por
Morgan D.
Card
Captor Sakura
y sus personajes pertenecen a CLAMP y a Kodansha.
Yo sólo
estoy aquí para enredar su historia.
Secuela
de “El Corazón
de un Guardián”
(deberías leer ese primero para entender este); la acción se ubica durante los
eventos del episodio 70 del anime y el volumen 12 del manga.
Toneladas de spoilers, shonen ai.
Glosario:
Kaijuu: monstruo
Oniichan: hermano mayor
Sontsu howanyun: pescado frito con legumbres (comida china)
Arigato gozaimasu: muchas gracias
Nota de la traductora:
Morgan D. es de Brasil y escribe principalmente en inglés. Si deseas leer el
original de este fic, "Wound of farewell" (y de paso ver un muy buen
sitio de fics de YuuYuu Hakusho), visita su página en http://www.anthylorrel.net/solitude/
. Y si deseas escribirle (en portugués, español o inglés) puedes
hacerlo a: morgan_d_@hotmail.com
~*~
Capítulo uno
Un recorrido con la Adorable Bestia Salvaje
No
importaba cuán lentamente había cocinado y comido, y cuántas veces había
hecho el nudo de la corbata azul de Seijyo frente al espejo, aún así Yukito
iba demasiado temprano. Consideró planchar su ropa hasta que fuera tiempo de
encontrarse con To-ya y Sakura-chan, pero... simplemente estaba ansioso por
verlos otra vez. Así que guió su bicicleta hasta su punto de reunión y se
quedó ahí, apoyado contra el tronco de un cerezo desnudo y contó mentalmente
los minutos hasta que ellos llegaron.
Para su
alegría y sorpresa, To-ya aparentemente se había caído de la cama él también
esa mañana.
-¡Hey,
Yuki! –el muchacho de cabello oscuro agitó su mano cuando entró al callejón,
probablemente despertando a parte del vecindario con su fuerte saludo.
-¡Buenos
días, To-ya!
To-ya
aparcó su bicicleta junto a la de Yukito, dedicándole la sonrisa más grande
que nadie jamás hubiera visto en su cara usualmente seria.
-¿Cómo
te sientes?
-Bien.
Llegas temprano.
Si fuera
posible, la sonrisa de To-ya se hizo todavía más amplia.
-También
tú.
Yukito se
descubrió a sí mismo sonrojándose sin una razón comprensible. Su amigo sólo
le había mostrado una sonrisa tan abierta como esa en ese extraño sueño...
justo antes de saltar a sus brazos... y...
Se quitó
los anteojos y los limpió nerviosamente con un pañuelo. Ese no era el tipo de
cosa que debería pensar en ese momento. Especialmente con To-ya apoyándose en
el manillar para mirarlo tan de cerca.
-Me acosté
realmente temprano anoche –murmuró Yukito-. Creo –al menos eso era lo que
había asumido, considerando que no tenía ningún recuerdo desde alrededor de
las cinco en punto de la tarde anterior.
-¿Y
dormiste bien?
Había
varias maneras de preguntar eso. Completa amabilidad y buena educación era la más
usual, aunque no para el taciturno To-ya. Otra manera era con preocupación y
consideración, como en esos días en los que Yukito había estado desmayándose
a cada rato y nunca dormía lo suficiente, pero, de nuevo, eso no era del estilo
de To-ya; él no necesitaba preguntar esas cosas, siempre sabía.
Pero era
la forma más inesperada de todas la forma en que To-ya acababa de hacerlo:
susurrando suave, gravemente, con sus labios a pocas pulgadas de la oreja de
Yukito, su cálido aliento lo suficientemente cerca como para hacerle
cosquillas, en un acariciante, cariñoso tono que sonaba ligeramente...
indecente.
Encontrar
el tono apropiado para contestar le costó a Yukito unas cuantas docenas de
neuronas fritas.
-Bien. ¿Y
tú?
¿Los
ojos de To-ya habían chispeado siempre en esa forma?
-No pude
dormir nada–siseó.
El
muchacho lucía tan... hambriento esa mañana. Yukito se preguntó vagamente si
habría comido suficiente al desayuno.
-Lamento
escuchar eso...
