.- le amenazó
Kanon.
-Lo
mismo si algo le sucede a Aioros.- dijo Aioria
-Confíen
en mí, hermanitos, todo está bien pensado.
Aioria
y Kanon soltaron a Milo y miraron donde estaban sus hermanos.
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Saga
y Aioros llegaron sin hablar donde se vendía la comida y esperaron la orden.
Entre todos los reunidos, ése era al último que podía pensar en
decirle algo. Aioros lo había
detenido al querer matar a Atena, y siempre se le había opuesto, y ahora... era
una locura.
-El
lugar está bien- dijo Aioros, por decir algo.
Tampoco podía olvidar lo que Saga le había hecho a él y a Atena, y
desde que llegó al Santuario había hablado mucho con Saori, y trataba de
olvidar , pero a veces era muy difícil.
-Sí,
bien.- le respondió Saga.
-Oye,
sé que es muy difícil esta situación, pero quiero que sepas que todo está
olvidado.- dijo Aioros.
Saga
lo miró.
-¿Todo?.
Yo no he podido hacerlo.
-Yo
he tenido la ayuda de mi hermano y de Shura, los dos me ayudaron mucho.
-Yo
no tengo amigos.
-Claro
que sí, Milo es amigo tuyo, y tienes a tu hermano.
-No
quiero que me ayude.
-¿Por
qué?.
-Porque
sé que está muy preocupado, y además, pronto se irá con Poseidón y no
quiero que lo haga.- dijo Saga bajando la vista.
-Pero
tiene que seguir su camino.
-Lo
sé, pero...
-Además
no te vas a quedar solo, aunque no te guste, todos somos amigos y puedes venir
con cualquiera cuando desees.
-Para
ti es fácil decirlo: tu hermano está siempre a tu lado.
Aioros
bajó la vista; no sabía qué más decir.
En el pasado nunca había tratado mucho a Saga y a su hermano, la verdad
sea dicha, siempre fueron un tanto apartes de todos, pero cuando Saga quedó
solo se le acercó, y por un tiempo tuvieron una amistad, hasta que... bueno,
pasó lo que pasó.
-Tal
vez mi hermano siempre está conmigo, pero también sé que sin un amigo las
penas se hacen imposibles. Anímate-
le dijo dándole una palmada amistosa en la espalda y sonriendo- recojamos esa
comida y veamos lo que el arácnido va a hacer.
Saga
lo miró y se le llenaron los ojos de lágrimas.
-Perdóname.
-Como
te dije antes, todo está olvidado.
En
ese momento llegó la comida, y ya se disponían a llevársela cuando el que se
las llevó miró a Saga y lo sujetó por la camisa.
-¡Oye,
yo te conozco!- le dijo en un tono bastante molesto.
Saga
y Aioros se miraron asombrados y luego miraron al hombre.
-Disculpe,
pero creo que se equivoca; es la primera vez que estamos aquí.- dijo Saga.
-¡Claro
que te recuerdo! ¡Tú fuiste el imbécil que molestó a mi hermana hace varios
años! ¿O ya lo olvidaste?
-Señor,
creo que está confundiendo a mi amigo con... – trató de hablar Aioros, pero
el hombre lo agarró por la camisa.
-Así
que tú eres su amigo. ¿Acaso eras
uno de los tontos que iban con él esa noche?
-¡Claro
que no, señor!. Y si sabe lo que
le conviene mejor nos deja tranquilos.
-¡Claro
que los dejaré tranquilos!- dijo el hombre, soltando a Saga- ¡cuando los haya
enviado a la morgue del pueblo!.
Iba
a golpear a Aioros con la mano que tenía libre, cuando en ese momento lo
sujetaron: Saga le agarró el puño
justo cuando se iba a estrellar en la cara de Aioros.
-¡Deje
tranquilo a mi amigo!- y lanzó al hombre por encima de la mesa, estrellándolo
contra la pared.
-¿Estás
bien Aioros?- le preguntó Saga.
-Sí,
bien... gracias por ayudarme.
-Olvídalo,
pero creo que tenemos grandes problemas- le dijo Saga, poniéndose en guardia.
Era
verdad: los otros hombres, cuando vieron que unos extraños (a quienes
consideraban “turistas”) habían golpeado a uno de los suyos los rodearon
con bastantes malas intenciones.
-Aioria
me advirtió sobre las salidas de Milo- le dijo Aioros, poniéndose al lado de
Saga.
