FLOR DE ESPERANZA

por Lady Nike Olimpo

 

La cruz de madera ya estaba desgastada. Muy desgastada. Y no es que fuera muy vieja, sino que había sido muy maltratada por el ambiente hostil. La rodeaban sólo el suelo árido de tierra rojiza. Rocas negras y rojizas. No había una hermosa placa dorada con el nombre y la fecha de muerte grabados. No había ninguna bella escultura de ángeles de mármol. No había un amoroso epitafio grabado con letras doradas. Sólo la tierra, una cruz de madera maltrecha y, a lo lejos... el mar. Una tumba sencilla.

Pero eso, a él no le importaba.

Miró la pequeña flor que sostenía en su mano. Despedía una fragancia fresca y sutil. Era blanca, frágil, hermosa. Pero sobretodo, esa flor era única. Y era única porque había logrado florecer en esa tierra árida, de fuego y sangre.

Por eso la colocó a los pies de la cruz. Porque la flor era como ella. Única.

 

La sangre caliente corría por su rostro, brotando desde su frente. Las lágrimas de un niño dejaron de correr para dar paso a las lágrimas de un hombre. Porque ese día, ese día en que perdió la última gota de inocencia que le quedaba, ese día en que derramó lágrimas y sangre; el niño que había sido, murió junto con ella.

Sumido en la más profunda oscuridad, sintiendo el dolor recorriendo cada milímetro de su cuerpo, mientras pensaba en la dulce mirada de su hermano, de repente sintió el cálido toque de una mano. Por un momento creyó ver a su hermanito. Pero hizo un esfuerzo por aclarar sus ojos. Entonces la vio. Fue la primera vez que la vio.

El corazón le latía desesperadamente dentro de su joven pecho al dejarse llevar por esa mano pequeña. Él iba corriendo tras ella, hipnotizado con el baile del rubio cabello de ella al compás de su traviesa carrera. Y descubrieron un campo de flores. Y ese día, supo que siempre, aún en medio del dolor y la muerte, hay una esperanza.

 

Se puso de rodillas frente a la cruz, las lágrimas cayeron sobre el suelo caliente, junto a la flor que había colocado sobre la tumba.

 

La sangre y el dolor lo cegaron por un momento. Cayó pesadamente sobre su espalda, amortiguado apenas por las flores que ahí abundaban. Había esquivado el ataque.

Entonces la escuchó. Un grito agudo... un grito de muerte.

Abrió los ojos y vio cientos de pétalos cayendo lentamente a su alrededor... y ella también caía, como si fuera un pétalo arrancado de la flor de la vida, lentamente caía.

Ella era blanca, frágil, hermosa... la tenía en sus brazos. Y aún así ella se fue.

Se escuchó otro grito con el nombre de ella... un grito de dolor, un grito de odio.

El grito del Ave de Fuego que acababa de despertar...

 

Miró la flor sobre la tumba. Era increíble que hubiera crecido en esa tierra infernal. Era increíble que ella hubiera crecido en ese infierno. Ella le dijo una vez que el mundo no era sólo dolor, llanto y odio.

Ahora se daba cuenta.

El Ave Inmortal había despertado dentro de él, no gracias al odio, sino al Amor....

El amor a una flor pequeña, blanca, frágil y hermosa crecida en medio del infierno.

Ella le enseñó un campo de flores. Ella le enseñó que siempre hay una esperanza.

El Ave Fénix despertó... por amor a la Esperanza.