El
muchacho más alto deslizó un dedo por el flequillo de Yukito, apartándole el
cabello de los ojos.
-No te
preocupes, sólo quería despertarme esta mañana y preguntarme si todo lo que
pasó ayer fue real o sólo un delicioso sueño...
Yukito
sonrió y empujó hacia atrás sus lentes, sintiéndose más calmado finalmente.
-Sé lo
que quieres decir.
La mano
de To-ya bajó para acariciar la mejilla de su amigo.
-Qué
bien.
-Tenemos
que darle las gracias a Akizuki-san por eso.
La mano
se congeló. Ojos azules lo miraban de un modo extraño bajo cejas fruncidas.
-¿Agradecerle
a Akizuki? ¿Por qué?
-¡Por
las deliciosas bolas de arroz que nos dio, por supuesto! Apuesto a que las hizo
especialmente para ti –Yukito le guiñó un ojo.
Pero
To-ya tenía una expresión tan extraña en la cara... como si un enjambre de
zarzamoras voladoras acabara de cruzarse en su camino.
-Bolas de
arroz –dijo como un eco, fríamente.
Su voz
parecía haber volado lejos, junto con las zarzamoras. Yukito palmoteó su brazo
para llamar su atención.
-Sí. Tal
vez deberíamos invitarla a almorzar hoy. ¿Qué te parece?
To-ya miró
su brazo, donde lo había tocado, su buen humor evaporándose en un ceño
fruncido. Yuki hizo una nota mental para no tocarlo de nuevo.
Pero...
pero... ¡A To-ya nunca le había molestado eso antes!
-Yuki...
ayer...
-¿Sí?
El
muchacho de cabello oscuro apretó y soltó el manillar de la bicicleta
nerviosamente, apretando los dientes.
-¿Qué
es lo último que recuerdas?
Yukito se
estremeció un poco.
-Bueno...
trabajar en la florería, creo. Lo siento... ¿Me quedé dormido otra vez?
Ciertamente,
lo había hecho. Y To-ya parecía terriblemente disgustado por eso.
-No lo
creo...
-¿To-ya?
Su amigo
estaba más que disgustado. Lo probó al golpear el inocente manillar de la
bicicleta con un furioso puño.
-¡No lo
creo! ¡Me lo prometió!
Yukito
retrocedió, sorprendido por el repentino exabrupto. La actitud anterior de
To-ya había sido igual de enigmática, pero al menos había estado sonriente y
contento, y ahora...
-¿To-ya,
qué pasó? ¿Quién te prometió qué?
-Bueno,
eso no importa ya, ¿no es así? –su amigo lo miró directo a los ojos, su
barbilla endurecida con desprecio-. Porque la promesa no se mantuvo, ¿o sí?
De
repente, Yukito sintió un pozo de lava explotando dentro de él, su pulso
retumbando fuerte y rápido en sus oídos. No podía recordar haberse sentido
antes tan indignado o tan ofendido. Le devolvió a To-ya su mirada sarcástica y
escuchó su voz cayendo en un tono más bajo, siniestro.
-Tal vez
deberías verificar eso completamente antes de lanzar acusaciones, To-ya.
Las
palabras congelaron el aire entre los dos amigos con su tono glacial, amargo. La
calle explotó en un silencio intemporal, disturbado sólo por el susurro de las
hojas muertas, color de azafrán, que eran arrastradas por la brisa invernal.
Por un
momento la visión de Yukito se volvió borrosa, como si sus lentes de pronto se
hubieran vuelto demasiado débiles o demasiado fuertes para su miopía. Cuando
el mundo lentamente volvió a enfocarse a su alrededor, notó la alarmante
palidez del muchacho de cabello oscuro boquiabierto ante él.
-¿To-ya…
qué...?
-¡¿Ángel?!
–boqueó el otro.
¿Ángel?
¿To-ya estaba llamándolo... ángel?
Yuki
sacudió la cabeza, tratando de ordenar sus pensamientos. Eso era ridículo, por
supuesto. To-ya disfrutaba los apodos, pero era ahorrativo con los tratamientos
cariñosos. No los desperdiciaría (y ciertamente no uno tan dulce y afectivo
como “ángel”) con un amigo, ni aunque se tratara del más cercano de todos.