-Kanon
me dijo lo mismo.
Uno
de los hombres estaba a punto de lanzar un golpe contra Saga, pero en ese
momento Kanon lo sujetó, lo golpeó y lo envió contra la pared.
Aioria, Milo y Kamus llegaron a ayudar a sus amigos y en ese momento
comenzó una auténtica pelea: los Caballeros Dorados peleaban contra los
hombres del pueblo, quienes empuñaban todo tipo de objetos: mesas, sillas,
botellas, platos, jarras de vino...
-¡Ya
sabía que íbamos a terminar así! ¡Esto es culpa tuya Milo!- le gritó Kanon,
mientras dos hombres lo lanzaban contra la pared; pero pudo escapar y los dejó
inconscientes con un par de goles.
-¡No
me mires a mí: cómo iba a saber yo que el dueño del bar era el sujeto que
intentó matarte!- le dijo Milo, mientras golpeaba a uno en la cara.
-¡Usemos
nuestros poderes!- dijo Aioria mientras lo lanzaban contra una mesa.
-¡Ni
pensarlo, no vamos a usar nuestros poderes contra hombres normales!- dijo Kamus,
que lanzaba una patada a dos sujetos.
-¡Aparte
de que si lo hacemos lo sabrán en el Santuario!- dijo Saga, a quien estaban
golpeando.
La
pelea hubiera seguido por horas, a no ser por la policía, que entró y arrestó
a los hombres, incluidos los 6 Caballeros Dorados.
Los montaron en los autos y se los llevaron a la comisaría del pueblo,
donde todos los testigos dijeron que ellos habían iniciado la pelea.
Como no los conocían les levantaron cargos, les impusieron una fianza y
los encerraron en una celda, los seis juntos.
-He
peleado contra Caballeros Dorados, Caballeros de Bronce, Demonios de Hades,
desafié a un dios, soy un General Marino y dónde acabo... en una celda, como
un prisionero común. –dijo Kanon. Luego
se volvió a mirar a Milo, que estaba sentado en el suelo. - ¡Y todo por tu
culpa!- y se le lanzó con la intención de ahorcarlo con sus propias manos.
Pero Saga y Aioros lo sujetaron a tiempo.
-Sólo
necesito unos minutos y lo diseco- les dijo Kanon.
-Hermano,
por favor, no empeores las cosas- trató de calmarlo Saga.
-¡Dime cómo pueden estar peor!- se volvió furioso hacia su hermano.
En
ese momento entró un oficial y les abrió la celda.
-Oigan,
locos, pueden salir.
-¿Adónde
nos llevan?- preguntó Aioria, sin separarse de su hermano y ayudando a caminar
a Saga, que tenía fracturado el tobillo.
-Pueden
irse, les pagaron la fianza.
-¿Pero
quién lo hizo?. No hemos avisado a
nadie- dijo Milo.
Cuando
llegaron a la salida, vieron algo que por poco los mata del asombro:
Julián Solo estaba ahí, con Sorrento y Shura, esperándolos a todos.
-Sujétenme
que me voy a desmayar- dijo Kanon, que se puso muy pálido.
-Buenos
días señores- les dijo Julián, sonriendo.
Los
6 Caballeros Dorados sólo inclinaron la cabeza.
-Bueno,
ya que veo que estamos bien, podemos irnos.
-¿Tú
nos sacaste?- preguntó Aioria.
-Así
es.
-¿Pero
cómo te enteraste?- preguntó Kamus.
-Yo
venía pasando por el lugar- les dijo Shura sonriendo- cuando escuché el escándalo
de adentro. Al asomarme ví a Saga
que era lanzado sobre una mesa, y me supuse que estaban ahí y que no iban a
usar sus poderes. Estaba corriendo
para buscar a alguien y sacarlos de ahí, cuando vi a Poseidón y a Sorrento que
venían subiendo al Santuario, así que les conté lo que pasaba.
Pero cuando llegamos ya se los habían llevado a la estación.
-Así
que Poseidón les pagó la fianza y los sacó de ahí- dijo Sorrento.
-Correcto-
dijo Shura, y empezó a reír. No
era para menos: estaban golpeados, aruñados, despeinados, y Saga, Kanon, Milo y
Aioros tenían un ojo morado. Todos
se volvieron a ver y empezaron a reír. Luego
se calmaron y empezaron a caminar hacia el Santuario.
-Por
suerte no usamos nuestros cosmos, de lo contrario se hubieran enterado- dijo
Aioros.
-En
eso estás equivocado amigo mío- dijo Shura riendo.
-Eso...
quiere decir que...- trató de hablar Aioria.
-Correcto:
ya lo saben arriba. Afrodita estaba
conmigo y él subió a informarle al Patriarca y a Atena; por cierto: ya llegó
y adivinen qué: faltaban caballeros.
Todos
se volvieron a ver.
-Bien,
nos va a hacer polvo- dijo Milo, que ya se imaginaba la reacción del Patriarca.
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-¡Es
imposible! ¡Seis de los guerreros más poderosos del planeta envueltos en una
pelea de bar! ¡Y encerrados en una celda, con antecedentes criminales! ¡Y
sacados por nada menos que un dios!- dijo el Patriarca, mientras caminaba
furioso por el Salón del Trono. Atena
estaba sentada en el Trono, y miraba a sus caballeros sin decir una palabra;
Arless estaba de pie cerca de Atena con los brazos cruzados y los otros
caballeros estaban formados a ambos lados del salón, junto con los Generales
Marinos; Poseidón estaba sentado junto a Atena en otro trono y los miraba
tranquilo.
El
Patriarca se volvió hacia ellos y los miró de frente.
-¡Parece
que ustedes han olvidado lo que son! ¿O quieren que se los recuerde? ¡Son
caballeros Dorados, los más poderosos de todos, y sin embargo se comportan como
niños! ¡Quiero que me expliquen qué fue lo que pasó, porque parece que han
olvidado que no se puede entrar o salir del Santuario cuando a la gente le da la
gana! ¡Ahora me explican lo que pasó!
Milo
adelantó un paso.
-Fue
mi culpa, señor: yo induje a los otros a que vinieran al pueblo.
-Pero
te seguimos- dijo Kanon, y dio un paso al frente.
Los demás lo imitaron.
-Excelencia,
todos somos culpables- dijo Aioros, mientras se sostenía una bolsa de hielo en
el ojo golpeado- Milo no nos obligó a ir: lo seguimos por propia voluntad.
-Además,
los seis iniciamos la pelea- dijo Saga, que se apoyaba en Aioria.
El
Patriarca los miró en silencio.
-Bien,
no los puedo castigar como niños, pero que esto no se vuelva a repetir, y si me
entero de que vuelven a tener estas... escapadas nocturnas me voy a asegurar de
dejarlos encerrados hasta que la montaña se caiga, ¿entendido?
-Sí,
gran Patriarca- dijeron los seis, inclinaron la cabeza y salieron del lugar.
-Ahora
vayan al Sanatorio y que los atiendan.
Mientras
salían del salón escucharon al Patriarca hablarle (o gritarle) a los otros
caballeros.
-¡Y
espero que a ninguno de ustedes se le ocurra hacer una gracia como esa, o van a
saber lo que son problemas!
Finalmente
salieron del salón y se volvieron a ver.
-Bien,
salimos sanos y salvos.- dijo Milo.
-¿Sanos?.
Pasaremos encerrados y vigilados por el Patriarca, y todo por tu culpa.-
le dijo Kanon.
-¿Dónde
quedó tu solidaridad?- preguntó Milo.
-Se
quedó adentro, y tan pronto como mi brazo esté sano te voy a quitar esa tonta
sonrisa de tu cara.
-Kanon,
cálmate- le dijo Saga, mientras lo sujetaba. – Además, ¿vas a negar que no
te divertiste cuando lanzaron a Milo por los aires?.
Los
seis se volvieron a ver y empezaron a reír de nuevo, y así fueron al
Sanatorio, donde las sacerdotisas los atendieron muy bien (tanto que Milo
pensaba en quedarse ahí por el resto de su vida).
Cuando se recuperaron salieron del lugar (con la bendición de las
sacerdotisas) y se encontraron a Arless, que fue a verlos.
Al verlo se pusieron firmes.
-Vaya,
parece que están muy bien. –les dijo sonriendo.
-Sí
señor, la verdad necesitábamos unas vacaciones- le dijo Milo sonriendo.
-Eso
parece, y ya que están descansados y sanos, por favor síganme.
-¿Dónde
vamos?- preguntó Kamus.
-Mi
hermano los quiere ver- y empezó a caminar.