Especialmente cuando este amigo acababa de contestarle con brusquedad a...
...!!!
¡¿Le
había contestado con brusquedad a To-ya?! ¿Por qué?
Para
hacer las cosas todavía más interesantes, To-ya parecía igual de confundido
que como él se sentía.
-Lo
siento, To-ya –murmuró con sinceridad-. No sé qué...
-Está
bien –su amigo lo tranquilizó instantáneamente.
-Pero
yo…
Manos
fuertes cayeron sobre sus hombres, amigables y confortadoras.
-Está
bien, en serio. Soy yo el que tiene que disculparse.
-¿Tú?
Pero tú no...
Otra vez.
Esos penetrantes ojos azules mirando directo a los suyos, mirando dentro de él
tan profundamente, develando el centro mismo de su alma. Perturbadores, pero...
tan cálidos. Tan confortantes.
-Lo
siento, estaba sacando conclusiones demasiado rápido.
Yukito
sonrió, calmado y aliviado, su corazón recobrando su ritmo normalmente
tranquilo. Todo bien. Todo estaba completamente bien.
Excepto
que no tenía de qué estaba pasando.
-To-ya...
¿hablaste de una promesa?
La mirada
se suavizó un poco.
-Yuki...
-¿Pasó
algo ayer? En serio, no puedo recordar nada después de la florería –se rascó
la cabeza con un pensamiento repentino-. No recuerdo que me hayan pagado.
-No nos
pagaron. Nos despidieron por salir temprano y dejar la tienda abierta y sin
nadie que la vigilara.
Yukito se
quedó boquiabierto.
-¡¿Hicimos
eso?!
-Teníamos
que... ir a otro lugar.
-¿Dónde?
-El
Templo Tsukimine.
-¿El
Templo? ¿Por qué? ¿Qué pasó ahí?
To-ya se
sentó otra vez en la bicicleta y resopló.
-En esa
parte fue donde yo me quedé dormido.
Los ojos
de Yukito se agrandaron con consternación.
¿Ahora su amigo estaba teniendo ataques de sueño él también? ¿Era
contagioso?
Suspirando
profunda, aprehensivamente, To-ya lo miró con ojos sorpresivamente
avergonzados.
-Escucha,
Yuki... ayer... tú... quiero decir... Verás, yo... ahn...
-ONIIIIIIICHAAAN!!!!!!
To-ya se
las arregló heroicamente para no saltar a tres metros de altura ante el furioso
alarido. Yukito agitó una mano saludando a la jovencita que se deslizaba dando
vuelta a la esquina en unos nada precavidamente veloces patines. Incluso a dos
cuadras de distancia podía verse el humo saliendo de sus orejas.
-¿Dejaste
atrás otra vez a Sakura-chan, To-ya?
-Lo
intenté –gruñó el otro-. Quería hablarte en privado. Tú sabes.
Yukito
estaba preocupándose realmente. ¿Sabía? ¿Qué era lo que sabía? ¿Había
hecho una promesa a To-ya y simplemente se le había olvidado? ¿Y por qué la
privacidad? ¿Había algo mal con To-ya?
Sakura-chan
los alcanzó (con un escalofriante rechinido de las ruedas cuando frenó tan
abruptamente), antes de que pudiera preguntarle a su amigo acerca de eso.
-O...
nii... chan… -siseó ella, casi sin aire-. No me... *puff puff*
...esperas... *puff puff* ...te...
-No quería
interrumpir la comida de la Kaijuu –murmuró To-ya-. O quedarme a mirarlo. No
es una visión agradable.
Los
patines pueden matar. O por lo menos
romper algunos huesos. Después de años de que sus bromas fueran recompensadas
con fieras patadas, uno podría pensar que alguien tan inteligente como To-ya
habría aprendido esa lección...
Mientras
el muchacho de cabello oscuro se tragaba un grito de dolor, Yukito pretendió no
haber visto nada, como siempre.
-Buenos días,
Sakura.chan. Despertaste hoy llena de energía, ne?
La niña
lo miró y toda la furia se desvaneció de su linda cara... pero no fue
reemplazada por sus usuales sonrisa y sonrojo. Sakura-chan parecía muy nerviosa
esa mañana, preocupada y de alguna manera, avergonzada. Y, ahora que prestaba más
atención a sus irises esmeralda, tampoco parecía tener mucha energía.
-Yukito-san...
ayer... tú... quiero decir... Verás, yo... ahn...
Yukito
miró a To-ya, quien tosió y apartó la mirada, y luego de nuevo a la
tartamudeante niña. Este probablemente se volvería un día muy largo.
-Espero
que te sientas bien esta mañana –se las arregló para decir Sakura-chan luego
de unos cuantos intentos abortados más.
Él le
dedicó su abierta sonrisa. ¿Entonces, estaba preocupada por su salud?
-Me
siento muy bien. Dormí como un bebé, y mi apetito se ha normalizado. Cuatro
raciones de sontsu howanyun y seis porciones de arroz fueron suficientes para mi
desayuno, y estoy seguro de que mi estómago podrá aguantar ahora hasta el
almuerzo.
To-ya
tosió otra vez, ¿o eso había sido una risita? Sakura-chan parecía un poco
desconcertada además...
¿Había
dicho algo incorrecto?
-Me
alegro –dijo suavemente Sakura-chan, su pequeña boca apenas curvándose en
una sonrisa triste-. Porque... yo... –un suspiro de incomodidad-. Tú eres
muy... –un nudo en la garganta-. Muy importante –sonrojo-. Para mí.
El corazón
de Yukito se derritió. Se arrodilló frente a ella, sintiéndose, y no por
primera vez, la persona más afortunada de la Tierra.
-Tú eres
muy importante para mí también, Sakura-chan.
Ella
sonrió y respiró más libremente ahora, pero... Había un “pero” en alguna
parte. Casi podía ver una sombra de pena girando gravemente alrededor de su
pequeña figura. El hecho de que To-ya dejara pasar la oportunidad de burlarse
del encantador tartamudeo de su hermanita era una buena evidencia de eso.
Yukito no
quiso insistir, sin embargo. Así que sólo subió silenciosamente a su
bicicleta y los tres se pusieron en camino.
Hicieron
el recorrido en completo silencio. Yukito nunca antes había visto a Sakura-chan
prestar tanta atención a los hoyos en el asfalto. To-ya estaba nada más
manteniendo esa actitud reservada por la cual era famoso, pero aún así estaba
esa cosa misteriosa que había querido decirle en privado, la cual no había
dicho y que aparentemente no debería ser tan misteriosa, pero sí lo era...
Caray...
Bueno, no
tenía sentido preocuparse por eso. To-ya se lo diría después y todo se
aclararía. Si algo estaba preocupando a Yukito hasta dejarlo silencioso, era
algo más.
La hora
de decir adiós a esos placenteros viajes a la escuela estaba a punto de llegar.
¿Por qué
debía pasar el tiempo? ¿Por qué tenía que ir a la universidad? ¿Por qué el
campus y la escuela de Sakura-chan tenían que estar en lados opuestos de la
ciudad?
Al menos
él y To-ya podrían ir a la misma universidad. Ni siquiera podía concebir la
idea de separarse de To-ya. Pero no ya no tendrían más las mismas clases, así
que no tendrían muchas excusas para estudiar juntos. Así que ¿cuándo podría
Yukito ver de nuevo a Sakura-chan ahora? Una escena sombría se formó en su
mente: unos pocos años más adelante, el podría tropezar casualmente con una
chica en la calle, y ella sería tan alta como él, hermosa pero muy cambiada, y
el suspiraría por haberse perdido su crecimiento, y por haber perdido su cercanía.
No era
una posibilidad acerca de la cual quisiera pensar. Pero por alguna razón, la
idea de Sakura-chan creciendo y cambiando lo había angustiado esa mañana, como
una maligna serpiente viniendo directo desde el infierno para maldecirlo.
Oh,
cielos... ¿Tal vez estaba desarrollando un complejo fraterno él también?
Sakura-chan
parecía definitivamente incómoda cuando llegaron a la entrada de la escuela
primaria. Como si no quisiera entrar. La niña nunca había sido la más devota
de las estudiantes, pero siempre había estado ansiosa de reunirse con sus compañeros
y divertirse en la clase de gimnasia. Hoy miraba el plantel de la escuela con
tanta anticipación como podría haber sentido para entrar a una clínica
dental.