Los
seis se miraron y empezaron a
caminar detrás de Arless.
-Bien,
fue un placer haberlos conocido- dijo Aioria.
-Vamos,
no hay que ser tan pesimistas. ¿Qué es lo peor que nos puede pasar?- preguntó
Milo.
-Que
nos echen del Santuario por insubordinación, desacato de órdenes, provocar una
pelea con civiles... ¿quieres que siga?- dijo Saga.
-No,
entendimos el punto- dijo Kamus, indiferente a todo como siempre.
Llegaron
al salón del trono y vieron al Patriarca hablando con Atena y Poseidón.
-Bien,
los luchadores están aquí- les dijo Shion sonriendo.
Los
seis se volvieron a ver pero no dijeron nada, sólo se inclinaron.
-Bien,
ya que están bien, les debo decir que los cargos están retirados, pero como el
lugar quedó hecho pedazos hay que repararlo, y... ¿adivinen quiénes se
ofrecieron a hacerlo?
-¿Nosotros?-
preguntó Kanon.
-Correcto.
-Excelencias,
son muy amables, pero si vamos al pueblo sencillamente nos matan.- dijo Aioros.
-No
será así- dijo Poseidón- Sorrento les tocó una de sus canciones y Mu de
Aries les practicó una hipnosis, así que no recuerdan nada.
-Espero
que hagan una buena labor- les dijo Atena sonriendo.
-Descuida
Atena, dejaremos el lugar impecable- dijo Milo.
-Bien,
hagámoslo- dijo Saga muy decidido. –
Oye Milo, me llevaré la cámara de video tuya para filmarte mientras martillas.
-¡Tocas
mi cámara y te vuelo la cabeza!- le dijo Milo.
-Sí
claro, cómo no- le dijo Kanon, mientras caminaba con Aioria y Aioros a la
salida.
-¡Es
en serio Saga!
-Por
cierto Milo, Kamus- les dijo Saori. Los
dos hombres la volvieron a ver- gracias por haberlos ayudado.
Los
dos hombres sonrieron.
-Todo
fue idea de Kamus.
-Sí,
pero yo había pensado en algo menos... incómodo.
-¿Vas
a negar que no te divertiste?
Kamus
le dio un abrazo por los hombros a Milo.
-No,
pero la próxima vez... vayamos de excursión a Siberia.
![]()
Después
de un mes terminaron las reparaciones del pueblo, y habían hecho una labor
excelente. Los otros caballeros los
ayudaron e hicieron el lugar más grande y más seguro (pero no para caballeros,
decía Seiya). Cuando terminaron
las reparaciones Kanon se preparó para volver con Poseidón y Sorrento al
Templo Submarino.
-Bien,
estoy listo.- le dijo Kanon a Shura y a Aioria.
-Te
vamos a extrañar viejo amigo- le dijo Shura mientras le daba un abrazo.
-Descuida,
estaré en contacto, además se queda Saga.
¿Dónde está?. Me iré en
unos minutos y debo verlo.
-Salió
con Aioros a caminar desde la mañana y no ha vuelto. Dijo que no podía decirte adiós- le dijo Aioria con
tristeza. – Lo siento.
Kanon
sonrió con tristeza.
-Descuida,
ya lo sabía. Dile adiós por mí.
-Lo
haré, descuida.
En
ese momento llegaron Milo (con su cámara de video) y Seiya.
-Bien,
ahora una despedida - dijo Milo mientras los filmaba.
-Deja
esa cámara ya- le dijo Kanon molesto.
-Olvídalo,
es un momento perfecto.
-Bien,
ya me voy, espero que no destruyan nada más, y si lo hacen... me avisan.
-Cuenta
con eso viejo- le dijo Seiya mientras le daba la mano.
-Y...
– trató de hablar Kanon.
-Descuida,
lo cuidaremos- dijo Shaka, que había ido a verlo.
-Gracias.
-Cuando
llegues allá dile a los Generales Marinos que cuando quieran podemos ir a un
bar en Atenas, es muy agradable y no hay problema de que se inicie una pelea,
siempre pasan.- dijo Milo, sin dejar de filmar.
-Ni
siquiera lo pienses.- dijo Kanon.
-¿Por
qué no?. Los otros dijeron que
quieren salir con ustedes una de estas noches.- dijo Sorrento, que había ido a
acompañar a Kanon.