-¿Estarás
bien, Sakura-chan?
Ella
asintió categóricamente, en esa adorable manera suya, tratando de lucir alegre
y no preocuparlo.
-¡Seguro!
Que tengas un buen día, Yukito-san –se volvió hacia su hermano mayor-. Adiós,
Oniichan.
-¿Tienes
clase de cocina hoy? –preguntó To-ya.
-Sí.
-Entonces
presta atención. Por el bien de mi estómago. Te toca preparar hoy la cena.
Sakura
refunfuñó. Por un breve momento, los hermanos Kinomoto lograron volver a su
divertida rutina y Yukito se sintió aliviado. Ella se deslizó hacia la entrada
mientras los dos muchachos pedaleaban hacia la Secundaria Seijyo, y Yukito
encontró más fácil sonreír ahora.
-¡Yukito-san!
Giró la
cabeza apenas a tiempo para ver a la niña arrojando un pequeño objeto en su
dirección, y aplicó el freno para asegurarse de atraparlo. To-ya resopló.
Un dulce
relleno de turrón.
-Arigato
gozaimasu! –gritó él y agitó la mano. Ella agitó su mano en respuesta y
desapareció en la entrada.
Puso el
dulce en el bolsillo de su chaqueta y pedaleó más rápido para alcanzar a
To-ya, sonriendo de oreja a oreja.
-Tu
hermana es una niña realmente dulce –comentó.
-La
consientes demasiado –objetó el otro.
-¿To-ya?
-¿Hmm?
-¿Está
preocupada ella por mi salud? ¿Por qué fue todo eso?
-Quería
asegurarse de que no estás enojado con ella...
Yukito
casi se cayó de la bicicleta.
-¡¿QUÉ?!
¿Por qué podría estar enojado con ella?
-... y
asegurarse de que tú supieras que ella no está enojada contigo tampoco
–terminó To-ya, encogiéndose de hombros.
-Pero...
¿hice algo que la enojara? ¿Dije algo que hiriera sus sentimientos? –Yukito
estaba frenético. La había visto en la mañana anterior, también en su camino
hacia la escuela. Ella estaba cansada luego de una noche de insomnio y él hizo
lo mejor que pudo por alegrarla. ¿Tal vez uno de sus esfuerzos había sido
demasiado torpe y él no lo había notado...?
-No
exactamente tú, Yuki –dijo Touya simplemente.
¿No
exactamente…?
Yukito
deseó patearse a sí mismo. ¡Por supuesto! ¡No había sido él mismo el día
anterior! Eso era lo que significaban los ataques de sueño.
Bueno,
para él al menos. Pero To-ya había dicho antes que él también había caído
dormido en algún momento... ¿También To-ya tenía otro yo?
-¿Mi
otro yo y Sakura tuvieron una pelea? –el corazón de Yukito estaba
dolorosamente oprimido. No sabía nada acerca de cómo se volvía cuando se
quedaba dormido. ¿Era un desagradable matón, suficientemente atroz como para
herir los sentimientos de Sakura-chan?
-Él
estaba molesto por... cosas –dijo su amigo, diplomáticamente-. Y no pudo
aclararle a Sakura que no estaba molesto con ella.
¿Entonces
había sido una honesta confusión? Eso esperaba Yukito.
-¿Piensas
que debería pedirle perdón a Sakura-chan?
Eso trajo
una divertida media sonrisa a la cara de To-ya.
-Nah. Ese
peluche amarillo tuvo suficiente diversión anoche...
-¡¿Huh?!
Habían
llegado a la entrada de Seijyo y detuvieron sus bicicletas.
-Olvídalo.
No te preocupes por eso, Yuki.
-Pero
ella parece algo afligida esta mañana...
-No es
por ti.
-¿No?
-No.
Yukito
estudió el sombrío comportamiento del muchacho más alto y sumó dos más dos.
-Es por
el chico de Hong Kong, entonces.
Fue
entonces cuando comprendió que tener un complejo fraterno no significaba el
temor de no ver a Sakura-chan otra vez. Un complejo fraterno significa volverse
un rugiente animal salvaje siempre que cierto chico fuera mencionado cerca de él.
-¡Ese...
miserable... GAKI! ¡¡¡¡Tomó ventaja
mientras yo estaba dormido… se atrevió a... Aaaaarrrgggh!!!!!
To-ya se
veía realmente adorable así. Peligroso, pero adorable.
-¿Le dio
a ella un osito de peluche?
El animal
salvaje dejó de rugir por un aturdido segundo.
-¿Un
osito?
-Como el
que ella me dio a mí... pero negro. ¿No? –el otro sacudió la cabeza-. Oh,
bueno. Esperaba que lo hubiera hecho.
-¿Qué
quisiste decir con esperaba?
Yukito
haría bien en recordar el lado peligroso de la adorable bestia frente a él, o
podría perder un brazo entre sus afilados dientes...
-No lo sé,
To-ya. Sólo creo... que tal vez estás sobrerreaccionando un poco.
-No estoy
sobrerreaccionando. ¡Ese gaki es problemas! ¡Serios problemas!
Traducción...
-Quieres
decir que le gusta a Sakura-chan.
-Le dije
a ella quién está permitido que le guste y quién no –replicó To-ya
tercamente-. Y él no me gusta, así que a ella tampoco.
Yukito
estaba riéndose.
-Me
alegra que yo te guste, entonces.
La bestia
desapareció de repente, reemplazada por un triste, preocupado muchacho.
–Yuki...
¿tú realmente no recuerdas? ¿Nada de nada? ¿Ni siquiera cuando nosotros...?
-¡¡¡TOUYA-KUUUUUUN!!!
-¡Aaaa-ckk!
Yukito no
estaba seguro de si To-ya había tratado de decir el nombre de Akizuki-san a
modo de saludo, o sólo quería gritar. Resultó imposible decirlo cuando ella
aterrizó en su espalda y le dio otro de sus muy entusiásticos y amables
abrazos.
-¡Touya-kun,
estoy tan feliz de verte de nuevo! –canturreó ella
alegremente-. Quiero decir, te vi ayer... ¡¿pero cómo pudiste?!
¡Dormiste durante todo el rato! Y yo había esperado tanto para mostrarte mi
traje de combate... Te gustan las mariposas, ¿no es así, Touya-kun?
Dormido
durante… ¿Akizuki-san los había encontrado a él y a To-ya cuando los dos
estaban dormidos? ¿Se había dormido ella
también? Tal vez había una gran fiesta de sonambulismo la tarde
anterior...
-Buenos días,
Akizuki-san –Yukito la saludó cordialmente, ignorando la mirada desesperada
de su amigo-. Quería darte las gracias otra vez por esas bolas de arroz, ayer.
Estaban positivamente deliciosas.
-Agradécele
a Eriol –dijo ella con una risita tonta-. No podría cocinar ni aunque mi vida
dependiera de ello. ¿Cómo has estado, Tsukishiro-kun?
-Muy
bien, gracias –Eriol... ¿ese amigo de Sakura-chan? ¿Él y Akizuki-san se
conocían? ¿Y no había presumido ella el día anterior sobre ser la mejor de
todas las cocineras?
-¿Te
cortaste el cabello? Luce un poco más corto.
Yukito se
pasó una mano por el cabello, perplejo. Estaba más largo que nunca, pero había
sentido que era más corto cuando despertó. Y... la forma en que la
chica estaba mirándolo... como si hubiera lanzado una burla hacia él y
estuviera esperando que él lo notara...
No, eso
era absurdo. Akizuki-san era tan agradable y amistosa...
...ne?
-Bueno,
no importa –ella se encogió de hombros-. Deberías trabajar en una remodelación
completa, ¿sabes? La única forma en que los viejos modelos puedan competir con
los nuevos es mejorando el diseño, usando los colores de la década,
consiguiendo nuevo maquillaje, un nuevo corte de pelo... ¿has considerado un
tinte? ¡Plateado es tan de hace dos siglos! Ya nadie está por el plan de
austeridad. Y nada es más aburrido que blanco y azul. Eso no brilla, no grita,
no dice nada. Blanco es para muros muertos, mi amigo. Énfasis en “muertos”.