-Pues
van ustedes solos, no quiero saber para nada de salidas de grupo- dijo Kanon
sonriendo.
Los
hombres subieron caminando y hablando muy animados, excepto Kanon, que no dejaba
de ver los alrededores para ver si podía ver a su hermano. No hubo resultado. Finalmente
llegaron a la presencia del Patriarca, Arless y Atena, que estaban con Poseidón.
-¿Listo
General Dragón Marino?- le preguntó Julián sonriendo.
-Sí,
señor- dijo Kanon sonriendo con tristeza.
Julián lo notó enseguida.
-Si
necesitas más tiempo...
-No
te molestes señor, no es necesario.
-Bien,
entonces vamos.
-Kanon,
me dio mucho gusto verte de nuevo y tenerte aquí, y ya sabes que este es tu
hogar y que siempre vas a hacer un Caballero Dorado- le dijo Shion, dándole un
abrazo.
Los
ojos de Kanon se llenaron de lágrimas y abrazó con todas sus fuerzas a ese
hombre a quien había pensado en matar y que sin embargo lo trataba como siempre
lo había hecho.
-Gracias,
señor- dijo, secándose las lágrimas.
-Cuando
gustes, te llevaré al Tíbet, y descuida, no hay bares- dijo Arless sonriendo.
Ante
esto, Kanon se echó a reír.
-Gracias,
me va a gustar.
Luego
miró a Atena.
-Nunca
tuve la oportunidad de darte las gracias.
-No
es necesario, siempre vas a ser uno de mis caballeros- le dijo Saori sonriendo.
-Lo
sé.
-Kanon,
debemos irnos.- dijo Julián.
El
General Marino se inclinó y luego se volvió para seguir a su Emperador.
Pero antes miró a Kamus.
-Cuídalo
por mí.
-No
te preocupes, lo haré amigo mío.
Aún
no habían salido del salón cuando las puertas se abrieron de golpe y entró
Saga.
-¡No
te has ido!- dijo, al ver a su hermano.
-¿Dónde
te metiste? Te he busc...- pero
Kanon no pudo seguir; Saga se abalanzó sobre él, lo abrazó y comenzó a
llorar en su pecho.
-¡Perdóname!
¡Yo quería verte pero no tenía valor! ¡No
te vayas hermano!.
Kanon
empezó a sentir de nuevo sus ojos llenos de lágrimas y se abrazó a su
hermano, como si fuera un náufrago y Saga fuera lo único que lo pudiera
salvar.
-Sabes
que debo hacerlo, pero eso no implica que no nos veamos. Escucha- le dijo mientras le sostenía la cabeza y le secaba
las lágrimas de la cara- debes prometerme que serás fuerte y que te vas a
comportar con todo honor, y que si te llegas a sentir solo o triste no te lo vas
a guardar dentro. Aquí hay muchos
que te quieren, y siempre estaré en contacto contigo.
¿Entendido, hermano menor?
-¿Quién
dijo que eres el mayor?- le preguntó Saga sonriendo.
-Soy
mayor por 3 minutos.
-Estarás
orgulloso de mí.
Kanon
lo miró sonriendo.
-Siempre
lo he estado.
Luego
lo soltó, se miraron y Kanon siguió a Julián y a Sorrento. Saga lo miró irse hasta que desapareció de su vista.
-¿Sabes?.
Deberías pensar en estudiar drama.- dijo una voz a sus espaldas.
Saga
se volvió y vio a Milo con su cámara de video.
-¡Lo
grabaste todo!- dijo espantado.
-¡Por supuesto que sí!
-Dame
esa cinta Milo.
-Tendrás que matarme antes.
-Eso
lo puedo arreglar.- y se lanzó a correr detrás de Milo, que salió usando su
velocidad de la luz.
-Bueno,
al menos estamos seguros de algo.- dijo Arless.
-¿De
qué, hermano?- preguntó Shion.
-Todo
ha vuelto a la normalidad, Saga estará bien, y Milo se va a encargar de
cuidarlo.
En
ese momento Kamus salió caminando.
-¿Adónde
vas Maestro?- preguntó Hyoga.
-A
salvar la cámara de video de Milo.
-¿Vas
a ayudar a Milo?- preguntó Shyriu.
-Por
supuesto que no, lo que me interesa es la cámara de video.
Todos
se volvieron a ver y empezaron a reír. Sí,
todo estaba bien y ya sus vidas iban a ser normales.
FIN