Si quieres lucir vivo, tienes que correr por ello, ponerle dedicación. Por
supuesto, nada puede impedir que los viejos motores se oxiden, lerdeen y
debiliten, pero a veces si luces suficientemente impresionante no se te pide que
pruebes tus habilidades. A veces.
Yukito sólo
pudo quedarse mirándola asombrado, incapaz de deducir de qué estaba hablando.
¿Blanco y azul? Rara vez se vestía así, si lo hacía. Los uniformes de
Seijyo, por supuesto, pero él no tenía elección, y Akizuki tenía usar lo
mismo... aún si no llevaba ahora ningún uniforme, por alguna razón... pero...
... ¿y
qué había querido decir con eso de motores viejos? ¡Él acababa de cumplir 18
años!
Akizuki-san
era una chica peculiar, y con frecuencia le decía cosas que él no entendía.
Tal vez había que esperar eso ya que ella era extranjera. Pero eso no
importaba. Siempre estaba por ahí, preguntándole por su salud y disposición,
chequeándolo en una forma o en otra... También era siempre lo suficientemente
amable como para reemplazarlo cuando sus ataques de sueño le impedían mantener
sus promesas de ayudar al equipo de soccer o al de básquetbol, excepto en
juegos oficiales, cuando los equipos debían ser necesariamente masculinos o
femeninos. Oh, y ella había gritado mucho por eso, diciendo que el género no
era una cuestión importante con ella. Bueno, desafortunadamente sí lo era para
los jueces...
Y él podía
simpatizar también con su ansiedad por estar cerca de To-ya. ¿No le había
dicho To-ya mismo que Yukito y Akizuki-san tenían mucho en común? Yukito
estaba seguro de eso, lo sentía en los huesos, y disfrutaba la alegre compañía
de la chica. Por otro lado...
Por otro
lado, se sentía ligeramente molesto por su charla esta mañana. Por qué, no
podría decirlo.
Trató de
pensar en una forma amable pero vaga para cortarla, pero algo mucho más urgente
llamó su atención.
-Ahn... ¿Akizuki-san?
Me temo que To-ya se está poniendo
azul...
La chica
parpadeó miró la cara que estaba al final del cuello del que ella estaba
colgando. Estaba más que azul, estaba completamente púrpura, con los ojos a
punto de saltar de sus órbitas.
-Eeps...
Se soltó
de él, con las manos jugueteando con su trenza, mirando sumisamente al muchacho
que tosía y trastabillaba hacia adelante, sujetando los brazos de Yukito para
apoyarse.
-Aki... *cough cough*... zuki..
*cough*
...¿estás... tratando... *cough cough cough* ... de matarme?
-¡¡¡Touya-kun!!!
–chilló ella-. ¿Cómo puedes decir algo así? Después de todo lo que hemos
pasado juntos...
To-ya la
miró como si ella se hubiera transformado también en una zarzamora voladora.
-No te
preocupes, Akizuki-san –la tranquilizó Yukito-. To-ya sólo está bromeando,
ne?
A juzgar
por la mirada pasmada que le lanzó el muchacho más alto, To-ya estaba viendo
enjambres de zarzamoras voladoras por todas partes.
La chica
sonrió dulcemente y se apoyó contra el pecho de To-ya.
-Lo sé...
Touya-kun es un adorable bromista...
Un
bromista... Bueno, esa no era la forma en que Yukito describiría
a su mejor amigo... bueno, tal vez cerca de Sakura-chan era un poco bromista,
pero... era algo tan privado, tan íntimo, una faceta que reservaba sólo para
su familia y...
Se sonrojó.
To-ya era un tanto bromista con él también. Sólo un poco, usualmente cuando
no había nadie más a la vista. ¿Akizuki-san finalmente se las había
arreglado para acercarse a él lo suficiente como para...? Estaba abrazando a
To-ya tan tiernamente... y él no estaba luchando realmente contra su abrazo, sólo
se quedaba ahí, mirando las nubes y murmurando algo ininteligible. Tal vez...
¿Qué
tal si ella conocía a To-ya mejor que él?
-¿Cómo
te sientes esta mañana, Touya-kun? –preguntó la chica encantadoramente-. Fue
tan injusto que te perdieras toda la diversión ayer... deberías habernos visto
a mí y al Sr. Aburrición Plateada cara a cara... Apuesto a que habrías
cambiado de opinión acerca de...
-No lo
haré. Jamás.
Duro,
directo, definitivo. Lo que fuera que estuvieran discutiendo, To-ya no admitía
pensamientos posteriores al respecto.
Akizuki-san
todavía parecía algo escéptica, sin embargo.
-Eriol
una vez se sintió como tú ahora, ¿sabes? E incluso él recuperó la cordura
eventualmente.
-Bien por
él. pero yo no soy él.
-Sí,
pero...
Mientras
Akizuki-san proseguía con su oscura discusión, Yukito empezó a sentirse
realmente fuera de lugar. Había pasado mucho tiempo en compañía de los
Kinomoto, y siempre sabía de qué estaban hablando. Bueno, excepto por ese
incidente con Daidouji Sonomi y Fujitaka-san, pero incluso entonces Touya se
apresuró a explicarle todo la historia tan pronto como fue posible, aún tratándose
de un tópico delicado en la familia. Y ahora, sin embargo...
-Ahn...
creo que debería entrar –anunció-. Las clases empezarán en un minuto...
y...
... y no
podía ir a ninguna parte. No con To-ya sujetando su muñeca como si su vida
dependiera de ello.
-Espera.
Yukito
tragó saliva.
-No
quiero entrometerme...
El
muchacho de cabello oscuro apretó los labios.
-No eres
un intruso. Y no voy a soportar más esto. Tú y yo vamos a entrar juntos
–se volvió hacia la chica con una sonrisa sin humor, agitando un dedo hacia
el elegante traje escarlata con corbata amarilla que llevaba puesto-. Y supongo
que tú te quedarás afuera, dado que no llevas tu uniforme. Así
pues... que tengas un buen día, Akizuki –con eso, tiró de su amigo más bajo
hacia la entrada.
Pero
Yukito no se movió.
-¿No vas
a entrar? ¡Eso es malo! To-ya y yo íbamos a invitarte a almorzar hoy...
¿Se había
convertido él también en una zarzamora voladora? To-ya ciertamente le estaba
mirando de un modo raro... que se volvió una mueca atragantada cuando
Akizuki-san se le lanzó a los brazos otra vez.
-¿Lo
ibas a hacer? ¡Touya-kun, eres tan dulce!
Dulce, sí,
esa era una palabra que Yukito podría usar fácilmente para
describir a To-ya...
Bueno,
tal vez no ahora.
-¡¡¡¡Yo
NO voy a llevarte a almorzar!!!! ¡¡¡¡Nunca dije que lo haría!!!! ¡¡¡Y tú
acabas de admitir que no hiciste las bolas de arroz!!! ¡¡¡Así que Yuki y yo
no te debemos nada!!! ¡¡¡Ahora, suéltame!!!
Ella lo
hizo. Eventualmente.
-Realmente
quisiera poder ir –suspiró ella-. ¡Pero tengo mucho que empacar!
-¿Empacar?
–los dos muchachos parpadearon.
-Sí. Sólo
vine a despedirme, ¿saben? Regreso a casa mañana.
-¿A
casa? –To-ya se quedó con la boca abierta-. ¿De regreso a Inglaterra?
-Sip.
Yukito de
repente se sintió insensible y vacío. Apático. Pero muy dentro de él, aún
pudo sentir algo cálido y esperanzado resquebrajarse silenciosamente en un millón
de pedazos.
~*~
4 de
marzo, 2002
Notas
de la autora:
- La
explicación para el insomnio de Sakura está en el episodio 68. primero tuvo
que ir a su escuela en mitad de la noche para derrotar un ejército de muñecos
de nieve enviado por Eriol. Y cuando finalmente llegó a casa, estaba demasiado
preocupada por lo que sus dos Guardianes habían dicho acerca de Clow Read como
para dormir.
-
Durante la breve lucha entre Yue y Ruby Moon en el episodio 69, ella consiguió
cortar unas cuantas hebras del cabello de él.
Capítulo dos, próximamente